No a la procastinación, esa perra amiga de todos

Levántate y anda, deja la cama donde te duermes

con la multitud y sal a caminar por ti mismo, es decir,

por lo único verdadero, es decir por la vida, decía Facundo Cabral.

 

Por Karenina Díaz Menchaca

 

No tengo mucha idea de cómo dar consejos, pero más que darlos a los demás, antes que nadie, me gustaría dármelos a mí misma.  ¿Cómo sería el título?, algo así como: 5 pasos para evitar la procastinación, o bien, ¿Qué hay detrás de esa procastinación que se esconde en ti? He decidido que ni una ni la otra.

Hace años un amigo me dijo que la mejor forma de hacer las cosas era sólo hacerlas, así de simple y complejo. Para ello me dio un ejemplo de cómo comenzar a hacerlo con situaciones sencillas como ir al baño; a ver, si en la madrugada te dan ganas de hacer pipí, en cuanto sientas la sensación levántate y no dejes pasar los minutos, mucho menos te quedes dormido acurrucando tu vejiga. Tu movimiento debe ser determinante lanzando a un lado las cobijas calientitas y ricas (llenas de ácaros asquerosos) y tú debes saltar como una rana, tal cual. Casi como cuando escuchas la alarma sísmica, pero sin hacer tanto alboroto por favor, sobre todo si duermes con tu pareja, ¡qué culpa tiene! Simplemente, salta. Ve a la tasa de baño, orina y regresa a dormir (se agradecería que te lavaras las manos, pero supongo que ya sería pedirte mucho).

Este es un camino de fe, amigos. ¿Quién dijo que sería fácil? Porque al levantarte de la cama y hacer las cobijas a un lado, ya pasaron dos sucesos: 1.- Te despertó tu maldita vejiga reclamando tu atención, después de un día terrible en donde bebiste un café espantoso y tu día godín es de más de 9 horas en una oficina sin luz natural; 2.- Te pusiste de malas y además ¡hace un pinche frío!; amén de que saltar como rana tiene su chiste, no cualquiera ¿eh?, no cualquiera; pero al menos imítala, no te quedes ahí, aunque parezcas un oso tambaleante y no ese feroz y corpulento oso del Renacido.

Pero con todo, lo lograste: venciste la procastinación. La idea es dejar el menor tiempo posible de pensar en lo que tenemos que hacer sin hacerlo. Algo que me está funcionando es contar, así como los niños: uno, dos, y tres, ¡and do it!, como el slogan de Nike: Just do it!

Un modelo como las ganas de hacer pipí es un ejemplo sencillo de cómo podemos comenzar a acostumbrar a nuestra mente a hacer las cosas ¡ya!, y así haciendo cada vez de menos a más, cosas pequeñas para llegar a las que verdaderamente nos pueden traer problemas a futuro por no haberlas hecho a tiempo. Recordar, decir y hacer es una fórmula difícil de cumplir. Ustedes lo saben. Tenemos demasiado pendientes en esta corta vida y le damos prioridad a las que nos producen más placer que a otras que nos son más importantes. Esa es la verdadera insoportable levedad del ser.

Algunos de los pendiente más comunes son: Pagar cuotas pendientes, hacer trámites (sobre todo ésta, ya  que nos detenemos en pensar en las filas, las costumbres burocráticas que tampoco ayudan mucho); ver a algún amigo enfermo o familiar que vive en la conchinchina y que de pronto, por no verlo (como habíamos quedado), nos enteramos por Facebook, a través de un ‘contacto’, que fulanito ya se murió; visitar al médico, es otro de los pendientes más recurrentes en esta vida humana; bañar a las mascotas; sacar todo aquello que no nos sirve (¡uff!, todo lleno de ácaros, una vez más, lo siento, pero este tema es una obsesión personal) y además decimos “es que se lo quiero regalar a una fundación”, llega el día del niño, el de la niña (porque hay ese día internacional, aunque no lo crean), llega el día del amor y la amistad, de la Navidá, de los Reyes y ná que ná, ya tenemos todo un microuniverso de cosas por tirar. La lista puede ser como la historia sin fin, o como la pila de ropa por lavar.

No tengo idea de por qué procastinamos, seguramente es por carencia de determinación y de malas rutinas desde niños; y no descarto, el ejemplo que hayamos visto en casa. La procastinación es como una amiga, la más perra de todas. Los que estamos decididos a dejarla, debemos seguir de ejemplo a toda esa gente con rutinas muy estrictas que los llevan al éxito de sus prioridades. Los escritores, los atletas, incluso a algunos godínez, es más, no importa el oficio o la profesión, creo que es una cuestión personal, de disciplina.

Les voy a compartir la misión que me hecho este inicio de año: quiero levantarme todos los días a las 5:00, leer media hora, hacer ejercicio a las 5:30, bañarme a las 6:00, de 6 a 7 hacer el desayuno, preparar a mi hija para el colegio, levantar un poco la casa y salir a la oficina para estar ahí a las 7:30. ¿es un reto? ¿Parece fácil verdad? Pero les diré que eso implicaría que me duerma a  más tardar a las 9:00 pm. ¡Ah!, pero como soy mamá, me tropiezo con una serie de  imprevistos y situaciones que no están bajo mi control, como a todos. ¿O será que ya me estoy autoboicoteando?

Les prometo que desde mañana haré todo lo que les acabo de decir, mañana, ahorita, o la próxima semana, sí, de verás…ya verán. Mejor comenzaré a contar: 1,2, 3…

 

 

 

 

 

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