La educación basada en competencias (EBC) ¿Cambio o careta institucional?

Por Melchor Arellano Chávez

Me voy a referir a la educación basada en competencia (EBC) que se presenta como uno de los pilaressobre los que el Estado, se apoya al hablar de cambio exitoso en innovación y “reformas educativas”.

Existen otros temas dentro de ese abanico irreal o fantasioso que ofrece el Sistema Educativo Nacional (SEN), como la educación inversa.Pero por ahora, nos ocuparemos de la EBC entendida como, el conjunto de conocimientos, habilidades, actitudes y destrezas que tiene un individuo para gestionar la solución de una dificultad o situación problema, en el plano profesional o laboral.A mediados de los noventa del Siglo XX, surgieron propuestas sobre el enfoque de la EBC en la formación y planes de estudio del país. Las competencias, se presentaron como alternativa clave en la educación, bajo la gastada promesa de realizarmejores procesos de enseñanza aprendizaje.

Su narrativa aumentó bajo diversas interpretaciones, en la educación básica, media, media superior, formación de técnicos medios y adaptación a la educación superior. La literatura se centró en reportar experiencias de aplicación de competencias y propuesta de estrategias,al igual que planes o programas de estudio bajo este enfoque. Empero, se hizo sin atender o desconociendo las dificultades conceptuales sobre el tema y si el enfoque procede u obedece a dictados del exterior, en este caso de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) y no de un trabajo pedagógico desarrollado a partir de la realidad nacional. Ello dio lugar a una aplicación parcial y superficial del enfoque, producto de la negativa oficial de atenderlos problemas específicos de la realidad del sistema educativo nacional (SEN)o mexicano (SEM) y el concepto de competencias mismo.

La aplicación del enfoque, ha sido rápida e insuficiente para promover el cambio en la estrategia oficial del Estado, con un impacto exiguo y sesgado en los procesos educativos. No ha sido un enfoque que vincule realidad nacional y sus necesidades socio educativas, con el concepto de EBC mismo. Tampoco delimitó su sentido pedagógico y propuso alternativas concretas para su aplicación en el ámbito educativo del país, según sus necesidades socio culturales.

Reconocemos que no es una tarea fácil y que, las instituciones educativas del país, están obligadas a avaluar a fondo las ventajas y desventajas que ofrece el enfoque citado. Pero no responde a una visión conceptual que clarifique las opciones sobrelas competencias en el currículum y educación misma, sino a su falta de pertinencia en el contexto del SEN o SEM, puesto que se crea e impone en México, a partir del concepto que la OCDE (que no tiene por qué ser malo, sino que simplemente no corresponde a la realidad mexicana) tiene sobre la misma.

El origen de los cambios obligados de la educación en el mundo, se dieron tras el Informe de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI, mejor conocido como INFORMEDELORS (1996) por encargo de la Organización de las Naciones Unidas para la Cultura y la Educación (UNESCO) y presentado bajo el lema: “La educación encierra un tesoro”, ante la desilusión global generada por el “progreso”: desigualdad, marginación, exclusión y otros. De ahí se desprendieron varios momentos e intentos de transformación ycambios (mal llamados “reformas”) en el SEN, hasta culminar con las recomendaciones (desde 1997) de la OCDE en la materia. Sin ir más lejos, en septiembre de 2012, el Secretario General de la OCDE, José ángel Gurría Treviño, entregó a Enrique Peña Nieto (recién electo) el “libro” de lo que se debería “enseñar” en México. Tras más de una decena de enfoques (no modelos, esa sería la máxima opción educativa a la aún podemos aspirar, pero que no tenemos) en el SEN, no hemos encontrado ningún estudio de pertinencia y factibilidad que concluyera que lo que los mexicanos requieren para obtener una educación de calidad, es la EBC u otro enfoque.

Así las cosas, se careció y carece de un análisis a fondo del concepto de educación basada en competencias o EBC vinculado a la realidad sociocultural del país y por lo tanto,una deficiente aplicación de esta y otros enfoques, en la educación y planes de estudios en el SEN.

 

Calidad, mentira permanente en el SEN

En México, durante el último medio siglo, la calidad de la educación en el SEN ha sido un argumento recurrente en los cambios de sexenio, los cuales requieren impostaciones de cambios(“reformas”) educativos, como elemento toral de legitimación política pero no de necesidad de transformación y avance de fondo del SEN. Se ha creado un imaginario social donde lo nuevo, se convierte en elemento (no importa si es superficial) que supere o descalifique lo anterior y no, en un supuesto “hacer mejor las cosas”, donde “ni se hacen las cosas, ni se hacen mejor”.La calidad e innovación se apoyan en la incorporación de instrumentosavanzadosy acordes al funcionamiento del sistema educativo; es producto de la evolución tecnológica que supera las propuestas en la educación y enseñanza hechas tras el escritorio, así como resultado del diseño de diversos enfoques de investigación pedagógica, didáctica, psicológica y de comunicación. En suma, ha permeado:

1.- El desconocimiento y descalificación de lo anterior(o propuestas previas), donde la calidad y cambio integral se percibe como algo que solo sirve para superar lo precedente e impide reconocer y aceptar elementos de la práctica educativa que pueden tener sentido y merecen ser recuperados, o vale la pena seguir trabajando sobre ellos.

2.- No se reconoce el avance tecnológico frente a dichos procesos, donde la innovación se acorta más cada vez más. Un nuevo elemento en la informática tiene una frontera más corta porque es desplazado por otro de forma casi inmediata.

En la educación, pervive la perspectiva inmediatista oficial. En ella, convergen al inicio de cada gestión, política educativa y política institucional, que buscan establecer como argumento legitimador, un sello particular al trabajo educativo que no tiene que ver con la calidad e innovación, sino con la funcionalidad del ciclo político, más allá de cualquier mejora educativa.

3.- La compulsión oficial y resistencia al cambio, son rasgos del discurso oficial en pos de una alegórica calidad educativa. Toda propuesta de cambio, imprime un rumbo distinto al trabajo cotidiano en las aulas. Hoy, la llamada reforma educativa descalifica el esfuerzo de docentes por impulsar e integrar nuevos horizontes a su práctica pedagógica. Se abandona el aula y entrega a la rutina y desarrollo de formas de trabajo preestablecidas, que terminan en la abulia, donde el cambio se convierte en un ardid oficialista impregnado de falsa innovación.

4.- El discurso de la innovación es visto como la necesidad de incorporar nuevos enfoques, conceptos o formas de trabajo, que justifiquen el discurso mediático del Estado. No hay análisis de resultados; no se disemina la calidad e innovación para identificar aciertos y límites. Se agota el momento de una política global o particular en el tiempo de la permanencia de las autoridades en función, para decretar una nueva perspectiva de cambio, según su perfil administrativista, pero nunca como secuencia de un trabajo de cambio integral persistente y transexenal.

5.- Hubo diversas propuestas educativas en los setenta: a)el currículo modular o por áreas de conocimiento; b)dinámica de grupos; c)programación curricular por objetivos; d)organización de la educación superior por modelos departamentales.

6.- En los años noventa tenemos: i) la enseñanza bajo el enfoque constructivista; ii) el currículo flexible; iii) noción de aprendizaje colaborativo (o nuevo nombre al trabajo grupal); iv) enseñanza situada; v) aprendizaje basado en resolución de problemas; y vi) empleo de simuladores en la enseñanza.

7.- Algunos de estos enfoques (no modelos), considerados elementos centrales de la política educativa, entraron en contradicción con otras propuestas como el establecimiento de diversos exámenes masivos (llamados a gran escala) centrados en procesos de recordación y manejo de información.

8.- Pero, un elemento que distingue a las propuestas de la primera década del Siglo XXI es el enfoque de educación basada en competencias (EBC).El SEM o SEN, no evaluó a fondo la aplicación y resultado de este, es decir, si responde y vincula a una necesidad pedagógica nacional, o a la política educativa de cada ciclo presidencial:esta vez obedeciendo a los requerimientos laborales de las empresas y lineamientos de la OCDE, abandonando a su suerte a educadores y educandos.

Junto a la innovación o tentativa de calidad, aparecieron problemas de trabajo educativo y escolar, cuyos resultados no se manifestaron favorablemente en lo inmediato, ni en el mediano plazo. Por el contrario, llevamos 15 años siendo evaluados y reprobados por el Programa Internacional de Evaluación de los Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés) de la OCDE en el plano global e internamente, mediante el Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (PLANEA), antes ENLACE, que evalúa por mandato del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), en concordancia con PISA.

Desde que se aplica la prueba PISA y las evaluaciones internas del INEE, los resultados han sido totalmente negativos y propiciatorios de satanización de alumnos y maestros, sin ser los responsables directos, sino los síntomas de una mala educación, alejada de un proyecto efectivo de nación.

Los procesos de innovación educativa, no permitieron su asunción por quienes los llevarían a la práctica, convertidos en acciones pedagógicas efectivas, en términos de una adecuada valoración, aciertos y limitaciones. En ninguno de estos trabajos, se incorporó a la comunidad docente y especialistas en la materia, lo que implicó una exclusión de responsabilidad del Estado.

A la fecha, no sabemos quiénes son los evaluadores y diseñadores del currículum que se aplica en el SEN, ni tenemos su rendición de cuentas ante la mal llamada “reforma educativa” y sus magros resultados evidenciados en PISA y PLANEA.

Consolidar la transformación en la educación, antes de iniciar un nuevo proceso, es solo el principio para hacer frente al verdadero cambio, pero no la inmediatez como elemento toral del cambio mismo, ni tampoco satanizando o demonizando (y menos reprimiendo) a los maestros en lucha, no solo de la CNTE sino detodos los maestros del país, en descuerdo con una falsa y perniciosa “reforma educativa”.

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