La Frontera Norte: el mayor cementerio de migrantes en el mundo

Por Luis Carlos Rodríguez González/The Exodo/Reversos

Fotos: Eréndida Negrete

7 de noviembre 2016.- Tucson, Arizona.- Los 3 mil 200 kilómetros de la frontera entre México y Estados Unidos se han convertido en el mayor cementerio de migrantes en el mundo debido a la militarización de la frontera, el uso de tecnologías que hacen imposible el cruce por zonas urbanas y obligan a los mexicanos y centroamericanos a buscar rutas más peligrosas, así como la presencia de bandas de traficantes y criminales del lado mexicano.

Especialistas, organizaciones protectoras de migrantes y activistas reconocen que si bien se calcula que el número de migrantes que han muerto en la última década en la frontera entre los dos países es de alrededor de 10 mil personas, la cifra podría ser muy superior porque el desierto, las cañadas, ríos y laderas se han convertido en un inmenso cementerio donde reposan los restos de cientos de personas en calidad de desconocidas.

Desde Playas de Tijuana hasta Reynosa, Tamaulipas, más de 3 mil 200 kilómetros, a lo largo del muro de metal fronterizo, las cruces de madera, con nombre, apellidos y fechas de fallecimiento, narran la historia y tragedia de quienes no lograron el “sueño americano” y que murieron o desaparecieron en el intento.

De lado estadunidense, existen al menos una decena de cementerios que han sido construidos ex profeso para sepultar, en calidad de desconocidos, a miles de migrantes encontrados en el desierto, lo mismo en Arizona, que en California, Nuevo México o Texas.

La antropóloga forense, Robin Reineke, quien con un equipo multidisciplinario en Colibrí Center, trabajan en conjunto con el Forense de Pima y la Universidad de Arizona, comenta la frontera entre los dos países se ha convertido en un gran cementerio, es una ruta trágicamente mortal, ya que en casi dos décadas, desde 1998 a la fecha han muerto más de 6 mil 500 migrantes, muchos de ellos en calidad de desconocidos.

Sin embargo, las cifras pueden ser mucho mayores, ya que en el desierto reposan los restos de cientos o miles de migrantes, algunos prácticamente desintegrados por el calor infernal y la presencia de animales carroñeros, que sólo han dejado algunos restos de quienes buscaban una vida mejor, la reunificación familiar o simplemente huían de la pobreza o de la violencia en México o Centroamérica.

En Falfurrias, Texas, en el cementerio del Sagrado Corazón, existen cientos de tumbas con pequeñas placas de metal o cemento en las que se lee “John Dee” como un nombre genérico para una persona desconocida. Algunas tiene un agregado que señala los restos fueron encontrados en “King Ranch”, “Laborsitas Creek” o en otros sitios.

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En Valle Imperial, cerca de Calexico y Mexicali, se encuentra el camposanto de Holtville, a 15 kilómetros del límite entre México y Estados Unidos. Ahí se alinean las tumbas de casi 400 migrantes fallecidos en el desierto o en los canales fronterizos.

Son centenares de tumbas sin nombre: en este “cementerio de los pobres” -como se llama en Estados Unidos a los que subvenciona el gobierno cuando los particulares no pueden costear los entierros.

“Aquí es donde terminan muchos de los sueños de los inmigrantes, ellos nunca esperaron morir cuando cruzaron la frontera y ahora sus familias nunca van a saber qué les ocurrió. Dónde y cuándo murieron”, señala Enrique Morones, fundador y director del grupo Ángeles de la Frontera.

En el polvoso cementerio, se han erigido sencillas tumbas con ladrillos y cruces de madera que recuerdan la tragedia de la migración entre México y Estados Unidos. No olvidado», «Sueña», «No están solos», «Dios vive» o «En nuestro corazón».

El llamado “Panteón de los no olvidados”, a más de 40 grados de calor, surgió tras el Operativo Guardián implementado en 1994 por el Gobierno estadounidense para desalentar el cruce de indocumentados por la frontera de California, mediante un cerco compuesto por una barda triple con luces de alta potencia y equipo militar para visión nocturna, entre otras medidas.

Si bien se desconoce cuántas vidas se han perdido desde la puesta en marcha de este operativo, que ha forzado a los indocumentados a cruzar la frontera por el desierto o el mar, el grupo Ángeles de la Frontera estima que son más de 10 mil migrantes fallecidos.

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Por estos días el inmenso, infranqueable y oxidado muro fronterizo se llena de color desde Tijuana hasta Mexicali, pasando por San Luis Rio Colorado, Nogales, Ciudad Juárez o Reynosa. Las flores de papel de china morado, rosa mexicano, blanco, así como algunas macetas con flores de color naranja de cempasúchil, un ícono de Día de Muertos en México, decoran las cruces de quienes fallecieron y son un recordatorio del gran cementerio en que se ha convertido la frontera entre los dos países. www.theexodo.com

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