La violencia de “El Güero” para retener a María

Por Joana Mayen Guerrero

Foto: Eréndira Negrete

¿Cuántas veces hemos escuchado eso de que “si tu marido te pega es porque hiciste algo que no le gustó”? ¿Cuántas mujeres creen que un insulto, una agresión sexual o física por parte de sus esposos no es violencia? María nació en Veracruz hace 40 años. Su vida ha estado rodeada de violencia física y psicológica. Quizá para María esto sea algo “normal”.

María es originaria de Veracruz, pero desde hace muchos años radica en alguna de las tantas colonias que tiene la Ciudad de México. Una metrópoli donde el caos y la vida apresurada no han de faltar.

Sus padres fueron unos campesinos pobres. Sin embargo, los recuerdos que tiene de ellos son muy pocos. Quedó huérfana a temprana edad. Fue adoptada por unos tíos, quienes se encontraban en una situación de pobreza extrema. La vida de María no fue fácil a lado de sus tíos. Tuvo que dejar la escuela (sólo terminó cuarto año de primaria) para trabajar largas horas en el campo. Ahí cortaba café, sembraba semillas. A veces cortaba chiles.

El sueldo era muy bajo. Tan bajo que ni siquiera le alcanzaba para una comida digna. Parecía que toda la comunidad se encontraba en la misma situación. Un pueblo pobre con muchos habitantes. Con poca educación.

Debido a la pobreza extrema que había en su pueblo, a los 13 años se vino a la Ciudad de México, creyendo que iba a lograr sus sueños de una vida mejor. Un mejor trabajo.

***

Al llegar a la capital buscó el domicilio de un primo. Encontró a su primo, pero nada resultó como ella esperaba. Armando (el primo) era un hombre joven. Fornido. De mediana estatura. Ojos color café oscuro. Cabello corto y ondulado. Armando era un hombre alcohólico, de ello pudo dar cuenta María.

Para María todo volvió a tornarse como al principio. Pobreza. Hambre. Y encima de todo aguantar a un alcohólico. Tomaba como si el alcohol fuese a acabarse algún día.

En una ocasión, por lo borracho que estaba, Armando intentó violar a María. Solo quedó en el intento, pues de alguna manera pudo escapar aquella noche. Al día siguiente y sin que él se acordara de lo que intentó hacer buscó a María. Cuando la encontró se la llevó a Atizapán, a una casa grande, muy grande. Bonita y lujosa. Quizá una casa digna de una zona donde el dinero nunca falta. Armando tocó el timbre. Salió la señora y recibió a María. Era la nueva sirvienta de la casa. Durante algún tiempo fue sirvienta de planta, luego dejaría el empleo.

***

A los 15 años María ya conocía como la palma de su mano la Ciudad y el Estado de México. Ella buscó sus trabajos. Siempre de limpieza doméstica, pues por sus escasos estudios no encontró  estabilidad en alguna empresa. Sus empleos eran de entrada por salida. Vivía en un modesto cuarto que rentaba en el barrio de San Mateo Nopala, en el Estado de México. Ahí pasó un tiempo. Quizá hasta que decidió juntarse con el famoso “Güero”.

A simple vista el Güero era un hombre joven y bien parecido. En aquel tiempo en el que la foto fue tomada, “El Güero” tenía 18 años. Era un hombre delgado. Un poco alto. Ojos café claro. Su piel podría compararse con la de un papel. Su pelo parecía brillar como el oro, al igual que su bigote. El bigote que siempre lo ha caracterizado. Puede ser que por aquellas características en San Mateo todos lo conocían como “El Güero”, incluso María.

Él veía pasar todos los días a María (para él ella era “La Zapatitos”) cuando iba rumbo a su trabajo. Aunque él no vivía en San Mateo, tenía un negocio para reparar televisiones, estéreos y cualquier tipo de aparatos electrodomésticos. Ahí comenzó aquel romance. Un Romance que no tardaría en tornarse frío, devastador. En pocos años “El Güero” quedaría a deber alegría. En pocos años haría doler. No dejaría de ser miserable.

***

“Comenzarás a conocerme más, te voy a decepcionar y jamás cambiaré”, serían las palabras adecuadas que “El Güero” hubiera podido decirle a María. Ella nunca pensó que todo se volvería un calvario. Se juntaron y unos meses fue cariño. Amor.

Vivieron un tiempo en el cuarto que María rentaba. Poco tiempo después “El Güero” se la llevó a vivir a la casa de su mamá. Todo sería un problema. Vivir amontonados, en un solo espacio. Problemas con la hermana menor de “El Güero” y, sobre todo, por el alcoholismo de él.

Empezaron los problemas. La mamá de “El Güero” no aceptaba a María como mujer de su hijo. María se embarazó y aun con su estado, la mamá de le ofreció dinero para que se fuera y dejara a su hijo. Por supuesto que ella no aceptó, pues qué iba a hacer sola con un bebé en camino.

“Tal vez hubiese sido mejor que lo dejara”, me comentó María. [Su problema de alcoholismo hizo de mi vida un infierno, cachetadas, insultos, chantajes, era lo único que podía recibir de él]. Le pregunté: ¿De qué manera te chantajeaba?

Cuando estaba muy borracho se subía a la azotea, dando espectáculos, amenazando con matarse. Había ocasiones en las que tomaba el cuchillo y decía que se iba a matar si me iba. Otras veces rompía todo lo que estuviese a su alrededor.

Las estadísticas del INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía) muestran que en México alrededor de 20 millones de hogares enfrentan situaciones de violencia intrafamiliar y las principales víctimas son menores de edad, mujeres que sienten miedo al reconocer que sufren alguna agresión por parte de su marido, personas de la tercera edad y personas con capacidades diferentes.

Además, el estudio añade que nueve de cada diez mexicanos sabe que las mujeres y las menores son las principales víctimas de maltrato. Dicha información se fortalece con las estadísticas que emitió la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, donde reveló que en 28.6 millones de hogares existe violencia familiar.

***

Todos los días “El Güero” tomaba. En algunas ocasiones me daba la impresión que sólo trabajaba para mantener su vicio. A mi hija y a mí nos tenía viviendo en condiciones malas. Había veces en que no teníamos que comer. Era un irresponsable. No solo gastaba el poco dinero que ganaba en botellas de alcohol, también lo gastaba en mujeres.

Cuando mi hija tenía cinco años llegó muy golpeado. Llegó a la casa casi casi a rastras. Su pie lo tenía casi destruido por los golpes que le dieron. Aquella madrugada tuvimos que salir (su hermana y yo) y lo llevamos al hospital Magdalena de las Salinas para que lo atendieran. Pasó lo peor y estuvo un año de incapacidad. Ese año tuve que trabajar.

Entre lágrimas María me seguía contando cómo era su vida a lado de “El Güero”. Le pregunté: ¿En qué trabajó cuando su marido estaba incapacitado?

Trabajé en casa. Fue un momento muy difícil para mí, tuve que dejar a mi pequeña. También trabajé de lava loza. Era un trabajo muy pesado, salía muy tarde y no tenía mucho tiempo de estar con mi hija. Fue lo que más me dolió.

El alcoholismo es una adicción que destruye a las familias poco a poco. “El Güero”, a pesar de que estaba incapacitado por un largo año, no dejaba el alcohol. Quizá para él haya sido un refugio. Una salida a sus problemas. Para María solo era dolor. Angustia de dejar a su hija, que tan solo tenía cinco años en manos de un padre alcohólico. Pensando si su hija estaría bien. Pasó el año. María dejó el trabajo para cuidar de su hija. Pasaron los días, los meses, los años y María aún sigue en contacto con “El Güero”.

***

La llamada violencia intrafamiliar ha sido un problema bastante añejo. Siempre latente en nuestro entorno cotidiano. En nuestro día a día. Sin embargo, la notoriedad de la misma reside en la percepción social de los agentes. Ahora se puede decir que la sociedad acepta que la violencia en la familia está presente.

 

Related posts