El arte urbano, el que todos se niegan a ver, pero que es de todos (Cuarta Parte)

Por Alejandra Ayluardo

Fotos: Christian Araballo y Eduardo Salvatori (Cortesía)

El arte urbano en la Ciudad de México está atestado de claroscuros por los prejuicios sociales, la inseguridad y en cierto modo la falta de profundidad que se tiene en la veloz y monótona vida cotidiana en la capital.

En la década de los noventa, el choque político-social y cultural entre México y los países aledaños a causa de la migración y el desarrollo tecnológico sostenido por la globalización, causó, entre otras cosas, el surgimiento de revolucionarias manifestaciones artísticas en el país.

La concentración demográfica en las grandes urbes funcionó como imán para el hoy conocido como arte urbano, el cual se entiende como una serie de expresiones artísticas que toman como escenario principal a la vía pública con el objetivo de transmitir mensajes que, en muchas ocasiones, son distintos al arte aceptado y digerido por las masas.

Este tipo de expresión artística busca un lienzo o escenario para reproducir el arte e incluye al graffiti, el teatro, el malabarismo, la música, entre otras demostraciones.

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Eduardo Salvatori de 28 años, forma parte de un conjunto que se dedica a tocar son huasteco de manera independiente. Habla de la primera vez que tuvo contacto con el arte urbano expresado en notas musicales.

“Mi primer acercamiento con el arte urbano fue por mi vecino, él ya tenía algunos años tocando son huasteco en taquerías cercanas a donde vivimos. El arte urbano para mi es la mayoría de las veces, un respiro o un descanso para poder olvidar por un momento lo caótico que llega a ser la ciudad un día cualquiera, tanto para el músico como para la audiencia.

“El motivo principal por el cual realicé arte urbano fue por necesidad ya que cuando empecé no tenía un trabajo estable, ahora es por el gusto de tocar música huasteca. Se utiliza la calle por la falta de foros en dónde presentar la música huasteca, no es un género común y hace mucha falta la difusión”, declaró Eduardo.

Christian Araballo, de 35 años, músico que se dedica al son huasteco platica con emoción que su primer experiencia con la música en la calle.

“Fue hace 15 años, cuando escuché el canto cansado pero firme de un jaranero que entonaba una ‘rancherita’ en el mercado de San Bartolo, en Naucalpan, Estado de México. De repente se despertaron en mi interior unas ganas de tocar un instrumento y cantar como él en medio de un transitado pasillo del mercado de San Bartolo.

“El arte urbano es un contacto directo a los sentidos, crudo y libre. Lo hago por necesidad, no sólo económica sino también de transmitir de primera mano la libertad que siento al tocar y cantar un son huasteco. La calle es para mí el foro, el escenario, la sala de conciertos más noble pues en ella tu arte es disfrutado por personas muy diferentes, desde el comerciante hasta el empresario, pasando por los cargadores, comensales, mujeres, hombres, niños, estudiantes… El arte urbano ha evolucionado poco a poco hacia una expresión cada vez más profesional por parte de los artistas, hay mucho arte en la calle que sorprendería al más exigente. Contemplar es el alimento de todo artista…”, dijo Christian.

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Los artistas urbanos se exponen todos los días a una serie de riesgos que se presentan en las calles, asimismo, existen prejuicios como la drogadicción y la ignorancia que hacen más complicada la expresión en la vía pública.

Bruno Díaz asegura que no existe una relación directa entre el arte urbano y la drogadicción o personas en situación de calle.

“Una cosa es el artista callejero que sale a las calles porque quiere hacerlo y otra es el artista en situación de calle que lo hace por mera necesidad económica. Mientras el artista tiene el conocimiento, el otro desconoce las habilidades técnicas, pienso que son los prejuicios sociales los que tergiversan el concepto. Los problemas más grandes que existe en los semáforos es la inseguridad… los robos, los atropellos, la convivencia en los puntos de trabajo en el espacio público. Ese fue uno de los motivos por los cuales decidí dejar el semáforo y dar talleres a diversos grupos controlados, la inseguridad”.

Sin embargo, un vecino de la delegación Tlalpan que pidió el anonimato opina lo contrario:

“Son la escoria social, dañados, ignorantes, tatuados, con perforaciones, drogadictos… Sería mejor que no existieran. Ni estudios tienen, son parásitos sociales. Lo malo es que la gente los mantiene dándoles dinero en cada semáforo. Ganan más que un profesionista al día y por lastima, es absurdo… Los que se esfuerzan ganan menos que los que sólo salen a las calles a sacarle el dinero a la gente”.

Nicho González opina que “el arte y los problemas de drogadicción, situación de calle y demás cosas tienen relación porque el arte es la herramienta perfecta para poder enfrentar y superar esta clase de situaciones. El problema son los tabúes sociales que existen, los prejuicios y el poco apoyo hacia el talento”.

Carlos Froylán, dice que no existe una relación entre la drogadicción y el artista urbano y que “cada quien busca sus vicios haga lo que haga”, y con respecto a los riesgos en las calles mencionó que “en algunos lugares no está permitido y los policías te pueden llevar al Ministerio Público”.

El arte urbano, el que todos se niegan a ver…(Primera parte)

El arte urbano, el que todos de niegan a ver..(Segunda Parte)

El arte urbano, el que todos se niegan a ver…(Tercera parte)

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