Rubén Montedónico, el antifascista global

Por Sebastián La Mont

24 abril de 2016.-El tránsito en la Ciudad de México es un infierno, pero también lo es el clima. Son alrededor de las 2 de la tarde y estoy atorado entre coches, en una pecera vieja y destartalada con un calor que uno no se explica estando en invierno. Sin embargo el viaje valdrá la pena, estoy a punto de entrevistar a un hombre sumamente interesante.

Lo conocí en La Jornada. Nos caímos bien cuando los dos citamos a Durruti. “Al fascista no se le discute se le combate”. Ambos estábamos de acuerdo con esta frase y a partir de ahí empezamos a hablar de distintas cosas. Desde la noticia que confirmó que Hitler sólo contaba con un testículo, hasta los textos de Daniel Guerín y su apreciación anarquista. Cuando no estábamos trabajando, nos poníamos a platicar. Tengo la impresión de que a él le gustaba tanto contar sus historias como a mí escucharlas.

Abandonó Uruguay hace décadas, sin embargo todavía no pierde el acento.

“Yo viví en una comuna mutualista en mi país. Nos dedicábamos a la prensa contra el gobierno que formalizó el golpe de Estado en el 73. Ahí nadie tenía pantalones, todos se lavaban por igual, y el que te quedara era el que te ponías. También era así con la comida, se preparaba lo mismo para todos, aunque si eras más grande pues te tocaba más.”

Hoy en día vive tranquilo en Coyoacán. Recientemente se convirtió en abuelo, pero todavía se dedica al periodismo. Tiene una trayectoria bastante amplia en el mismo. Solamente en nuestro país ha laborado en La Jornada, Novedades y Aldea Global de México.

Está retirado del medio en donde nos conocimos. Solamente trabaja ahí cuando falta gente, generalmente en vacaciones. Antes de salir exiliado de Uruguay trabajó en “Radio Sarandí”, para el cual hace comentarios hoy en día que ya no hay dictadura. También escribe, se puede encontrar su opinión de manera constante en el Seminario Voces de su antigua patria.

Sus años de guerrillero quedaron atrás. “Llegué a portar varias armas, pero lo que más me gustaba eran mis escopetas recortadas”. Fue torturado en “La Libertad” –cárcel que se llamaba así por el pueblo que quedaba al lado– antes de pedir asilo político a México.

No pasó mucho tiempo antes de que los sandinistas lo contactaran y se fuera para Nicaragua a trabajar en el proceso electoral que perdieron los revolucionarios en ese entonces.

Cuando le pregunté si se había asociado con los movimientos en contra del gobierno mexicano, como la Liga Comunista 23 de Septiembre, o el Partido de los Pobres de Lucio Cabañas, se limitó a contestarme: “Gitano en casa ajena no roba”. No hacía falta decir más al respecto.

Estuvimos platicando unas seis horas antes de despedirme de Rubén, quién muy afectuosamente me recibió en su casa. Afortunadamente el tiempo y el mar de automóviles que suelen inundar División del Norte me dieron tregua en el regreso para reflexionar en lo interesante pero difícil que ha de ver sido pelear contra las dictaduras latinoamericanas de la época.

Pareciera que ya no necesitamos más gente como el señor Montedónico, pero la verdad creo que hacen más falta que nunca. El hombre que peleó tanto en las trincheras de la guerrilla como las de la prensa, resultó ser no sólo un gran orador, sino también una fuente de inspiración.

Related posts