Pixza, nuevo modelo de ayuda social

Por Sandra Lucía Moreno López.

 

“La población callejera es un grupo social diverso, conformado por niñas, niños, personas jóvenes, mujeres,  familias, personas adultas mayores, personas con discapacidad y otras con diversos problemas de salud y adicciones. En general el término se refiere a toda persona o grupos de personas con o sin relación entre sí, que subsisten en la calle o el espacio público utilizando recursos propios y precarios para satisfacer sus necesidades elementales”, así es como define, el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación en la Ciudad de México (COPRED) a las personas en situación de calle.

 

En México, concretamente en el Distrito Federal, existen 4 mil 14 personas en situación de calle. De esta cantidad, el 14 por ciento son mujeres y el 86 por ciento son hombres, esto de acuerdo a datos del último censo –realizado en el año 2012– del Instituto de Asistencia e Integración  Social (ISAIS).

 

De acuerdo al censo “Tu también cuentas”, la mayoría de las personas en situación de calle nacieron y se criaron en  la “gran capital”. La COPRED también reportó que en la ciudad existen mil 291 personas en albergues.

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Un albergue para una persona en situación de calle sirve, además de refugio temporal, como centro de reintegración social, donde se brinda tratamiento psicológico, se adapta al individuo a la  vida cotidiana y para que éste pueda obtener un trabajo formal y un modo digno de vivir.

 

Un ejemplo de estos programas de reintegración social es el que hace “Pixza”, un restaurante mexicano que, aparte de servir deliciosas pizzas de masa azul, se encarga de ayudar y rehabilitar a indigentes, tal como nos cuenta su fundador, Alejandro Souza.

 

“Pixza” es un proyecto de  empoderamiento social disfrazado de pizzería, en donde la  filosofía es: “Todos dan y  todos reciben”, explica Alejandro.

 

“Cuando se habla de empoderamientos social, referimos a crear ambientes, modelos facilitadores para la identificación y uso de  herramientas, para lograr un cambio en la vida de la gente, en el momento que quiera, como necesiten hacerlo y que se den  cuenta de lo que lograron”, añade.

 

Una de las partes más importantes del proyecto de “Pixza” es la llamada “Ruta del Cambio”. Gracias a este programa se logra una mejoría considerable en la  condiciones de vida de los jóvenes vulnerables y en situación de calle.

 

Con pulseras que se les otorga a estos muchachos, se evalúa su desempeño, “reciben cinco rebanadas de pizza y, una vez que hayan recibido esas porciones, están obligados a realizar un voluntariado”, declara Alejandro.

 

Los chicos tienen el derecho de recibir ayuda, pero también deben cumplir  con las obligaciones que se adquieren al momento de recibir la pulsera e integrarse al programa. “Ellos saben que si no cumplen, quedan fuera”, menciona.

 

Cuando los jóvenes pasan a la segunda etapa de  “La Ruta del Cambio” reciben un curso de habilidades de vida; psicología positiva, que brinda  herramientas para tener mayor bienestar; un baño; un corte pelo; una camiseta  y una consulta médica. Todo esto con el fin redignificar y rehumanizar a la persona.

 

Una vez terminados todos estos pasos, llega el momento más apreciado, el de conseguir una “chamba” en el negocio.

 

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James es uno de los jóvenes que entró a “La Ruta del Cambio” y que ahora trabaja en “Pixza”, junto con otros dos compañeros. Tiene 18 años y estuvo un tiempo viviendo en las calles. Fue en IASIS, albergue donde vive, que supo del proyecto y gracias a sus ganas de trabajar  fue que pudo entrar al proyecto.

 

Su rostro denota gran felicidad y asegura estar “contento” por trabajar ahí y estar rehabilitándose.

 

Alejandro asegura que este tipo de ayuda social logra que las personas en situación de calle logren su reinserción socioeconómica, productiva, pero que además “comprendamos el significado de  la vida al tener empoderamiento social”.

Aunque tiene cuatro meses de haber empezado con esta iniciativa, Alejandro está seguro que todo va por buen camino y reafirma que “La Ruta del Cambio” es la mejor muestra del “sí se puede”.

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