México… la moral de lo inmoral

Por: Armando Martínez Leal

@armandoleal71

 

Libertad, igualdad y justicia,

pierden cada vez más su espesor problemático,

su condición de principios reguladores…

para petrificarse en significaciones sociales

al servicio de la fraseología del humanismo

más chabacano, huero y conservador

Fernando Bayón

 

El sistema político mexicano que emerge de la LOPE está agotado. En 1977 el régimen realizó un conjunto de reformas políticas con el objetivo de “democratizar” al sistema de partidos, de permitir que otros actores políticos participaran en la vida electoral del país; detrás de la LOPE no estaba la idea de abrir las puertas a una competencia real por el poder a través de un sistema de partidos, sino un simple cambio cosmético. La LOPE surge del diagnóstico que emerge del entendimiento por parte del régimen sobre ¿qué fue el movimiento estudiantil de 1968? ¿cuáles fueron sus causas? ¿porqué la emergencia de grupos guerrilleros?

La respuesta a esta pregunta ya no alcanzaba con la idea propagandística de fuerzas externas, el comunismo asechando México. Se trata, así lo refleja la LOPE, de una crisis del pacto político que emergió de la Revolución de 1910. Si Cárdenas institucionaliza la revolución a través del partido, que sería el vinculo y vehículo de la sociedad mexicana; la LOPE reconoce que el PRI ha dejado de ser ese medio entre el Estado y la sociedad.

El sistema de partidos actual emerge del acuerdo político comandado por el priista, Jesús Reyes Heroles, ahí participan diversas fuerzas y expresiones políticas del país, tanto de izquierda como de derecha. Ahí estaba en primera guardia la izquierda comunista luchando por la democratización del país, logrando la legalización del PCM. Ese legendario registro se tradujo en la creación del PRD. Que es el esfuerzo histórico de Arnoldo Martínez Verdugo por crear un gran frente de izquierdas.

Sin embargo, cuarenta años después ese modelo de partidos está absolutamente agotado. Ha demostrado su ineficacia en todos los sentidos. Hoy la nación está brutalmente empobrecida, confrontamos una ola violenta que es a todas luces inmoral; ya que hemos perdido nuestra capacidad de asombro. De acuerdo a la numeraria fantasmagórica en más de once años de la guerra emprendida por Calderón, llevamos casi 250 mil mexicanos muertos.

Las cifras han demostrado ser inciertas, los gobiernos en turno se han encargado sistemáticamente en encubrirlas, negar la realidad; pero además no se ha generado una verdadera reflexión respecto de lo que nos acontece. Estos tiempos deben dejar en nuestra conciencia pretérita una dolorosa huella. Desafortunadamente lo agitado del presente lo hace extremadamente confuso, vivimos una orgía de muerte y destrucción.

El bacanal informativo que alimenta al dios antropofágico, con muerte y escándalos de corrupción a llevado a los ciudadanos a extraerse de esa terrible condición. La borrachera informativa confirma la hipótesis de que todos los políticos son corruptos generando un básico instinto de sobrevivencia y atomizando la realidad, el ciudadano no quiere ser participe de ello, aunque por omisión lo es.

Confrontamos un fatalismo, pero lo hacemos a la mexicana, orgiásticamente, de manera alegre, nos embriagamos en nuestra decadencia. Vivimos nuestro fatídico estar embrutecidamente… en el fondo somos un colectivo confiado, que no se rebela, que no desfallece, que trata de conformar una totalidad a partir de sí mismo, en la creencia de que sólo en la totalidad todo se redime, aparece como bueno y justificado. Esto último lo escribía Mann a propósito de su presente y de la catastrófica experiencia que implicó la Primera Guerra Mundial; esto último es fantasmagóricamente aplicable a nuestro presente. En el centenario de Consideraciones de un apolítico (1918), las reflexiones de Thomas Mann… Saulo Mann, iluminan lo indeseable de nuestro presente.

Recientemente el líder opositor Andrés Manuel López Obrador planteó la posibilidad de un Congreso Moral… una Constitución Moral, la idea a todas luces es lo menos temeraria; frente a un Estado que tuvo a Benito Juárez… un Estado que confrontó una Guerra Cristera, un Estado que se declaró LAICO. Sin embargo, nuestro presente es profundamente inmoral, hemos dejado pasar los miles de muertos, es noticia cotidiana la cantidad de mujeres asesinadas, la numeraria feminicida señala que en promedio cada cuatro horas muere una mujer… niña, joven o adulta. Nuestro proyecto está eliminando mujeres.

Las cuentas también indican que el neoliberalismo ha producido millones de pobres, casi la mitad de la población se encuentra en esta condición, mientras los vecinos millonarios (Servitje, Slim, Chedraui, Baillères, Larrea Virgil González…) se hacen cada vez más millonarios. La justicia en México es el privilegio de los millonarios, ellos quedan a salvo de ella, ellos quedan fuera de ella, ellos pueden acceder a ella. Por justicia neoliberal son cada día más ricos, evaden el pago de impuestos, evaden la cárcel.

El neoliberalismo también nos deja un entramado institucional corrupto, en todos sus niveles; federal, estatal y municipal… el poder Ejecutivo está entrampado en una profunda decadencia, los funcionarios públicos ven en el presupuesto una suerte de caja pequeña desde donde retiran cantidades millonarias, que luego triangulan y lavan… sea para el proceso electoral o para sus bolsillos… y sus crímenes están fuera del alcance de la LEY.

La danza de los millones del presupuesto público que van de un banco a otro… hasta llegar a un paraíso fiscal que los blanquea, regresar luego para ser invertidos en la compra de votos y elecciones… inversión que crece en el nuevo cargo. La danza de los millones que son justificados en compra de ropa deportiva y cachuchas… los millones de la reconstrucción. La danza de los millones de la política de Sullivan, la señora Robles… que harta del desamor, decidió cual feminista progre-de izquierdas robar el dinero de los ancianos, robar el dinero de los pobres.

México está enfermo. En el trajín de los miles de millones de pesos del presupuesto público que acaban en los bolsillos de los políticos, éstos saltan de un partido a otro buscando la continuidad de sus privilegios, la posibilidad de seguir robando. Los diputados moches. La posibilidad de seguir robando de la señora de Sullivan vuelta política-feminista-progre y despechada… Robles y sus falsas licitaciones.

Hoy, la orgía noticiosa que vivimos marca una desastrosa agenda, es como si se tratara de la exhibición de las miserias… la intelectual, la moral, la ética. MORENA es un movimiento institucionalizado sin ideología, donde tiene cabida los extremos ideológicos al extremo que se pulveriza, al extremo que postula a un futbolista como candidato a gobernador —quien cobró 7millones por ser presidente municipal de Cuernavaca—. El PAN es una arcaica agrupación descobijada de su manto guadalupano… sólo preceptos moches, mochos quedan, sólo el enriquecimiento presupuestalmente explicable de sus militantes. El PRI, el dinosaurio que patea, postula a un candidato que insisten en dibujarlo como una buena persona… aparentemente todos son buenas personas. Buenas para robar, buenas para la corrupción. Los llamados independientes, parece que sólo lo son de la realidad, lograron las firmas establecidas con trampas, comprando el apoyo ciudadano.

El sistema de partidos que emerge de la lucha estudiantil de 1968, que da producto a la reforma institucional de 1977 está en crisis. Ninguno de los partidos sirve como un instrumento real, como una forma de acceder al poder por parte de los ciudadanos, son los vehículos para que los partidos insaculen puestos, los peleen con la saña de la silla… o dimitan de su organización, para cual conversos ser plurinominales, aparecer en otra lista. México vive una profunda crisis que los ciudadanos no hemos querido asumir, hacernos responsables de nuestra realidad. Estos tiempos dejan una dolorosa huella, sí el espacio público es convulso, los problemas se mezclan unos con otros, aparecen a la mirada del ciudadano como revueltos, bullen, se mezclan, planteando que no hay un horizonte claro. Sin embargo, la época nos obliga a una toma de posición política.

Pero la decisión moral, más allá de todo saber, de todo conocimiento disolvente y apático, ¿no significa al mismo tiempo una simplificación moral del mundo y del alma, y, por consiguiente, una propensión al mal, a lo prohibido, a lo moralmente prohibido? Y la forma, a su vez, ¿no presenta un doble aspecto? ¿No es moral e inmoral a la vez: moral como resultado y expresión del esfuerzo disciplinado, pero amoral, e incluso inmoral, puesto que encierra por naturaleza una indiferencia moral y porque, más aún, aspira esencialmente a humillar lo moral bajo su ceño orgulloso y despótico?

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