La economía: toma de aire fresco

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

Artículo dedicado a la ESE del IPN, 

a propósito de un aniversario más de existencia, 

el día 7 de mayo de 2024

Con cariño a mis colegas ESEanos …

Personalmente, hace casi 15 años ingresé a mi carrera universitaria, la de Licenciado en Economía en la Escuela Superior de Economía del Instituto Politécnico Nacional, en la Ciudad de México.

Estudiar economía ha sido una de las experiencias más gratas en mi vida, no sólo por el cúmulo de vivencias con amigos, casi hermanos, que esta carrera me permitió tener y por un montón de experiencias de corte académico, que también estudiar en esta escuela me permitió vivir, y de lo cual estaré permanentemente agradecido.

Más allá de eso, que reitero, no es para menos, estudiar economía me permitió abrir los ojos para entenderlo prácticamente todo dentro de este mundo tangible, ponderable, medible y ante todo humano, esta especie de matrix global.

En la plenitud de mi carrera me llamaba mucho la atención las competencias curriculares de entre carreras (ja, ja, ja) que, entre distintas amistades o familiares, perteneciente a otras carreras universitarias, empiezan a aflorar al tratar de ubicar, en la inercia de una linda obsesión, la carrera de uno como la mejor con respecto a la de otro u otros.

Sin embargo, y con el paso del tiempo, al momento de consagrar la carrera de economía, y ya sin el intento de querer sobreponerla como mejor que otras o de intentar competir curricularmente con otros con obsesión y lucimiento, pero es verdad que si se deja ver una clara ventaja y es notorio y claramente visible la practicidad, la eficiencia y las herramientas multifactoriales eficientes, críticas y contundentes que para comprender la realidad tangible en este mundo estudiar economía ofrece.

Estudiar economía permite no sólo medir con herramientas estocásticas, estadísticas y de otra orden cuantitativa fenómenos propios de las variables macroeconómicas básicas de este mundo, o si se utilizan herramientas teórico y metodológicos de orden marxistas, asistir a enlistar las contradicciones estructurales y sistémicas con las cuales opera el capitalismo como sistema económico.

Estudiar economía, además, ofrece un olfato para quien lo utiliza con madurez y lo sabe intuir, muy sofisticado, para entender y asumir que en el mínimo rincón de la sociedad y en la mínima dolencia de los seres humanos, en promedio, existe una causa económica muy clara.

Los ecos de la pobreza, la incertidumbre, la escasez, el hambre, el desempleo, y toda esa lista de factores adversos que las sociedades del mundo viven a diario tienen su trasfondo en la realidad económica más palpable y más visible, por más que se empeñen en hacer ver que no.

Y es que, con todo respeto, y dicho esto con mucho tacto, pero mientras otras hermanas ciencias sociales, necesarias en cuanto a su existencia curricular, intentan desde el lucimiento mental y la construcción de teorías idealistas y la superposición de teorías con semánticas muy sofisticadas, elegantes, con alcurnia, describir la realidad, la economía aterriza desde la raíz todos los males y quejumbres que atañen a la sociedad promedio en este mundo, y desnuda una raigambre al respecto.

La economía, de raíz, permite entender qué se esconde tras la mercadotecnia, por qué existen enfoques de propaganda política, qué factores se esconden detrás del consumo y de los hábitos compulsivos que se impulsa a que los seres humanos en promedio tengan en la sociedad, las vicisitudes del narco, la delincuencia y la inseguridad, la raíz original de todas las tendencias ideológicas, culturales, filosóficas y sociológicas en las que descansan las sociedades del mundo, las modas, las vanguardias y hasta las diversas naturalezas con las que se ocupan los nuevos lenguajes, y por supuesto, la verdadera naturaleza de todas las expresiones de poder que convergen en el mundo.

Todo aquello que está próximo a los ojos del ser humano cuando sale a la calle tiene en su trasfondo más original el sistema económico, sin duda alguna.

Aprender a apreciar, con ayuda de la economía, la arena planetaria desde la relación que existe entre los propietarios de los medios de producción y aquellos que en la mayoría humana planetaria dependemos de la venta de nuestra fuerza de trabajo, a través de un sistema de explotación, dentro de una lucha de clases permanente, es quizás una de las mayores conquistas intelectuales para entender a profundidad la naturaleza del mundo.

El mundo no se relaciona con ideas bonitas, sino con una realidad concreta que tiene su origen en el sistema económico capitalista, y para ello el estudio de la economía es el principal aliado.

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