La espera en las salas de un hospital

 Por Karenina Díaz Menchaca

Nos observamos unos a otros, los que se sientan, los que se paran, los que están a un lado de nosotros, los que acaban de llegar, los que mantienen la cabeza colgando hacia abajo, como jirafas mirando el celular; los que traen la cara hinchada por la desmañanada, los que vinieron preparados con un libro para hacer llevadera la mañana en un área de laboratorio que atiende al menos a unas quinientas personas al día, y finalmente, observamos, con cierta envidia… a los que ya se van. En las salas de espera de un hospital, por ley, al que madruga Dios le ayuda.

Los personajes que se hacen evidentes son los de siempre, desde los estrafalarios jóvenes de largas barbas negras sacados de los cuentos infantiles, medio hípsters, medio millennials; los que llegan bañaditos y perfumados porque les dio tiempo para todo y desean salir de ahí corriendo a la oficina; los que se equivocaron de par de calcetines y confiaron en su instinto pese a la ausencia de luz matinal; hasta, aquellas señoras de plateadas cabelleras que siempre tienen una linda frase o comentario, las más platicadoras y las más confiables, dan la sensación de que el tiempo no les importa, se quedan tranquilas esperando y esperando a que las llamen.

La dinámica de las señoras que rebasa nuestra edad trascurre sin ningún prejuicio, hablan fuerte y alto, seguramente debido a los niveles de audición que van perdiendo. En una ocasión una de ellas, contestando un cuestionario que le dio la trabajadora social, lee la pregunta en voz alta: “¿Qué le pone triste?” – No ser autosuficiente, que ya no puedo hacer muchas cosas por mí misma, respondió, del mismo modo. Yo estaba en la serie de bancas justo delante de ella, sentí una gran ternura cuando lo dijo, pero al mismo tiempo me hizo reflexionar que si bien nos va, algún día todos llegaremos a ese momento.

En una sala de hospital escuchamos a los demás en sus pláticas cotidianas y lamentablemente uno que otro drama familiar, vemos a mujeres salir llorando, quizá por algún diagnóstico no esperado; a hombres meditativos, a ancianos regañados por las secretarias que ponen las fechas de las citas: “Señor, es que dejó pasar esta cita, la tendrá que volver a sacar y volver a esperar a otro día”.

Vemos a chicas jóvenes con algún síntoma físico a las que abordo sin temor y me dicen que sufren algún trastorno autoinmune, apenas con 28 años, una década en la que la salud y la belleza abundan, es la ideal para enfermedades como Lupus, esclerosis múltiple o vasculitis. “¿Dime, cuando eras niña, solías estar triste?”. -Sí, me responde, “cuando tenía 10 años me alejaron de mi madre”.

Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a dónde camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!

Gustavo Adolfo Becquer

 

Sigue habiendo misterios de por qué ciertas enfermedades se presentan, simplemente parecen no tener una explicación. Y la ciencia no quiere o no cree entender cuáles fueron las causas, pues ahí está Becquer para recordarnos que, pese a nosotros mismos, aún podrá existir la poesía en cada cosa que miramos y tocamos y que vale la pena reconocerla en cada instante.

Aún nos quedan algunos siglos de vida como humanos para aceptar que lo emocional nos afecta y nos alcanza tarde o temprano.

Ojalá las salas de un hospital estén cada vez más vacías…

ALGUNAS CIFRAS

Los hospitales públicos en la ciudad de México están atiborrados, tristemente somos un país con muchos enfermos, sobre todo de padecimientos congénitos, autoinmunes y hereditarios, por mencionar algunos. Son simplemente insuficientes, “México tiene una de las mayores prevalencias de obesidad y sobrepeso infantil en el mundo y más de 70% de sus adultos tiene sobrepeso”, señala un documento de la Organización Panamericana de la Salud.

Por otro lado, según cifras del INEGI, en 2013 los hogares mexicanos pagamos 403,623 millones de pesos por bienes y servicios de salud y de cada 100 pesos, 65 se usaron para medicamentos y materiales de curación.

En un documento de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) de 2016, señala los siguientes datos sobre las estadísticas en México: “México tiene ahora la esperanza de vida más baja de todos los países de la OCDE. Mientras que la esperanza de vida de los países de la OCDE se incrementó en promedio tres años entre 2000 y 2013 (aumentó de 77.1 años a 80.4 años), en México solo incrementó 1.3 años (de 73.8 a 74.6 años). Por lo tanto, la brecha de longevidad entre México y otros países de la OCDE se ha ampliado de cuatro a casi seis años”.

Según datos del Inegi y de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las principales enfermedades en México son:

  1. Enfermedades del corazón
  2. Diabetes
  3. Cáncer
  4. Enfermedades cerebrovasculares
  5. Enfermedades del Hígado
  6. Enfermedad Pulmonar obstructiva crónica
  7. Enfermedades del riñón
  8. Obesidad

 

 

@kareninadiaz

 

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