Los “tiritos” en El Callejón del Diablo

Por Julio César Romano Gutiérrez

Foto: Edgar López

Todo parece marchar normal alrededor de las 2:40 de la tarde en las afueras de la Escuela Secundaria y Preparatoria Justo Sierra. Como de costumbre, el puesto de tortas “El Negro” está lleno por tratarse de la hora de la comida.

De repente un grupo de jóvenes se acerca rápidamente entre gritos y aparentes consignas que suelen decir: “¡Pártele la madre Bambino!” o “¡Dale duro Tanque!” Los uniformados, algunos de color azul con pantalón gris y otros de deportes, se dirigen al ya conocido “Callejón del Diablo”, en donde suelen ajustar cuentas al mero estilo mexicano, a puño limpio como los luchadores.

“Otra vez estos desmadrosos, a ver si no les lanzan la tira”, menciona “El Negro”, tortero que conoce perfectamente a todos los muchachos que caminan hacia el agarrón. Una señora que está sentada a mi costado, solamente se ríe y mueve la cabeza, haciendo referencia a un “no” contundente.

“No pues ya estuvo que hoy si les cae Negrito, la vecina del 24 ya llegó de vacaciones y no le va gustar que se vayan a partir la madre enfrente de su casa”. Aparentemente todo mundo sabe lo que va a pasar, así que me pego al último grupo de jóvenes que van hacia la pelea.

Después de pasar la tienda de abarrotes, la papelería y la tintorería, el aparente contingente da vuelta a la derecha, en donde ya se encuentran varias personas con el celular en modo de grabar.

Al fondo del callejón está un altar a la Virgen de Guadalupe, en donde “El Tanque”, con el pants doblado, playera de tirantes, un escapulario y unos tenis, mejor conocidos como Adicolor, se persigna, hace un aparente ritual y se comienza a dar cachetadas, (la gente comenta que “para prenderse”), acompañado de una que otra risa.

Los dos personajes se tienen frente a frente. A lo lejos se escuchan los gritos que exclaman “¡Solos! ¡Solos”, acompañados del tradicional “¡Cámara we, yo los grabo”! “¡Ya dale en su madre Tanque!”.

“El Bambino” intenta empujar al “Tanque” y éste se hace a un lado. Comienzan los golpes acompañados de las patadas, los estirones de playeras seguidos de los cabezazos. Pero más tardaron en comenzar a pegarse, que en lo que salió la vecina del 24, exigiendo que se fueran, porque ya había llamado a “la tira”. Los jóvenes no hicieron caso, hasta que a lo lejos se escuchó una sirena de una “julia”, momento en que todos se echaron a correr.

La patrulla no alcanzó a nadie, pero está claro que en “El Callejón del Diablo” más sabe el diablo por viejo que por diablo, o más sabe la vecina del 24 por diabla, que por vieja.

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