En los talleres del metro, la aparecida de Ticomán

Por J. Tonatiuh Pérez Cisneros

Ubicados al norte de la Ciudad de México, los talleres del Metro de Ticomán guardan en sus entrañas, desde los primeros minutos después de la medianoche, los gusanos naranjas, donde renuevan fuerzas para  seguir los recorridos a lo largo de la gran Tenochtitlán.

Son talleres que ocultan infinidad de historias. Durante su construcción se encontraron diferentes restos de animales como mamuts. Hoy, en sus diferentes garajes, el personal del Metro les da mantenimiento a los convoyes y a lo largo de la jornada laboral se pueden escuchar diferentes testimonios acerca de una niña que se pasea de punta a punta por todos los garajes.

Por seguridad y por reglamento los infantes, hijos de los trabajadores, no pueden asistir y permanecer en los talleres. Por eso es más extraño que las risas de una niña rompan el silencio de la noche en un garaje.

Un testimonio de un trabajador indica que, al estar trabajando en la parte inferior del tren, en la fosa que es el espacio donde están los técnicos del Metro revisando los nueve carros que compone un convoy del Metro, vio como corría una pequeña con vestido color blanco.

Por la posición sólo vio los pies. Al salir de la fosa y recorrer de punta a punta el garaje no encontró a la niña. Más raro resultó porque la noche cobijaba el taller y la mayor parte del personal se había retirado a sus hogares. Los que continuaban laborando eran del turno nocturno o las guardias.

No es el primer testimonio que se conoce de la famosa niña que corre y se ríe por los talleres de Ticomán. Unos nada más la han visto correr y desaparecer. A otros su risa les rompe la monotonía de la noche. Puede que el miedo les recorra las entrañas del cuerpo, pero al parecer nada más juega, como todo infante, a las escondidillas.

Casi todos los trabajadores han interactuado con ella, pero ninguno sabe su nombre o por qué sigue apegada al mundo de los vivos.

Fotos no hay, video tampoco, pero sí infinidad de relatos que se pueden platicar mientas esperamos el siguiente convoy debajo del reloj.

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