Por Roque Juan Carrasco Aquino
Foto: WFP/Ali Jadallah
“El racismo normal de la modernidad capitalista es un racismo de la blanquitud. Lo es, porque el tipo de ser humano que requiere la organización capitalista de la economía se caracteriza por la disposición a someterse a un hecho determinante: que la lógica de la acumulación del capital domine sobre la lógica de la vida humana concreta y le imponga día a día la necesidad de autosacrificarse, disposición que sólo puede estar garantizada por la ética encarnada en la blanquitud. Mientras prevalezcan esta organización y este tipo de ser humano, el racismo será una condición indispensable de la “vida civilizada” (Echeverría; 2007: 12).
Esa llamada civilización de Occidente decae por su sed de acumular, entreteje territorios, acapara recursos y somete a pueblos originarios con visiones distintas a la depredación, llega a sus límites de la era.
Desde los primeros intentos por adueñarse de la tierra en su totalidad, con aquella raza de la “blanquitud” (Echeverría; 2007) heredera de la supremacía de lo bárbaro blanqueado, desconoce y discrimina la sensibilidad de cosmovisiones de la realidad.
Tal es el caso de las conquistas, en caso de llamarse de esa manera, o de destrucción e imposición de la ley del más fuerte, por todo Occidente.
El imperio del autoritarismo terrorista de gobiernos hegemónicos de esa época, como en el presente también, se normalizaban imposiciones, se sometían a sociedades distintas y distantes al dominio de la ideología, de las relaciones predominantes de acumulación y la reproducción de las enseñanzas con valores propios para la defensa del status quo de cada periodo histórico.
Entre estas formas de dominio, de poder y apropiarse de la naturaleza, los dueños del dinero, así como de las herramientas de labranza, la expropiación y despojos de tierras, eran las especificidades de aquellas relaciones sociales dominantes diferenciadas por el acaparamiento.
Esto implicaba entonces que la sociedad, en vísperas de su desarrollo más allá de las economías locales y con tendencias hacia la globalización de ellas, aún imperan.
También es una premisa de acumulación y de imponer formas de control a base de la explotación, pillaje de recursos y de fuerza de trabajo contraria a las formas de reproducción sociales para sí misma. Al tiempo, el atesoramiento de las riquezas identificó el paso de una economía incipiente hacia la mundialización, sobreexplotando a la fuerza de trabajo y a la naturaleza. Consolidando, pues, el régimen capitalista. Es decir, hacia el dominio de la historia para la reproducción del dinero.
La lógica entonces de la fortuna, más tarde a convertirse en capital, no era sólo una tendencia local o de un Estado nación, por el contrario, es la tendencia hasta el día de hoy.
Por supuesto, es la acumulación por todos los frentes, sometiendo, avasallando y despojando violentamente a poblaciones enteras para imponer modos esclavitas y jornadas severas de explotación hasta que los pueblos se liberen.
Desde entonces, las contradicciones de las políticas desarrollan mecanismos de facilitación para las inversiones, aunado a la reproducción del actual sistema hegemónico capitalista en la sobreexplotación de la naturaleza, por supuesto, incluyéndonos en este escenario mercantilizables.
En este sentido, retomando el planteamiento de Carlos Marx, en esa tendencia que, “No es un límite determinado del tesoro que aparece como restricción, sino todo límite suyo. Así pues, el atesoramiento no tiene ningún límite inmanente, ninguna medida en sí; es un proceso sin fin que encuentra en cada uno de sus resultados un motivo para recomenzar. El tesoro puede aumentar sólo siendo conservado e, igualmente, puede conservarse sólo cuando aumenta” (Marx; 1989: 90).
Esta es la premisa del capital; es al mismo tiempo la razón de ser de las naciones explotadoras; hoy, las industrializadas bajo la defensa y arrebato por el imperio estadounidense. Las guerras de siempre, la razón de ser de Occidente es crear conflictos bélicos por el acaparamiento de tierras fértiles; recursos naturales especulativos: energéticos, gas, agua, minerales, etc.
Aunado al dominio de territorios; fuerza de trabajo barata; mercados hegemonizados por el capital y el dominio ideológico por medio de la prensa y/o medios de comunicación en masa para enajenar mentes de ingenuos y escépticos. La realidad es la que tenemos y nos embarra en vuestras caras: Ucrania, Palestina, Siria, Líbano, entre otros del pasado, presente y futuros.
Es también en nuestra sociedad que la ideología dominante subordina e impone un racismo basado en la ética, en la moral, en la academia, en la vida cotidiana de la política y en las instancias jurídicas y políticas.
En la supremacía para crear la falsa idea de que lo occidental es la madre de todas las concepciones ideológicas para construir conocimientos; sí, pero funcionalistas, pragmáticas, fragmentarias de la realidad y hegemónica en la percepción de la humanidad.
Claro, hoy esa civilización está en crisis. Por ello, las guerras, conflictos aparentemente raciales, separatistas, ética de guerras y despojos de la hegemonía civilizatoria de la propiedad privada irracional, ya no responden a las necesidades de nuestras sociedades, derrumbándose sobre la ética occidental y absorbiendo el pragmatismo de un materialismo vulgar y banal.
Hoy, la construcción de una epistemología, así como de nuevos saberes incluyentes y la percepción de otra realidad a reconstruir está en la conciencia de todo revolucionario para transformar lo que es evidente ya en cambiar; en definitiva, destruir lo existente por otra sociedad socializadora de todo construido por los pueblos.
La violencia creada por el mundo occidental, a lado de Estados Unidos, son dinámicas desastrosas y depredadoras. Por tanto, analizar la cotidianidad de la historia con la intención de transformar realidades es el reto de todos los pueblos para liberarse de la ideología dominante.
Referencias
–Echeverría, Bolívar (2007): Imágenes de la “blanquitud”. Publicado en: Diego Lizarazo et Al.: Sociedades icónicas. Historia, ideología y cultura en la imagen, Siglo XXI, México. En línea. Página web: https://introconquista.wordpress.com/wp-content/uploads/2019/09/echeverrc3ada-imagenes-de-la-blanquitud.pdf
—Marx, Carlos (1989): Contribución a la Crítica de la Economía Política. Editorial Progreso. En línea. Página web: https://pensaryhacer.wordpress.com/wp-content/uploads/2008/06/contribucion_a_la_critica_de_la_economia_politica.pdf