El túnel ya estaba hecho

Por Rivelino Rueda

ALMOLOYA DE JUÁREZ.– Hay cosas que todos los hombres se llevan consigo a la tumba, pero esta tarde con un vientecillo helado Manuel decide sacarlo todo, desahogarse, tan solo a unas horas de la fuga del narcotraficante Joaquín «El Chapo» Guzmán del penal de máxima seguridad del Altiplano.

Los ojos son los de una persona que no ha dormido en días. Porta mecánicamente su rifle viejo de asalto R-15 y cuando relata su testimonio, lo que él vio a lo largo de estas horas, se le nota un profundo alivio. Sonríe incluso. Tenía muchos días sin sonreír.

 

Foto: Juan Pueblo
Foto: Juan Pueblo

«La alerta se emitió a las diez de la noche y la fuga fue casi a las nueve. Nos sacaron a un grupo a buscarlo a esta área casi a la media noche y hasta las seis de la mañana, con el frío, con la oscuridad. No se ve nada en esta zona, nada, ni por dónde pisas», narra Manuel, guardia del penal de máxima seguridad del Altiplano.

Hace unos 20 minutos entró el último grupo de reporteros al terreno donde se encuentra la casa-bodegón por donde supuestamente escapó el capo.

Todavía se encuentran en las inmediaciones algunos periodistas de televisión realizando enlaces, a pesar de la orden de funcionarios de la Procuraduría General de la República (PGR) de cerrar el perímetro e impedir el acceso a todo el que no esté autorizado.

Toma por sorpresa unos pasos a poca distancia, pero más sorprende que Manuel empareje el paso, Manuel, el guardia que hace unos momentos se sonrió con la pregunta de si algún helicóptero podría haber aterrizado cerca del lugar para consumar la fuga.

«Este túnel no lo construyeron en un año. Que se los crea su madre», comenta el guardia casi sobre el hombro. «Haga memoria», continúa, «‘El Chapo’ estuvo aquí hace 20 años y lo llevaron a Puente Grande porque había sospechas de una posible fuga».

Manuel se detiene a un lado de una camioneta de seguridad del penal de máxima seguridad. Las botas enlodadas y el uniforme azul de tonalidades blancuzcas por el polvo acumulado hacen juego con un rostro agrietado por el cansancio, por la acumulación de sueño.

Del lado derecho, el penal de máxima seguridad, con sus lucecillas parpadeantes en las Torres de vigilancia. Al frente, la reja perimetral de la Octava Región Militar. A las espaldas esa casucha-bodegón de tabiques por donde supuestamente salió el líder del cártel de Sinaloa.

Pide un cigarro y exhala profundo. «No he dormido en tres días, y medio he comido. Está de la chingada».

–¿Pues cuánto lleva aquí?

–Nos sacaron casi a las 12 de la noche y de ahí no hemos parado. Nos pusieron a buscar en esta zona, con el frío, con la oscuridad. No se ve nada, nada, ni por donde uno pisa.

Para allá –señala hacia el penal– «no crea que está plano, hay zanjas, el lodo llega hasta las rodillas. No se ve nada. Te caes constantemente».

Manuel inhala profundo el humo del cigarro, lo guarda un rato en los pulmones y lo expulsa con fuerza. «Este túnel no lo hicieron en un año», repite.

–¿Por qué lo dice?

–Haga memoria. Hace 20 años se lo llevaron (a Guzmán Loera) a Puente Grande porque había sospechas de que se iba a fugar en cualquier momento. Allá salió caminando. Este túnel no se construye en un año ¿Y la tierra? ¿Dónde la dejaron? Este hoyo ya estaba terminado o estaba por terminarse hace 20 años y ahora nada más retomaron el plan. Lo que sí es reciente es la casa, antes no estaba.

«Imagínese, su celda estaba allá», señala hacia un punto impreciso del penal. «Ve esa torre grande en medio, donde están las luces rojas, ahí mero, y cavar hasta acá…No se construyó en un año, que eso se los crea su madre».

Manuel Sonríe. No se cansa de sonreír. Es como un placebo para su cuerpo exhausto. Hay cosas que todos los hombres se llevan consigo a la tumba, pero está tarde con un vientecillo helado Manuel quiso sacar todo, desahogarse.

–Pues por lo que me dice, se ve que sobornó a muchos…

Manuel sonríe y pide otro cigarro. «Ya verá, ya verá».

 

Foto: Juan Pueblo
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