La letra escarlata: la marca del pecado

Por Anahí García Jáquez/Radio Gatell

Boston. Junio de 1642. Hester Prynne es expuesta ante una multitud que desea verla sentenciada. ¿Su delito? Haber tenido una hija fuera del matrimonio. 

Durante tres horas permanece sentada en una picota, mientras todos esperan que revele el nombre del padre de su hija. Al negarse a hacerlo, su castigo es usar una gran letra A en su pecho, como recordatorio de su falta.

La letra escarlata es un trabajo del escritor norteamericano Nathaniel Hawthorne y, además de ser ya un clásico de la literatura de ese país, cuenta entre sus méritos ser la primera novela impresa en cantidades grandes, además de haber sido todo un éxito al momento de su publicación y lanzamiento. 

Esto se debe sin duda a varios factores, uno de los cuales es el tener como protagonista a una mujer como Hester, a la que el lector irá conociendo poco a poco gracias al narrador omnisciente, quien describe los pensamientos y sentimientos no sólo de ella, sino del padre de la criatura y su esposo, quienes, obviamente, no son la misma persona. 

Los otros dos personajes importantes son Roger Chillingworth, quien vuelve después de haber sido dado por desaparecido y Arthur Dimmesdale, el reverendo del pueblo y que tuvo una relación ilícita con Hester.

El autor nos hace un retrato del puritanismo y sus efectos sobre un pueblo, quienes se convierten en una especie de Santa Inquisición y juzgan ferozmente a una mujer cuyo único delito ha sido amar a quien no debe, ya que es de naturaleza piadosa y sólo busca hacer el bien entre sus semejantes. 

Tan es así que jamás le niega la ayuda al mismo populacho que la señala como adúltera, pero que recurre a ella por su talento para la costura. 

Hester es, indudablemente, una especie de heroína, ya que tiene que soportar el escarnio y el aislamiento al que se auto somete para así poder llevar una vida un poco más tranquila y criar a su hija Pearl lejos de todo aquello.

Un caso aparte es el reverendo Dimmesdale, quien representa a la culpa tan grande que se experimenta cuando la pasión entra en conflicto con las creencias religiosas, por lo que no puede vivir en paz y su sufrimiento es cada vez mayor y lo va consumiendo poco a poco, pero no es juzgado como Hester, quien carga con todo el peso de lo que ambos llevaron a cabo. 

Se nos habla de la doble moral y la hipocresía, así como el rol de la mujer en una sociedad que le exige dar cuenta de sus actos y la obliga a lidiar con las consecuencias de ellos, mientras que el hombre, por lo general, sale impune de ello aunque, a veces, su conciencia le basta para no dejarlo vivir en paz.

También se tocan temas como el odio que mueve a la venganza, llevada a cabo por Roger Chillingworth, quien no cesa de atormentar a su mujer.

La letra escarlata no es un libro de ritmo ágil, ya que tiene un comienzo lento debido a la falta de acción y al lenguaje tan lleno de descripciones y detalles que a veces provoca que la lectura se sienta pesada.

Pero una vez que el lector se deja llevar, se involucrará con esta historia y se dará cuenta que, de entonces para acá, las cosas no han cambiado tanto, puesto que ahora los tribunales que vigilan el cumplimiento de las normas se han mudado a las redes sociales, donde se les dictamina a las personas como culpables sin presunción de inocencia, además del estándar tan distinto bajo el cual se juzga el comportamiento de hombres y mujeres. 

Hester es una mujer que trata de encontrar su lugar en el mundo, aun y cuando no lo haya para ella en ese pueblo.


La letra escarlata. Nathaniel Hawthorne. 1850. Editorial Debolsillo.

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