Moisés González: El caos se vuelve belleza a través de su lente

Por Varinia de la Cruz

MÉRIDA, Yucatán.- Ciudad emblemática donde la creación vive y se desplaza en multicolores propuestas, el arte palpita . Ciudad donde el tiempo no desaparece: se acumula. Sus calles conservan una arquitectura que dialoga con la memoria, mientras la vida contemporánea se filtra con naturalidad entre fachadas coloniales, patios abiertos y sombras alargadas por el sol del trópico. 

     Es un territorio donde la historia no se exhibe como pasado, sino que permanece activa, respirando en lo cotidiano.

     La ciudad ha sido, durante décadas, un refugio para artistas, escritores y creadores visuales que encuentran en su ritmo pausado un espacio propicio para la observación. Mérida guarda una relación íntima con la imagen: la luz intensa, los contrastes de color, la textura, escenario natural para la fotografía, la pintura y la narrativa visual.

     Aquí, la tradición convive con la experimentación. Talleres, galerías y proyectos independientes sostienen una escena cultural discreta pero sólida, donde la autoría se construye desde la identidad, la memoria y el territorio. Mérida no impone una estética; la sugiere. 

     Es una ciudad que invita a mirar con atención, a trabajar desde la sensibilidad y a comprender el arte como una extensión de la historia viva que la habita.

     Ahí reside Moisés Gozález, Fotógrafo contemporáneo quien analiza su semblanza de vida,  en el ahora emblemático lugar donde labora, “Vernáculo Studio»,  espacio de expresión cultural, “Mérida me hizo, me reconstruye cada día”. Comenta el autor.

     Moisés, se inscribe dentro de una generación de fotógrafos yucatecos, contemporáneos, de avanzada,  que entienden la imagen como un espacio de reflexión visual más que un registro inmediato.  

     Con formación en disciplinas visuales y una fuerte inclinación hacia la narrativa conceptual, el fotógrafo trabaja desde la observación silenciosa, permitiendo que las escenas se revelen sin intervención excesiva. Su uso del blanco y negro responde a una búsqueda de esencia, donde la forma, la textura y la composición adquieren un valor estructural y poético.

—¿Qué significa para ti mirar una imagen, hacer una fotografía?


Para mí el mundo es un caos. Todo es caótico. La fotografía me permite tomar ese caos, enfocarlo y ponerle un orden. El caos no desaparece: sigue existiendo, pero congelado y desde mi perspectiva.

     Cuando tomo una foto, capturo ese caos y lo congelo en el tiempo. Ahí empieza la narrativa. Eso es lo que hago: ordenar lo que en la vida no siempre se puede ordenar.

—Tus imágenes provocan emoción. ¿Es intencional?

Totalmente. Me gusta hacer sentir. Por ejemplo, en una foto de Pablo se percibe tristeza. No la dice, no la explica, pero está ahí. Algo le está pasando y no lo va a verbalizar. 

     La fotografía lo deja suspendido en ese momento. Cada quien interpreta lo que siente al verla, pero hay emoción. Eso es lo que busco: que la gente sienta algo. Incluso las gaviotas parecen pensativas, como si estuvieran diciendo algo.

—¿Cómo inició tu relación con la fotografía?


Desde niño me gustó la moda. Me atraía el mundo editorial, las revistas, la estética. A los 16 años tomé mis primeras fotos. Eran totalmente intuitivas. No había orden ni definición, solo impulso. 

     Siempre quise verme en una revista, pero no solo por la belleza superficial. Para mí la belleza está en el interior, en el alma. Me interesa esa dualidad entre lo bello y lo peligroso, como los animales: son hermosos, pero pueden ser también destructivos.

—¿Qué quieres comunicar con tu arte?

Quiero dejar sentimientos. Creo que mucha gente ha dejado de sentir. Vive en la monotonía del trabajo, sin detenerse a reconocer el amor, el dolor, el enojo. No quiero que alguien vea una foto mía y se sienta obligado a estar feliz. Si estás triste, no quiero cambiar eso. 

     Solo quiero que sientas algo y que te preguntes qué está pasando en la imagen, qué está sintiendo la persona fotografiada. Mis fotos capturan un momento real. 

—Te defines como fotógrafo autodidacta. ¿Cómo ha sido tu formación?

Soy cien por ciento  autodidacta. Todo lo he aprendido investigando, observando, probando. A los 21 años me fui a vivir a Tulum, en plena pandemia, sin dinero. Llegué literalmente con monedas. 

     Trabajé en AZULIK, un espacio donde conviven fotógrafos, diseñadores, arquitectos y artistas, ahí aprendí muchísimo observando. Mientras ellos trabajaban, yo tomaba nota mentalmente: cómo iluminaban, cómo dirigían a las modelos, cómo generaban confianza.

—¿Cómo defines tu estilo fotográfico?

Mi estilo es narrativa conceptual. Siempre estoy contando algo. Aunque haga moda, retrato, producto o lifestyle, hay una historia detrás. No hago retratos vacíos. La imagen siempre comunica algo, siempre genera emoción. Me adapto a la marca o al proyecto, pero mi narrativa siempre está presente.

—¿Cómo trabajas el color y el contraste?

Me gusta que los colores dialoguen entre sí. Si hay negro, debe convivir con otro tono. Me encanta contrastar, mi  mente siempre está trabajando visualmente: colores, pieles, fondos, texturas. Todo está en constante observación.

—La mujer ocupa un lugar importante en tu obra. ¿Cómo la miras desde tu arte?

La respeto profundamente. Para mí la mujer es todo, me interesa que se sienta escuchada, libre, poderosa. No quiero imponer estándares de belleza ni que la fotografía sea una agresión, aunque sea una sesión de moda o trajes de baño, no quiero que la mujer sienta que es fotografiada solo por su cuerpo, quiero que se reconozca, que se sienta bella desde su identidad, no desde una expectativa externa. 

La Casa 43 en sus orígenes

Toda su narrativa visual parte de La 43, en su natal Mérida Yucatán, un lugar que es más que una casa, es origen, refugio y memoria. 

     Ahí se reúne su círculo más cercano de amigos fotógrafos y creativos todos , una familia elegida donde la vida cotidiana —las charlas, los planes, el tiempo compartido— va construyendo historia antes de salir al mundo. 

     La cámara de Moisés, registra ese espacio con una mirada nostálgica, consciente de que la casa ya conoce los pasos, las voces y las versiones de quienes la habitan. 

     Desde ahí, la narrativa se expande: primero los retratos íntimos, La 43 queda atrás, pero permanece como punto de partida emocional, como el lugar donde todo comienza y al que siempre se vuelve, aunque sea desde la imagen.

Su obra y estilo, Yucateco detrás de la lente

Moisés González es un creador visual que concibe la fotografía como un acto de observación, sensibilidad y orden. Su práctica se construye desde la narrativa, la emoción y la lectura del entorno humano, integrando disciplinas como la dirección creativa, el styling y la producción visual para dar forma a imágenes que comunican identidad y presencia auténtica.

     Con experiencia en moda y desarrollo de proyectos creativos en México y Canadá, su trayectoria se ha formado a partir de la disciplina, la adaptabilidad cultural y una comprensión profunda de la imagen como lenguaje. 

     Su paso por contextos internacionales y espacios creativos le permitió consolidar una estilo, estética propia, marcada por el equilibrio entre estructura, intuición y emoción.

     Actualmente dirige M/G Fotografía, un proyecto desde el cual desarrolla sesiones fotográficas para personas y marcas, cuidando cada etapa del proceso: dirección de arte, iluminación, vestuario, locación y narrativa visual. 

     Su trabajo se orienta al retrato editorial, la moda y el lifestyle, siempre con un enfoque humano que privilegia la esencia sobre la forma.

Lo humano en su imagen

Más allá de la técnica, González entiende la imagen como una herramienta de conexión. Su mirada busca provocar sensación, generar diálogo y dejar una huella emocional en quien observa. 

     Así, su obra se inscribe en una práctica contemporánea donde la fotografía no solo documenta, sino interpreta y transforma la experiencia de lo cotidiano.

     La cámara digital se utiliza aquí con un enfoque sobrio y controlado. No se percibe una búsqueda de hiperdefinición ni dramatismo técnico, sino una exposición bien medida que permite conservar el sencillo detalle tanto en luces como en sombras. 

     La elección del encuadre amplio, con gran espacio negativo en el cielo, refuerza la sensación de aislamiento y silencio, situando la imagen dentro de una tradición de fotografía contemplativa y paisajística contemporánea.

La búsqueda de sentido en lo simple, lo cotidiano y lo silencioso

La imagen del muelle habitado por aves marinas es representativa de su aproximación autoral. A través del blanco y negro, el fotógrafo despoja la escena de cualquier referencia temporal específica y la convierte en un espacio de contemplación. 

     La composición, marcada por líneas horizontales y un uso deliberado del espacio negativo, genera una sensación de equilibrio y silencio. La presencia de las aves introduce una dimensión orgánica que dialoga con la arquitectura erosionada, sugiriendo una convivencia natural entre lo construido y lo vivo.

     Más que documentar un lugar, la fotografía construye un estado emocional: calma, observación, coexistencia entre lo humano, la estructura del muelle y lo natural,las aves y el agua. La escena sugiere una relación respetuosa entre ambos mundos, marcada por el paso del tiempo y la adaptación mutua.

     En esta obra, como en gran parte de su producción, González utiliza la cámara digital como una herramienta precisa pero discreta. La técnica está al servicio de la intención: una exposición equilibrada, atención a las texturas y una lectura cuidadosa de la luz natural. El resultado es una fotografía que invita a permanecer, a observar sin prisa.

     Su trabajo se inscribe dentro de una fotografía contemporánea de carácter introspectivo, donde el paisaje y el retrato funcionan como metáforas de estados internos. Existe en su obra una constante exploración de la presencia —humana o no— como elemento narrativo, así como un interés por los espacios de transición: muelles, bordes, sombras, silencios.

     Así, su obra se posiciona como un ejercicio contemporáneo de contemplación visual, donde cada imagen funciona como un fragmento de una narrativa mayor: la búsqueda de sentido en lo simple, lo cotidiano y lo silencioso.

 @mois.esgh  @mois.es

Related posts