Sala Nezahualcóyotl, un recinto único para las artes

Por Daniel Lara.

La Universidad Nacional Autónoma de México, como aquellos cofres recónditos a los que muy pocos tenían acceso,  contiene dentro de sus inmediaciones un verdadero jardín cultural. Un abanico multidiverso de disciplinas, arenas, edificios, pinturas y esculturas que conforman un ambiente digno de ser descrito por los que se hacen llamar amantes de las letras.

 

Desde los eternos murales de aquél aclamado guanajuatense, hasta los planos del Museo de Arte Contemporáneo, el mapa de la denominada Ciudad Universitaria se extiende a todo lo largo de la expresión de conocimiento y cultura.

 

Y claro, dentro del concepto de “arte”, sería pecar de simplista si no incluyera una de las más antiguas y máximas expresiones del  mismo. Esa que nos construye, destruye, nos tira y nos levanta: la música.

 

En este rubro nuestra sede se encuentra en la médula del Centro Cultural Universitario, la Sala Netzahualcóyotl.

 

Una formidable edificación que representa uno de los principales bastiones de la música clásica en México.  La Sala, bautizada por el poeta Rubén Bonifaz Nuño en honor a aquél famoso y erudito tlatoani, se inauguró un 30 de diciembre del año 1976 bajo la tutela del Doctor Guillermo Soberón, el entonces rector de la Universidad Nacional. Cabe señalar que el recinto fue la primera construcción que se realizado en el Centro Cultural.

 

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Es importante hacer mención de toda la zona topográfica del Centro Cultural. Amanda Díaz, una de las administradoras de la Sala comentó que el terreno irregular del sitio jugó un papel fundamental en el diseño arquitectónico de las construcciones.

 

“Como todos sabemos, CU se encuentra en una zona en la que se presenta un recubrimiento de roca volcánica a todo lo largo del terreno, debido a esto se optó por construcciones más solidas y quizás un tanto menos estéticas”, señaló.

 

El proyecto fue concebido por el arquitecto mexicano de origen catalán, Arcadi Artís, así como por el ingeniero acústico estadounidense, Christopher Jaffe.

 

Jaffe hablaba de que la acústica “no tiene palabra de honor”, haciendo referencia a lo frágil que resulta ser. Es decir, que es bastante sencillo romperla con cualquier movimiento o alteración. Por esto es que cada que la sala se ha sometido a procesos de remodelación se cuenta siempre con la presencia de múltiples ingenieros acústicos que avalen que la calidad auditiva continúa intacta.

 

En la remodelación que se realizó en el 2011 se llamó a los expertos en acústica del Centro de Ciencias Aplicadas y Desarrollo Tecnológico (CCADET).

 

“Se consideró cuidadosamente la preservación de la calidad acústica del recinto. Los principales elementos que determinan la calidad de una buena sala de conciertos son la forma y las dimensiones arquitectónicas, que son inherentes a la sala y que por supuesto no cambian durante un proceso de mantenimiento”, expresó el doctor Felipe Orduña, cabeza del proyecto.

 

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Arcadi Artís enfatizó siempre que el diseño y las dimensiones geométricas del inmueble obedecían directamente a la comprensión total del fenómeno musical.

 

El esbozo, apodado “fachada en bruto”, por la simpleza de la cubierta, cuenta con cinco plantas sobrepuestas en forma de herradura, un diseño que toma su inspiración en la Sala de conciertos de Berlín. Ambas construcciones rompen con el esquema tradicional de repartición rectangular y proponen  una repartición a manera de abanico de todas las butacas del espacio. Esta proposición supone un acercamiento más íntimo con la orquesta en turno,  así como una difusión auditiva más nítida.

 

“Diversos arquitectos y geólogos del país se han referido a esta zona como un capricho geológico, por lo tanto, el trabajo de diseño de la sala es bastante destacable”, apuntó Amanda Díaz.

 

Artís siempre se hizo de declaraciones polémicas en cuanto a la distribución de las localidades. Él argumentaba que su idea primigenia era la de crear un espacio en el que imperara la igualdad y que los matices de las butacas, es decir las plazas VIP o los palcos, fueron algo que le fue impuesto.

 

Por supuesto que esta concepción resulta ser bastante utópica, lo que le generó un sinfín de críticas por parte del gremio arquitectónico, diciendo que “Artís, como arquitecto, debería de dejar de buscar el centro de atención por cosas en las que ni él mismo creía.”

 

En este mismo tenor, el arquitecto señaló que la sala Netzahualcóyotl, en contraposición a un lugar como Bellas Artes, proponía una manera distinta de presenciar los espectáculos.

 

Por un lado estaba la cuestión de que la sala, en primera instancia, no debía de ser conceptualizada como un recinto meramente formal (dado el ambiente universitario que la rodea).

 

Además subrayó que en cuanto al diseño de ambos templos musicales (Sala Netzahualcóyotl y Bellas Artes) se tenía como vencedora a la sala debido a que su ergonomía y caricias auditivas eran  superiores.

 

“Lo que pasa es que cuando uno entra a la sala se puede dar cuenta inmediatamente que todo lo que ocurre es 100 por ciento perceptible desde la ubicación en la que uno se encuentre. En otros espacios, en los asientos superiores, hay siempre una sensación de vértigo”, enfatizó Amanda Díaz.

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La ubicación de la Sala no se decidió de manera fortuita. La intención que tenía Rectoría era la de ocupar estos espacios aislados del campus escolar principal para levantar una réplica de lo que en las ciudades europeas se conoce como “plazas culturales”.

 

El hecho de que esta zona se encuentre alejada del trajín constante del campus, permite una comunión más adecuada con el trabajo musical que ahí se realiza.

El diseño del complejo, junto con el resto de los recintos del Centro Cultural, pretende ofrecer una simbiosis entre arquitectura y naturaleza. A este concepto se le conoce como diseño naturalista y humanista.

 

Las soleras y las entradas lumínicas dentro de la Sala crean un ambiente escultórico, en el que el juego de luces significa un ingrediente casi tan importante como las exquisitas sinfonías que se presentan ahí.

 

El proyecto fue pensado primordialmente para servir de sede definitiva de la Orquesta Filarmónica de la Universidad Nacional, que en ese entonces aún recibía el nombre de Orquesta Sinfónica.

 

Es preciso aclarar que antes de la inauguración de la Sala Netzahualcóyotl la OFUNAM no contaba con un espacio propio, de ahí que diferentes periodistas se refirieran al caso como la agrupación y los avatares.

 

El conjunto musical realizaba sus ensayos y posteriores presentaciones en diferentes escenarios, desde los auditorios Justo Sierra, ubicado en la Facultad de Filosofía y Letras; el Raoul Fournier, de la Facultad de Medicina, hasta el Teatro Carlo Lazo, situado en la Facultad de Arquitectura. Incluso era común verlos ensayando al aire libre, a un lado de la Torre de Rectoría.

 

Desde hace tiempo la sala es la sede oficial de la Orquesta Filarmónica de la UNAM. Es preciso mencionar que el grupo hace uso de las instalaciones casi de manera diaria. Sus ensayos son de martes a viernes. Además, cada agrupación debe por lo menos realizar un ensayo dentro de la sala antes de presentar su trabajo ante el público. De este modo nos podemos dar una idea aproximada del constante uso al que es sometido el lugar.

 

Muchos de los conciertos son transmitidos por Radio UNAM y a través de cadenas radiofónicas provenientes de diferentes universidades del país y de Latinoamérica. La mayoría de estas transmisiones son organizadas por grupos de colaboración que se encargan de la difusión cultural.

 

De igual forma, el recinto ha sido anfitrión de la Sinfónica Nacional, la Sinfónica de Xalapa y la Sinfónica del Estado de México.

 

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El actual rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Enrique Graue, ha expresado en diversas ocasiones la importancia que la sala tiene para el prestigio universitario, por lo que ha enfatizado que las exigencias para las presentaciones en el famoso auditorio deben ir incrementando.

 

“No nos podemos dar el lujo de sentarnos en nuestra zona de confort. Debemos siempre ir en busca de nuevos retos, cada vez más complejos y satisfactorios”, comentó.

 

En su conjunto, la Sala Netzahualcóyotl es uno de los principales espacios culturales no sólo de México, sino de América Latina.

 

Su relevancia ha sido reconocida por diversos directores y arquitectos a lo largo del globo, catalogándola como uno de los mejores recintos musicales del mundo. Una verdadera joya dentro del inmenso árbol artístico que nos ofrece el Centro Cultural de la Universidad Nacional.

 

 

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