México, sociedad complaciente ante ataques sexistas

Por Fernanda Ramos Pintle

El reloj marcaba las 6:05 de la tarde. En Avenida Revolución, a la altura de Benjamín Franklin, había un caos total. Los semáforos no servían y los automovilistas tenían que idear cómo pasar sin ningún incidente.

Los charcos en el asfalto eran la marca de que una tormenta había caído en la ciudad. Sin embargo para esa hora ya todos volvían a caminar por las calles, pues la lluvia había cesado. Los limpiaparabrisas trabajan otra vez y los vendedores ya se encontraban en la esquina del Soriana de Tacubaya para otra jornada de trabajo.

–Es mi novatada. Ayúdame para comprar mi uniforme de americano.

Así empezaba un cartelón con fondo verde fosforescente, éste era sostenido por dos jóvenes que usaban un vestido y un top con falda, respectivamente. Cada vez que los coches se paraban, ellos sólo se resignaban y caminaban entre los carriles para pedir dinero, vestidos con ropa de mujer. Uno que otro conductor reía, otros los miraban con rareza y transeúntes los señalaban.

¿En qué momento vestirse como mujer se convirtió en objeto de humillación? ¿Es una vergüenza usar un vestido o falda? Pues al parecer para los que siguen esta tradición de novatadas lo es, y también para toda una sociedad que lo acepta.

El lunes 18 de abril el portal Breitbart publicó un vídeo donde se puede ver a miembros de la Marina Armada de México posando a lado de presuntos pistoleros portando vestidos. De acuerdo a la publicación, los marinos obligan a los detenidos a vestirse de mujer para humillarlos, además de ser forzados a besarse.

Por otro lado, caminar por las calles de México usando cualquiera de las dos prendas ya mencionadas parece motivo de degradación. Las mujeres que usan este tipo de ropa es como si portaran una invitación a toda clase de miradas o  frases que incomodan.

–Ojalá que en el metro no les hagan nada, guapas.

Les dijeron a dos jovencitas que transitaban de camino al Metro Hidalgo. Una con vestido y la otra con jeans.

Hace cuatro años, el vocalista Iggy Pop causó controversia al vestirse como mujer. Usó un vestido y un bolso para el lente sueco de Mikael Jasson.  A pesar de que no era el primer rockstar en hacerlo, él no posó para llamar la atención sino por una simple motivo:

“No me avergüenzo de vestir como mujer, porque no creo que sea una vergüenza ser mujer”.

Ningún conductor les dio dinero a esos jóvenes que trataban de superar el reto para entrar al equipo de americano de la Preparatoria La Salle. Con muecas y sonrojados sólo recibieron risas, fotos y chiflidos.

Vestirse de mujer es una manera de humillar a unos jugadores y a presuntos delincuentes, o a cualquier hombre, decirle a alguien “pegas como niña” o “manejas un coche automático, eres vieja”  también se considera una agresión.

Estos ataques sexistas se reflejan en la cifra de 10 mil 522 mujeres asesinadas del 2010 al 2013, de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Y a ese 40 por ciento de la población femenina que prefiere cambiarse de ropa para evitar problemas.

Después de dos minutos entre los autos, los jóvenes regresaron con la mirada baja a la esquina del camellón en Avenida Revolución. Las manos vacías y un cartelón que justificaba su vestimenta y el motivo esa humillación.

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