Mixquic: una historia no tan épica, en un lugar no tan mágico

Texto y fotos: Sebastián La Mont

Tengo una confesión que hacer. Siempre me he sentido en una posición privilegiada. Desde pequeño me mandaron a escuelas privadas y toda mi vida he residido en zonas “nice” de la Benito Juárez. Es por eso que mi primer viaje a la delegación Tláhuac, más concretamente al pueblo de San Andrés Mixquic, fue una manera muy rápida y directa de reventarme la burbuja.

No fui solo, mi acompañante es un amigo de toda la vida. Él se ha turnado entre la colonia Del Valle y otras en Coyoacán con el mismo nivel socioeconómico y también tuvo la fortuna de poder asistir a escuelas privadas.

¿Qué hacíamos por allá?

Queremos documentar la famosa celebración de Día de Muertos que se lleva a cabo todos los años en Mixquic. Un festival que nos hace recordar a nosotros, los vivos, que a todos nos llega. No importa la clase social o lo que creamos que más vale en la vida, si el dinero o el amor.

Fiestas como estas le dan un toque alegre a la muerte y nos permiten decirle a la Parca “hoy no me llevas, tal vez mañana no me escape, pero todavía no es tiempo”. Algunos lo hacen ebrios, otros llorando, sin embargo, para todos una razón de júbilo es estar vivo un día más.

Jamás me había pasado de la estación de Metro Ermita en la Línea 12. Al llegar a Mexicaltzingo le dije a mi amigo: “Esto es lo más lejos que he llegado de casa”. Una línea que más o menos le robé a Sam, de la novela de Tolkien El Señor de los Anillos y su adaptación al cine por Peter Jackson.

El mismo viaje en Metro me pareció fascinante, lo uso todos los días para ir al centro y aun así me ganaba la emoción de descubrimiento. Cuando el tren emergió de los túneles subterráneos para darnos una vista panorámica de la ciudad los dos parecíamos sorprendidos. No sé por qué, no es la única línea que lo hace y no es la primera vez que lo veía. Creo que era porque en ese momento observaba, me tomaba un momento para analizar lo que estaba observando.

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Según yo, Olivos es la estación que más cerca te deja de un cerro que se alza orgulloso en medio de la extrema urbanización en la que se encuentra. Google Maps dice que se llama “Montaña Alvarado”. Algún día me gustaría aventarme el viaje hacía allá. Solamente para ver si se puede escalar. Bien podría investigarlo desde la comodidad de mi casa en la computadora, tal vez encontraría la respuesta, pero se perdería la aventura. Hay otras lomas en el camino, no muy lejos de la que vimos, pero esa llamó mi atención, era la más cercana… debe ser eso.

Si el lector, en este punto, considera que era como un niño chiquito en vacaciones, pero también se le ocurrió que hay cierto tono clasista, la verdad es que tendría algo de razón.

El fresa de la colonia Letrán Valle que un día decidió ver cómo era la realidad para millones en la Ciudad de México. Sin embargo, en mi defensa tendría que decir que nunca me ha sido invisible la situación en esta megalópolis, o en el país si nos metemos de lleno al tema, pero era más bien una cuestión de saberlo desde los periódicos que diario avientan cifras y estadísticas, y otra muy distinta ver los barrios por mí mismo en esta escala.

Cuando por fin llegábamos al final de la Línea Dorada, me percate que nos rodeaban cultivos de girasoles, los cuales se hicieron presentes el resto del viaje a Mixquic. Mas lo que nunca pensé que pasaría, sería que me tocaría ver cómo vacas pastaban mientras yo viajaba en Metro. Al escribir esto mi mente sigue sin poder conciliar estas dos ideas.

Había llegado a la vida rural en una de las ciudades más grandes del mundo.

Volviendo al viaje, la primera misión que teníamos Alan y yo era encontrar el edificio de la delegación Tláhuac, así que salimos de la estación del Sistema de Transporte Colectivo y nos dirigimos a una panadería cercana. Había motivos ocultos cuando se lo mencioné a mi acompañante. Un cartel de 3 donas por 10 pesos me pareció irresistible. Cuando dejamos el local salimos con las preciadas rosquillas y la forma de llegar era un camión que pasaba enfrente.

El chofer amablemente nos avisó donde se encontraba el edificio delegacional y lo único que noté interesante era la cercanía de una iglesia y el quiosco en donde se juntaban varios chavos con su uniforme escolar. Nos tomó un momento encontrar el lugar. Una carpa lo tapaba, pero logramos ver de reojo el escudo de la bandera nacional.

La nueva Constitución de la Ciudad de México va a transformar a las delegaciones en municipios. Y en el caso de la demarcación de Tláhuac creo que eso le queda como anillo al dedo, porque francamente no tiene nada que ver con el masivo edificio (masivo al menos en comparación) de la Benito Juárez.

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Las oficinas son sencillas y no es particularmente amplio. La gente nos trató con amabilidad y nos dieron la información que buscábamos, así como los permisos necesarios para grabar, también los nombres y números de la gente con la que necesitábamos hablar. Esto viniendo de una persona que detesta la idea de “Estado” y las instituciones que de él emanan. Pero se debe dar crédito a quien lo merece y el trato que recibimos ahí fue bastante cortés y efectivo.

Cuando salimos del edificio teníamos la información necesaria para empezar, pero los dos acordamos ir a ver el pueblo con nuestros propios ojos y familiarizarnos con el espacio. Hacer un sondeo del lugar para determinar en donde podríamos montar cámaras, preguntar por posadas, hablar con algún sacerdote; cualquier cosa que nos pudiera apuntar en la dirección correcta.

Topamos con un sitio de taxis en donde nos dijeron dos cosas bastante útiles, la primera que en esos días el tránsito es horrible y la segunda que los camiones que salían al pueblo pasaban enfrente de nosotros y literalmente decían “Mixquic”.

La camioneta no parecía transporte público oficial, fuera de los letreros de colores que indicaban la ruta, era toda blanca. No sé si por allá sea normal, de cualquier forma la abordamos. Los pueblos a los que he ido la gente dice buenas tardes en los camiones, así que hice lo mismo acá. Todo mundo respondió mi saludo con el propio y cada vez que alguien se subía era igual.

Estos pequeños detalles que parecen insignificantes los escribo porque no es algo de mi realidad cotidiana y tal vez esta crónica le sirva como una pequeña guía a alguien que como yo no tenía idea de que esperar a la hora de viajar a los pueblos de esta capital.

Las únicas dos cosas que me parecieron poco agradables durante mi épica, digna de Perseo, fue que las calles estaban muy sucias y había perros callejeros por doquier. No es que me molesten los animales sin hogar per se, lo que no soporto es que no haya hogares para ellos y más de una vez se ha documentado que durante celebraciones los gobiernos municipales deciden masacrarlos.

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El viaje en la camioneta nos costó seis pesos y duró aproximadamente 45 minutos, probablemente el lapso más amplio en mis viajes de transporte público (el estar estático en el Metro por averías no cuenta, porque siempre estoy demasiado estresado y no veo el reloj que sólo añade a mis penurias).

En algún punto del recorrido me percaté que Alan estaba tomando fotos y haciendo una historia en su Snapchat acerca del viaje. Pero la mayor parte del tiempo andábamos platicando entre banalidades y nuestra emoción porque saliera bien el documental. No nos dimos cuenta, pero la gente nos iba escuchando durante todo el trayecto. Al actuar como turista llamas la atención.

Llegamos a un teatro y la gente de la camioneta nos empezó a indicar que camináramos sobre esa calle para llegar al panteón. El aire fresco fue un excelente alivio porque me estaba mareando de las vueltas, baches y olor del vehículo que nos transportaba.

Avanzamos por la calle y Alan mencionó que tenía la sensación de que la gente lo veía raro. Por los lentes de sol probablemente él se veía más como turista, sin embargo, yo compartía el sentimiento aunque los dos expresamos que no nos sentíamos inseguros.

Al llegar a la plaza donde se hace la parte central de las celebraciones notamos que había feria en pleno miércoles. “Está bien que les guste la fiesta toda la semana”, fue el razonamiento de mi compañero. No podría estar más de acuerdo.

Sin embargo, todo afuera del panteón y la iglesia se veía muy gris, no solamente por las nubes arriba de nosotros, sino porque realmente no había muchos colores qué apreciar, ni por parte del edificio gubernamental que ahí estaba o los comercios, casas o tianguis que rodeaban. Empecé a preguntarme qué tan diferente sería durante las celebraciones. Pero no quiero investigarlo en Internet, quiero llevarme la sorpresa.

La iglesia estaba cerrada, al parecer los padres descansan los miércoles. Cuando llegamos el cementerio estaba abierto, pero no el templo. Empezamos a sacar con mi cámara fotos del lugar  para determinar en dónde podríamos poner cámaras y cosas por el estilo, cuando se nos acercó un señor tal vez en sus treintas a preguntarnos que quienes éramos, de forma muy amable.

Al identificarnos, él hizo lo propio y resulta que era el cuidador del lugar. Nos dijo que el ex convento es independiente y que por eso estaba cerrado. Le pedí algún número telefónico y muy gustoso no solamente accedió, sino que también se ofreció a ayudarnos en cualquier cosa que necesitáramos cuando fuéramos a grabar.

Ya habíamos logrado nuestro cometido. Ahora era tiempo de buscar en donde matar el hambre, más allá de las donas no había ingerido nada y la historia de Alan era más o menos similar. Fuimos a un pequeño mercado en el área y nos detuvimos en un puesto de gorditas, sopes, quesadillas y todas esas cosas.

Mientras comíamos un comerciante de ropa empezó a gritar: “¡Lleve su ropa robada, tres pantalones por ochenta pesos!”. Me causó gracia y le pregunté a mi amigo que quién era el más fresa de nosotros, al que en verdad le causaría conflicto estar ahí. Después nos hicimos la pregunta de quién sería el más “barrio” de todos nosotros. No comento las conclusiones porque el lector probablemente no los conoce, pero estoy seguro de que va a ser un tema central en la siguiente reunión de compadres.

No satisfecho con las meras quesadillas Alan empezó a buscar un Oxxo y me preguntó si creía que había uno en el lugar. Mi respuesta fue una rotunda negativa seguido de una cara de “¿estás preguntando enserio, güey?”

Sin embargo había muchas tienditas “Pepe y Toño”. Aquí encontramos que la inflación no pegaba en Mixquic porque en una tienda de nuestras colonias, unos churrumais cuestan aproximadamente nueve pesos y sin embargo aquí estaban en cinco. También encontramos una botella de “Manzanita Deliciosa”. Mi camarada es adicto a ese refresco, es casi igual que la Manzanita Sol de Coca Cola, salvo un detalle, al final te deja un sabor a vainilla. Solamente la había encontrado fuera de la ciudad y yo no la conocía. Ahora la compraré cuando la vea.

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Empezamos a caminar por la misma calle por la que veníamos y después de preguntar afuera del teatro que habíamos visto de ida nos indicaron del RTP que nos llevaría de regreso al Metro Tláhuac.

Estaba enfrente de “El Okzo”, así se llama la tienda y tiene un osito panda pintado en la fachada. También vimos dos perros callejeros que estaban cerca y cada que pasaba una bicicleta le ladraban. Los canes la seguían como tres metros haciendo todo el escándalo posible y luego la dejaban ir, esperando a que pasara otra. Repitieron esto como tres o cuatro veces en el tiempo que estuvimos ahí.

Cuando por fin pasó el camión estuvimos platicando como 15 minutos antes de ver el único Oxxo del área. Es interesante como estas tiendas ahora son hasta puntos de referencia. Qué bueno que no han plagado por allá, porque es bien sabido que en donde abre una de esas, cierran todas las de abarrotes en las cercanías.

Más allá de eso no podría contarles mucho. Nos quedamos dormidos hasta bajar y fue el mismo viaje de ida que de regreso en el tren, aunque ahí fue en donde empecé a escribir el borrador de la crónica.

Ojalá y me puedan dar algo de retroalimentación, pero no tanto en la forma de la escritura o el relato en sí mismo, Más bien si en verdad piensan que hay un evidente clasismo en este pequeño relato. Me gustaría saber cómo puedo eliminar mis prejuicios.

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9 Thoughts to “Mixquic: una historia no tan épica, en un lugar no tan mágico”

  1. jjose pineda

    Objetividad ya te contestaron por ahí, se me hace que tus escuelitas nice son como la de EPN y su gabinete, en donde plagian tesis, pagan sus calificaciones y todos se sienten clasistas por que tienen una mejor situación económica gracias a las costillas del pueblo.
    Tu perjuicio es ser clasista, el mío me das tristeza aun sin conocerte.

  2. Lorena Jiménez

    Me encantó, si viajaste a Mixquic tuviste que pasar por mi pueblito: San Juan Ixtayopan, por muchos conocido por los que lincharon a dos federales. Me encanta mi pueblo pero en cuanto al clasismo, mmm! no los leo como tal, los que habitamos aquí también notamos las carencias y la falta de interés de las autoridades, para ir a un concierto tenemos que planear estratégicamente los horarios para no perder el último tren o para estacionar tu auto en el centro y tener como regresar, yo estudio en el IPN en Tecomitl CECyT 15 y es muy notoria la ruralidad al tener escases de profesores y perritos abandonados en las instalaciones, la escuela es a puerta cerrada (petición de los padres de familia“ chapados a la antigua”), la cultura apenas comienza a llegar y eso de: “pueblo chico, infierno grande”, también es cierto.
    Los pueblos son hermosos y tranquilos pero a veces quisieras huir un ratito de la rituna para conocer más de la ciudad, más personas interesantes y así mejorar nuestra sociedad.

  3. luis

    La celebración del día de muertos no es el lugar, por que seria muy subjetiva tu visión y aflorarían tus perjuicios clasistas, mas bien la épica del sentimiento de un ser querido ya fallecido. Eso tus ojos no lo van a poder ver, pero como eres de escuelas «nice» espero sepas interpretar ese sentimiento para encontrar lo mágico.

  4. Jorge

    Considero que no conoces bien a tu ciudad/pais ya que la mayoria del territorio de la ciudad de Mexico es asi o esta peor, lo magico y mistico de mixquic es su gente, tradidiciones y manera de conceptualizar a la muerte cosa que no tiene nada que ver con el aspecto de sus calles que desgracaiadamente es parte de la desigualdad de nuestro pais

  5. Josue

    Si vas en 01 o 02 de Noviembre, te recomiendo ampliamente que tomes algún taxi o uber en metro tlahuac y se vallan por el camino de las lagunas hacia Mixquic o de plano se vallan a dar la vuelta hasta Chalco y tomen la carretera Chalco-Mixquic, eso podría ahorrarte tiempo de camino pues si te vas por los pueblos como cuentas en tu relato te harás mucho tiempo de camino.

  6. Yanira

    Te hubieras metido al teatro. Visitado alguna chinampa. Vivir día de muertos en una casa. Por lo sucio tienes razón. siempre he pensado eso, mucha gente no cuida a sus animanes o no barre sus calles. Ademas abria que agregar que todavia hay calles sin pavimentar y animales de granja que circulan en las calles

  7. Dian

    Seria bueno que fueras a Mixquic el dia 1 y 2 , y nos relataras tu experiencia y la forma como persibes el pueblo y su celebración.
    Asimismo me gusto tu historia, y efectivamente, se hace una distincion entre la megalopolis y las zonas semiurbanas y rurales que aun hay en esta Cd. de México. Una de las cosas que me gusta de mi pueblo, es que aun hay áreas extensas de sembradios, animales de granja (vacas, pollos, borregos, caballos, etc) y que sigue manteniendo la tradición de la celebracion del día de muertos.
    Te invito a que conozcas todos y cada uno de los pueblos que aun existen en la Cd. de Mexico, pero aun más, te invito a que conozcas la celebracion de día de muertos en Mixquic

  8. Antonia

    Cuando fuiste eran vísperas de la fiesta del barrio de san Miguel (en honor al arcángel) sin embargo si quieres conocer las tradiciones de mixquic te invito a que vayas los días 1 y 2 de noviembre y conozcas las verdaderas costumbres y tradiciones de mi pueblo… ya que no todo es vacas, perros callejeros y borrachos.
    Y lo más importante es la calidez de la gente. Conozco a extranjeros que apenas el año pasado vinieron y se fueron con un gran experiencia de mixquic.

  9. Noemi Avila

    seria genial que fueras el mero dia de muertos 01 y 02 de noviembre para que compararas tus dos visitas y sacaras tus conclusiones, las personas que vivimos por alla aun respiramos algo de aire puro, el olor a tierra mojada es genial y si, aun veras que hay personas que cosechan la tierra y ganado pastando. Me da gusto que personas como tu visiten estos lugares.

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