La muerte en el Metro de Toronto

Texto y foto: J. Tonatiuh Pérez Cisneros

¿Cuántas historias esconde cada Metro del mundo? ¿Quién iba a pensar que en un sistema férreo de primer mundo, como el de Toronto inaugurado en 1954, y con 70 kilómetros de extensión, 80 estaciones y cuatro líneas, nos daría una sorpresa inimaginable?

En un recorrido de la estación Osgoode, Linea 1, a  Wilson. Un trayecto de aproximadamente media hora, en donde la afluencia de usuarios era precaria. Muchos pasajeros aún enfundados en sus  ropas invernales. Por suerte la ley se aplica y los “vagoneros” no existen. La tranquilidad del vagón se rompe en cada parada, y por el anuncio de  una voz femenina que anuncia la siguiente estación.

Un carruaje amplio, iluminado, con zona exclusiva para silla de ruedas. Asientos con forros color rojo, muy limpios. Señalización para invidentes. Como se diría por ahí, “un Metro de otro mundo”.

La gente sentada, en su mayoría, perdida en sus pensamientos o en su música, pocos libros se ven en las manos de los nativos.

Durante el recorrido una foto al vagón y a la estación. Para sorpresa, en una de las gráficas apareció una silueta al fondo del vagón. Viste de negro. Aalto, flaco. Podríamos decir que era la muerte. No sabemos la historia de algún hecho lamentable, mucho menos de cuentos de fantasmas en el Metro de Toronto. ¿Y si no fue aparición fortuita y  la foto lleva un mensaje con dedicatoria?

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