Los fantasmas que persiguieron a Madero hasta después de su asesinato

Por María Alejandra Yáñez Navarrete

 

Foto: Cortesía

Diseño: Valeria Loya

 

La familia Madero ya llevaba años separada, y cuando Esther se encontraba en sus 12 años por fin todos estaban reunidos nuevamente después de mucho tiempo. Una reunión que además de alegría trajo consigo una pequeña intriga que se plasmó en la fotografía familiar recién tomada.

 

Apenas terminada la Revolución, una de las pocas propiedades que continuó en la familia después de los trágicos eventos ocurridos en la Ciudad de México y en la familia Madero fue la hacienda de San Pedro de las Colonias, en Torreón

 

¿El dueño de aquella hacienda?, Alfonso Madero, el patriarca de la familia, justo al centro de la fotografía, sentado al lado de su esposa, de manos cruzadas, con unos anteojos que ocultaban su vista y de piernas igualmente cruzadas.

 

Así fue como la familia Madero celebró su encuentro, con una comida y una fotografía que quedaría en la familia por generaciones. Y es que después de que cada uno de los nueve hijos tuvo que huir a distintas partes de Estados Unidos, luego de la muerte del presidente Francisco I. Madero, algunos se resguardaron en New York, otros en San Antonio y Dallas.

 

Ninguno de los nueve hijos se salvó de la tragedia. Todos eran perseguidos, pues la cabeza de cada uno de ellos ya tenía precio. Mientras huían, la mayor parte de sus tierras y fortuna fueron arrebatadas de la herencia familiar.

 

Pero ahora se les podía ver perfectamente ordenados. De abajo a arriba y de izquierda a derecha se pueden apreciar a Herminia Ornedo, Sara Zambrano, Alfonso Madero, Conchita Herrera, Esther Madero.

Justo atrás de Esther Madero se situó otro nieto de Alfonso: Antonio Madero, quien se encontraba junto a su padre Francisco Madero Zambrano; María del Socorro Madero Zambrano, Lorenzo Madero Z., Marcelo Madero Z., Sara Madero Z., Roberto Madero Z. y, por último, Alfonso Madero Zambrano.

 

La familia estaba completa y la Revolución había culminado, pero había un integrante más en la fotografía, a quien nadie esperaba. Justo en la entrada hacia la casa, en esa enorme puerta de vidrio, al lado Francisco Madero Zambrano, se acomoda una pequeña cabeza sobre su hombro derecho.

 

Con la mano apoyada sobre su barbilla pareciera que la pequeña mira hacia la cámara fotográfica, al igual que todos los presentes ¿Quién podría ser aquella pequeña intrusa?

 

Y es que en la hacienda no estaban presentes más que los familiares y el servicio, por lo tanto, aquel pequeño rostro, aquella pequeña pertenecía a la bebé de Francisco Madero Zambrano y Conchita Herrera, padres de una niña quien fue bautizada debidamente.

 

Pero hay una razón para que la niña no esté en brazos de su madre. En el día del bautizo de la hija de Francisco y Conchita, el cura ensalivó su dedo pulgar y lo llenó de sal, llevando el mismo a la boca de la bebé, y es que esa pequeña acción culminó en una infección en la piel de la pequeña, la cual la llevó a una muy temprana muerte.

 

La bebé había fallecido hace apenas unos meses, pero aun así logró aparecer en la fotografía familiar, presenciando el reencuentro de la familia Madero.

 

Pocos saben que antes de tomar la foto, Alfonso Madero dio un brindis con sus nueve hijos, dos nietos y esposa, en el brindis se permitió sacar a flote su emoción.

 

“Hay que darle gracias a Dios que estamos reunidos después de tanto tiempo y que por fin la tranquilidad vuelve a la familia Madero”.

 

La fotografía que aún se encuentra en manos de la Familia Madero no es sólo un recuerdo colgado en la pared de la casa, también es una historia de incertidumbre que invita a los amigos de la familia a pegar el rostro a centímetros del retrato, asombrándose al ver a la pequeña bebe asomada por la ventana.

Related posts