De esas veces que Putla se llenó de magia

Por Ingrid Gómez Lugos

Foto: Cortesía Ingrid Gómez Lugos

Las ramas de los árboles se estremecían una tarde de marzo de 1978. La Escuela Primaria Benito Juárez ubicada en el municipio de Putla Villa de Guerrero, Oaxaca, se vistió de anfitriona para dar inicio a un encuentro de basquetbol entre la escuela de Constancia del Rosario (municipio del distrito de Putla) y la misma sede.

Gerardo Gómez Viedma tenía 10 años de edad. Su mayor anhelo era convertirse en un basquetbolista profesional, teniendo de ejemplo a su padre, un gran jugador en el ámbito deportivo. Sin embargo, nunca le enseñó a jugar.

-Desde los cuatro años mi más grande vicio siempre fue el basquetbol. Cada año en el día en el día de los Reyes Magos esperaba ansioso mi balón, pues era  el máximo regalo que podía recibir. Recuerdo también que mis padres me mandaban por las tardes a cursos de mecanografía. Eso no me gustaba, entonces sólo iba a que me pasaran asistencia, para después salirme a jugar a la cancha.

La escuela estaba en frente de su casa, eso facilitaba mucho más el contacto con este deporte. La cancha se convertía poco a poco en su segundo hogar y el balón en el más intimo testigo de su felicidad desbordada al momento de entrar en el aro y anotar una canasta.

-Mientras estaba en la primaria mi mayor meta era ser parte de la selección de basquetbol, y así fue. Logré pertenecer y esto dio pie a mi historia con el balón entre las manos.

Esa tarde de marzo él jugaría en la Benito Juárez, en el equipo de la misma primaria de aquel anhelo. El niño Gerardo estaba emocionado y llevaba en mente echarle muchas ganas y resultar victorioso, ya que el año anterior los del equipo de Constancia del Rosario les habían ganado.

-Recuerdo perfectamente que éramos cinco integrantes del equipo. Nosotros creamos el uniforme. Cada uno utilizó una playera blanca, misma que teñimos nosotros mismos con pintura guinda y una liga para formar un círculo blanco. Nos pusimos un short negro, las calcetas y los tenis, a excepción de un compañero del equipo que no contaba con los recursos económicos y tuvo que jugar descalzo (se observa claramente en la fotografía).

Ya era la tan esperada tarde noche de primavera. Una cancha de Pueblo albergaba a toda la muchedumbre perteneciente a la institución. Maestros y alumnos estaban reunidos. El apoyo y el entusiasmo brotaban en los aplausos y se escuchaban los gritos de motivación. Durante el partido los ánimos aumentaron, aún más al llegar la final, porque ambos equipos iban en empate.

-Era una ovación enorme. Recuerdo que quedaban segundos. Tomé el balón, lo lancé a la canasta y en ese instante pitó la mesa para indicar que ya se había terminado el partido. El árbitro es quien tenía la última decisión, y él dio la seña justo en el instante en el que el balón iba entrando al aro.  Con esa canasta que hice subimos dos puntos arriba.  Eso generó una gran controversia, y una enorme discusión por la que por poco se llega a los golpes (entre los entrenadores).

Este año fue de revancha. El equipo putleco triunfó y un partido que pudo ser insignificante para algunos fue para Gerardo el que denotaría un nuevo inicio en su trayectoria como basquetbolista, mismo que también marcaría su infancia por el resto de su vida.

 

-Al final hubo un personaje que dejó huella en ese día. El médico Rolando Olazábal, que al momento de culminar el partido me levantó en sus hombros y comenzó a correr en la cancha, sosteniéndome como si yo fuera el héroe del equipo. Ese fue un momento maravilloso en mi infancia, porque ahí sentí que el basquetbol sería una de mis mayores pasiones en la vida.

Gerardo continuó jugando hasta llegar a la secundaria. Donde todavía no alcanzaba la estatura para el básquet. Entonces decidió entrar al equipo de voleibol.  En el bachillerato volvió al basquetbol, de ahí hasta la carrera, donde logró ir a varios torneos a nivel nacional representando al Instituto Tecnológico de Oaxaca, lugar donde cursó su licenciatura.

-Mi aspiración fue jugar con la selección de Oaxaca. Tuve la oportunidad de participar un año. Representé orgullosamente a mi estado. Aunque no nos fue tan bien, demostramos que en Oaxaca no hay sólo chaparros, gordos y cabezones. Hay también gente alta que pone en alto el nombre de nuestro estado. Posterior a estas experiencias me he dedicado a entrenar equipos, apoyar a jóvenes que tengan el talento y las ganas de hacer una carrera comprometidos al mismo tiempo con el basquetbol.

Gerardo Gómez Viedma es un ejemplo de que los sueños pueden cumplirse, que a veces la infancia nos marca y que aunque no podamos dedicarnos por completo a lo que nos gusta siempre habrá tiempo para ser felices. Porque lo bueno de ti, ese talento siempre perdurará.

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