Mi nombre era Eileen: nostalgia del futuro

Por Anahí García Jáquez/Radio Gatell

Massachusetts, Estados Unidos. 1964. Eileen Dunlop es una joven que trabaja en una correccional para hombres menores de edad llamada Moorehead y cuya vida transcurre entre su empleo y el cuidar a su padre alcohólico. 

Harta de la vida que lleva en su pueblo, sueña con escapar, pero todo cambia el día que llega una misteriosa mujer con la que terminará viviendo la más fuerte de las experiencias.

Mi nombre era Eileen (o Eileen, que es su nombre original en inglés) es un trabajo de la escritora estadounidense Ottessa Moshfegh quien, con esta novela, que es su primera, irrumpió con fuerza en las letras de su país y nos presenta a su protagonista Eileen, quien con su propia voz nos irá narrando su existencia en ese pueblo olvidado y aburrido. 

Nos da también un recuento de su vida pasada y actual, en la que es muy infeliz debido a que su padre abusa verbal y psicológicamente de ella debido a su alcoholismo, además de que la chica odia su trabajo como secretaria en Moorehead, donde convive con gente que no le simpatiza. 

Pero su vida da un giro radical al conocer a Rebecca Saint John, la nueva directora de educación del penal, quien en medio del horror de ese lugar, se convierte en un faro que le trae la luz que su ser tanto necesitaba para seguir adelante y para acabar con ese aburrimiento que la está matando lentamente.

A través de Eileen, la autora nos plantea una realidad que suele ser muy común: la insatisfacción con la vida que nos ha tocado llevar; la carga que representa el vivirla; el deseo ardiente de un cambio, aunque sea a través de una sacudida, y la posibilidad de romper con todo y todos. 

El personaje principal no es una chica, con la cual el lector empatiza de inmediato, puesto que su personalidad está llena de contradicciones y varias de sus conductas pueden llegar a parecer desagradables, producto de su furia interna pero, una vez que la conoce, podría hasta sentirse identificado al ir conociendo los pensamientos más profundos de Eileen.

Esto es, su autocompasión que raya en el victimismo; su incapacidad de adaptarse, así como de sociabilizar; el desdén hacia quienes la rodean, hasta el punto de convertirse en odio pero que, en medio de todo ello, aún conserva la esperanza de un mejor futuro. 

Se nos habla del peso que sienten en sus hombros los cuidadores de aquellos adultos mayores con condiciones de salud precaria y la soledad que experimentan (en su caso su hermana Joannie huyó dejándola como única cuidadora), de cómo el trabajar en algo que no nos gusta y no nos llena va minando las ganas de superación y cómo, a veces, con sólo encontrar a alguien como Rebecca, que es diametralmente opuesta a ella, puede permitirse el pensar que tiene la capacidad de conectarse con alguien en varios niveles y así alcanzar la felicidad que se le ha negado y la cual le parece un sueño difícil de realizar.

Mi nombre era Eileen es un texto que se puede denominar del género thriller, por lo que el suspenso está garantizado. 

Está escrito con un lenguaje claro, pero a la vez con una carga de mordacidad, ya que la protagonista describe ambientes, personas y a sí misma de forma tal que la rabia se puede palpar y la atmósfera es de una claustrofobia total. 

La tensión va en aumento conforme se acerca el final y el lector se dará cuenta que quedó atrapado en esta lectura, tan atrapado como la misma Eileen en ese pueblo. Sólo que ella hará hasta lo imposible por salir mientras que quien está leyendo ya no podrá abandonar este universo creado, por más inhóspito que pueda ser.

Mi nombre era Eileen. Ottessa Moshfegh. 2015. Editorial Alfaguara.

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