Por Roque Juan Carrasco Aquino
“…de lo que se trata en realidad y para el materialista práctico, es decir, para el comunista, es de revolucionar el mundo existente, de atacar prácticamente y de hacer cambiar las cosas con que nos encontramos” (Marx y Engels; 1980: 10. Obras Escogidas; Tomo I).
La crisis imperial en colapso nacional impacta a escala mundial; su hegemonía sepulturera en la economía y comercial. No sólo abarca el desprecio de nacionalidades ni asomo por equivocación la diseminación insurreccional pacífica. No, es el colapso en sus propios territorios con ciudadanos contrarios a las políticas de desprecio, explotación, autoritarismo, militarización, supremacía racial, etc.
Sin embargo, el factor principal del imperio en decadencia es la generalización de sus fracasos, así como de acciones contrarias a las propias leyes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; de las declaraciones y Principios numeral: 1. “La libertad de expresión, en todas sus formas y manifestaciones es un derecho fundamental e inalienable, inherente a todas las personas. Es, además, un requisito indispensable para la existencia misma de una sociedad democrática”. (CIDH; 2000: 1-2).
Esto es lo que demandan las manifestaciones, independientemente de ser o no indocumentados.
Asimismo, cómo y dónde surgen estas declaraciones imprescindibles. Hoy día, podemos aproximarnos a sus orígenes en esta cita:
“RECORDANDO que la libertad de expresión es un derecho fundamental reconocido en la Declaración Americana sobre los Derechos y Deberes del Hombre y la Convención Americana sobre Derechos Humanos, la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Resolución 59 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la Resolución 104 adoptada por la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, así como en otros instrumentos internacionales y constituciones nacionales” (ibidem).
Supura el imperio de miedo asimilado; además, se cuestionan sus aberraciones. El presidente Donald Trump aplica la fuerza violentando los derechos humanos. Sin duda, es la negación del diálogo razonado, pues son respuestas regularizadas en todos los Estados fascistas del mundo.
Pese a ello, la libertad de las ideas se concentran en las calles de la Ciudad de Los Ángeles (bastión de las voces latinoamericanas en barricadas frente al imperio fascista) y en otros estados de la usurpación, hoy, llamada “Unión Americana”; entre estos temores resaltan organizadamente multitudes, movilizaciones, insumisiones, rebeldía, características de luchas antisistémicas.
De Trump se espera el racismo, la xenofobia y más; es evidente su desprecio a los latinoamericanos; además, acostumbrado a imponer sus leyes, reprimir a universitarios quienes están a favor de los Palestinos; increpar a la fuerza contra la ideología del poder imperial, deporta a los que considera raza inferior a exterminar.
De las provocaciones a la justificación de militarizar la Ciudad de Los Ángeles, el pretexto de la sinrazón a falta de argumentos objetivos e inteligentes la fuerza, la represión y el autoritarismo rampante: Al final es el revés antihumanidad. Los social es crimen, como lo es la inteligencia para debatir; entonces, se retoma la soberanía al aplicar la irracionalidad. Pues, se descalifica con insurrección o criminalizar protestas.
En esta fase de la descomposición imperial se impone la ferocidad; los indocumentados son lo irracional y el imperio desborda sus desprecios hacia un sector de la fuerza de trabajo para abaratarla, en un escenario del mercado especulativo de ella.
Rescatamos de una idea sobre el capital-imperio: “Si en las anteriores concepciones de soberanía existía una separación entre lo natural y lo social, pues esto último resultaba un artificio efectivo de liberación de lo irracional” (Sánchez; 2004; 3).
El argumento es que, tanto lo natural como lo social son parte de un proceso dialéctico y el imperio no soporta la organización crítica, la protesta antisistémica y anticapitalista de su irracionalidad fascista-imperialista.
Sus funcionarios de todas las Secretarías cumplen a cabalidad órdenes autoritarias de Trump. Nada lejano de las políticas del sionismo judío en contra de niños, mujeres embarazadas y personas de la tercera edad; todos, están siendo asesinados con la autorización del exterminador de Estados Unidos fascista.
El racismo aflora de parte de la ultraderecha internacional; en tanto, los países europeo-occidentales, agoniza en baños de sangre; ahora, se descaracteriza de aquella llamada civilización, referente social, es decir, “…a largo de las últimas centurias (aproximadamente desde los siglos XV-XVI) la avanzada indiscutible de toda la civilización…” (Iliénkov; s/f: 1-2); en el presente, se ha convertido en antihumanismo depredador de la generosidad.
El imperio decadente, hoy, se refuerza reprimiendo, deportando, golpeando salvajemente, aumentado aranceles, enjaulando a niños, mujeres y a toda población migrante.
Esto indica que, dentro de sus esquemas del pensamiento irracional, es normal para aceptar solamente a los sumisos, obedientes y asimiladores del poder de la hegemonía imperialista. De lo contrario, serán expulsados y jamás tendrán la oportunidad de alcanzar el “sueño americano” de que todo se vende y compra bajo el paraguas de las mercancías; por supuesto, incluyendo a los migrantes, es decir, a la fuerza de trabajo explotada: la mercancía móvil y prescindible por máquinas.
El ser social lo subsume el capital, cual vil objeto inservible: usar, explotar, enajenar, deshumanizar y desvalorizar.
A opiniones de un razonamiento civilizado, comprensible, tolerante, incluyente, solidario, dialogante y antisistémico, el imperio actúa de forma contraria en su irracionalidad descerebrada.
La decadencia y el actual capitalismo mundializado en crisis responde de esta manera: violenta, despreciando vidas, sobreexplotando, sin importar edad, nacionalidad, ideología, etc. No existe otra expresión humanitaria ni solidaridad para reivindicar el humanismo en los Estados Unidos: la civilización occidental depredada en pillaje por la derecha mundializada.
La lógica del imperio y del capital es la barbarie, puesta en marcha ante su debacle y su autodestrucción. Sólo el proletariado organizado podrá arrebatar de las garras asesinas capitalistas la otra sociedad posible para todos todo, para el capital nada.
Referencias
– Comisión Interamericana de Derechos Humanos -CIDH- (2000): Principio 1. Declaración de principios sobre libertad de expresión. En línea. Página web: https://www.oas.org/es/cidh/mandato/documentos-basicos/declaracion-principios-libertad-expresion.pdf
– Iliénkov, Evald (s/f): Marx y el mundo occidental. En línea. Página web: https://marxismocritico.com/wp-content/uploads/2014/02/ilienkov-marx-y-el-mundo-occidental.pdf
– Marx, Carlos y Engels, Federico (1980): Obras escogidas, tomo I. En línea. Página web: https://www.marxists.org/espanol/m-e/oe/pdf/oe3-v1.pdf– Sánchez, Estellés Isis (2004): El Capitalismo Imperio y la Teoría Crítica. Nómadas, núm. 9, enero-junio. Universidad Complutense de Madrid. Madrid, España. En línea. Página web: https://www.redalyc.org/pdf/181/18100925.pdf