Por Víctor Manuel Del Real Muñoz
Uno de los factores más importantes a definir de cara al futuro mexicano será el reordenamiento geopolítico de nuestro país para con Estados Unidos, ya que no solo la falacia electoral y/o simulación electoral venidera del 2 de junio traerá por consecuencia ajustes al itinerario nacional, sino la futura contienda electoral estadounidense, factor que luce más decisivo para México que las propias elecciones o farsa de elecciones que llevará a cabo nuestro país en próximos días.
En Estados Unidos Donald Trump luce fuerte y con base social que le respalda, además del patrocinio y respaldo económico de grupos poderosos y dominantes a escala global que lo apoyan. No por nada, la acción judicial a la cual el expresidente y magnate se enfrenta en estos días es de llamar la atención.
Es menester recordar que el Poder Judicial en los Estados Unidos está muy vinculado al Partido Demócrata y el Partido Demócrata, a su vez, está muy vinculado con grupos económicos dominantes que impulsan los valores, la cultura y la filosofía de la globalización financiera y del hermanamiento de los mercados a nivel global en el mundo, volviendo también globales los criterios de explotación del obrero y trayendo como consecuencia una uniformización de los criterios económicos y culturales del mundo, y el desarrollo de narrativas que intentan uniformizar los patrones sociales, ambientales y culturales de todos los países.
Situaciones como la anteriormente descrita en el párrafo anterior la suscriben programas de gobierno de corte neoliberal, o bien, de corte progresista socialdemócrata, estos últimos muy parecidos al de la naturaleza funcional del gobierno actual de la cuarta transformación en México y, particularmente, parecido también a la esencia de la candidata que luce más firme de cara a la contienda electoral del 2024 en México, de nombre Claudia Sheinbaum.
Estos gobiernos y estos perfiles además lucen hacia el electorado una falsa bandera de combate y de disidencia antisistema en el discurso y una falsa pertenencia hacia la izquierda, pero en lo funcional de su programa de gobierno defienden también intereses económicos dominantes a escala planetaria y mantienen una lógica de patrones liberales y hegemónicos de hacer política y, por ende, de defensa oculta y latente del sistema económico dominante.
Es preciso señalar que desde este espacio se condena la existencia del sistema económico que domina la humanidad entera llamado capitalismo y que por ningún motivo el emerger de nuevos grupos y personalidades de corte nacionalista económico con una esencia de soberanía y de intervención se asumen como la panacea.
Simplemente se destaca que estas nuevas inercias que, a partir del 2016, con el primer mandato de Donald Trump en Estados Unidos, y que fueron emergiendo en otras partes del mundo, hacen prevalecer el impulso del mercado interno, el fortalecimiento de la soberanía económica nacional, el fortalecimiento del valor trabajo y la regulación de ciertos sectores económicos.
Además, inercias como las de Donald Trump favorecen la generación de valor agregado real que proviene de la producción y distribución de bienes y servicios a partir del comercio real y tangible.
Desde que Donald Trump tuvo su primer mandato en Estados Unidos en el año 2016, ejerció influencia en muchos países del mundo con una esencia nacionalista y regulacionista de la economía y con una estirpe de devolver criterios culturales de soberanía en claro lenguaje nacionalista, y hoy estas inercias lucen muy contundentes en cuanto a las aspiraciones de Trump para volver a gobernar Estados Unidos, y que así se profundice una inercia de esta estirpe en otras partes del mundo, particularmente en Sudamérica y en Europa.
Por eso, y a modo de conclusión, y asumiendo un escenario mexicano, hoy probabilístico todavía, donde Claudia Sheinbaum se ostente como presidenta de la República a partir del 1 de octubre de este año y Donald Trump llegue a finales de este año como presidente en un segundo mandato a Estados Unidos, habrá que definir muy bien el criterio de compatibilidad con Estados Unidos, porque de inicio se vislumbran posturas y programas muy diferentes.
Claudia Sheinbaum y Donald Trump lucen muy diferentes en su esencia política y, al menos para México, la compatibilidad obligada con Estados Unidos no es un tema de voluntariedad, sino una obligación estructural.