Clinton vs Trump, diferentes formas mismo fondo

Por Melchor Arellano

 

Casi por estigma, se asume que en caso de ganar un candidato demócrata la presidencia de Estados Unidos, al mundo y a México les irá mejor, sin que queden claros los rubros en los cualesse concretarían los añorados beneficios. Los hechos han demostrado que estamos muy lejos de dicha percepción. Más bien, nos sumimos en una rara emoción frente a un posible triunfo demócrata, aunque después este, se traduzca en una vana ilusión parecida a la esperanza generada por el PRI cada 6 años. Se vive en México y Estados Unidos, guardando las debidas proporciones, un escenario electoral semejante en medio de dos realidades diferentes y diametralmente opuestas.

 

Cuando Barack Obama era candidato, la mayoría de mexicanos, sin saber por qué (tal vez porque el triunfo de un personaje de color, era empático y emblemático para la sufrida población mexicana) asumió como suyo el triunfo del candidato demócrata a la primera magistratura del coloso del norte sin reparar en posibles consecuencias.

 

Sin duda, la preferencia por candidatos del partido demócrata para alcanzar la presidencia gringa, se explica porque su discurso es más concomitante con el sentir de los mexicanos, sobre todo, en el rechazo a la ultraderecha isabelina del Siglo XVI, que conlleva los genes del racismo, excepción, xenofobia, fanatismo religioso, clasismo, exclusión y preferencia por la dictadura.

 

En contrapartida, los demócratas hablan de recuperación de la clase media, atención a los problemas de gratuidad en la salud, mejoramiento de la educación, respeto a los derechos humanos de las minorías, aumento en el empleo, inclusión, solución diplomática de conflictos y otros. Sin embargo, en la práctica, la situación de los hispano hablantes noha cambiado gran cosa en términos de deportaciones, desempleo, falta de acceso a la salud, negación de la naturalización (la Ley Obama, se quedó en el tintero), persecución y acusaciones penales, especialmente contra mexicanos.

 

El empobrecimiento, exclusión, desempleo y poco o nulo acceso a la salud, han sido hechos reiterados.Persiste la nula o ínfima procuración de justicia: ejecuciones policíacas sospechosas o dudosas, al igual que la impunidad del poder judicial, las condenas bajo sentencia no probada (se manda al patíbulo, tan solo por el hecho de ser mexicano), acusaciones de delincuencia a trabajadores en empresas, como pretexto para no cubrir salarios devengados y despedirlos sin derecho a liquidación. A contrapelo, tampoco el discurso de México ha cambiado, en atención a las demandas de los indocumentados, protección laboral, diplomática, consular (los consuladosmexicanos nada resuelven, o burocratizan soluciones, en el mejor de lo casos), acceso a la salud, empleo y defensa de los derechos humanos, sin asistir a connacionales en sus peticiones o necesidades acuciantes.

 

Qué curioso: la misma latencia de conflictos allende nuestras fronteras del norte, es la que promueve el PRI en México como forma de mantenimiento del voto: consistencia de la promesa de solución a problemas para no resolverlos, lo cual le han dado 86 años de gobierno. Es el mexicano avasallado, impotente y vacío,que se soslaya en la falsedad de la promesa incumplida, mediante el apoyo a quien le otorgue seguridad ficticia, investido de hipocresía.

 

Estados Unidos, tiene un nivel educativo que lo ubica en el 22 lugar del mundo; un promedio de 50 millones de pobres y primacía en número de multimillonarios (alrededor de 577); una clase media que en decremento; violencia callejera; violencia familiar; miedo en exceso; sed de venganza; incremento de sociópatas; entre muchas cosas. Pero especialmente, una impresionante brecha entre pobres y ricos que crece todos los días.

 

Además de lo agregado, en el contexto global China volvió a superar a Estados Unidos en intercambio mercantil global por segundo año consecutivo (2014 y 2015); Rusia supera, con un presupuesto 12 veces menor, a Estados Unidos en ojivas nucleares. En Asia Menor, Irán se ha vuelto una potencia intermedia aliada a Rusia y China, no a Estados Unidos. Este último, apoya y sigue apoyando a los árabes sunitas, lo que implica apoyo al Estado Islámico (EI). El arsenal que tiene Estados, se vuelve obsoleto, puesto que cada vez le cuesta más trabajo construir guerras, para darle salida a ese impresionante capital improductivo.

 

Clinton y Tump, coincidirán siempre en un mismo objetivo: hacer que sobreviva un imperio que se cae a pedazos. El estridente y megalómano de Trump, cobraría a sus aliados en el mundo, por darles seguridad al más puro estilo del “Viejo Oeste” (especialmente a los miembros de la OTAN), mientras que Clinton incluiría dicha aduana, en un mismo y amable paquete.Pero no nos engañemos, el gendarme o policía global, cobra desde hace tiempo y ahora simplemente lo haría con mayor descaro. Trump o Clinton, no van a dejar de ser estadounidenses por el solo hecho de representar a dos partidos políticos diferentes: son la defensa mayúscula del imperio y este, estarápor encima de todo y de todos. Con Obama (aunque este,quizá no lo quisiera) Estados Unidos no dejó de invadir y promover la guerra en el globo: Libia fue el ejemplo, más claro y donde Hillary Clinton jugó un papel central, siendo Secretaria de Estado.

 

Asimismo, promovió la tentativa de invasión a Siria, detenida por Rusia y China; traslado de grandes contingentes militares (por cierto, integrados por latinos, africanos y sud asiáticos) en Afganistán (donde incrementó a 135 mil el número de efectivos), por solo citar un ejemplo. Reconocemos la preparación académica de Clinton, experiencia probada, mayor inteligencia y tersura en el lenguaje, pero no por ello, hará a un ladolos intereses que representa Donald Trump: las élites o ultraderecha que ha gobernado, gobierna y seguirá gobernando Estados Unidos.

Quizá la diferencia estriba en que Trump ejercería el poder con brutalidad y Clinton con suavidad, pero en el fondo ambos representan lo mismo. Trump, Reagan y Bush Jr., significan la parte más oscura, macabra y egregiamente estúpida del poder, pero lo han hecho producto de una sociedad que quiere y reclama ese tipo de personajes, como sus gobernantes. Si el voto de las minorías, pueden llevar a Clinton al poder, los demócratas no escatimarán en atraerlas con promesas que lleguen a su corazón, aunque no se cumplan por oposición del poder financiero mediático y del Congreso estadounidense mismo.

 

Otra vez, el pretexto demócrata será que el intento se hizo y “con cariño”, pero no prosperó. Con todo, siempre será mejor charlar, negociar y convenir con quien esté abierto al diálogo, prudencia y tolerancia, lo cual se asume como realizable, en el caso de Clinton. De suyo, México, inmerso en la macabra búsqueda (en El Laberinto de la Soledad deOctavio Paz) del camino que lo lleve a parecerse a los gringos (con quienes contrasta aquellas diferencias que lo identifican, pero de quienes le preocupa lo que crean y piensen de él), solo encuentra un lacerante vacío y pretexto por la nada. Ni siquiera se da cuenta que, en esa búsqueda, solo consigue adentrarse en la sintomatología deprimente de los estadounidenses y así, no puede haber éxito posible.

 

Ocupémonos de construir la agenda bilateral sobre lo que viene y habrá que enfrentar con cualquiera de los ganadores de la presidencia gringa y, no esperar a reaccionar con el cristo de espaldas. Analicemos la carga brutal de concentrar el 87 por ciento del total de nuestro comercio exterior con Estados Unidos, contra 16 de importaciones y 14 por ciento de exportaciones que representa nuestro comercio exterior para los estadounidenses y estar en aptitud, de actuar con oportunidad.

 

O nos diversificamos y amortiguamos esa carga letal o seguiremos con la mira puesta en un solo y terminal destino: Estados Unidos. Dejemos de pensar que el triunfo de Clinton, es el triunfo de México y centrémonos en la realidad nacional, donde los problemas de violencia, corrupción e impunidad son cada día mayores. La solución a nuestros graves problemas, no llegará del país de las barras y las estrellas, sino de y a partir de nosotros mismos. Quizá eso, sea lo único en lo que estamos seguros y de acuerdo ¿O no?

 

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