La conducta ideal para el capitalismo actual

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

La dinámica compulsiva, obsesiva y hasta cierto punto reactiva, agresiva, desmedida y excesiva, todas ellas carentes de paz, son conductas y estilos de vida que generan, en exceso, desequilibrios serios para la salud física y emocional muy concretos en el ser humano, pero que al mismo son necesarias e indispensables para el correcto desenvolvimiento de los mercados modernos y dominantes de la escala económica internacional.

          Es menester mencionar que el capitalismo, como sistema económico y superestructura dominante, no se tienta el corazón al evaluar el perjuicio permanente en que su dinámica funcional trasciende y afecta la estabilidad humana promedio, no, por el contrario, este sistema solo pondera utilidades y formas óptimas en que se desenvuelve la acumulación de capital, y por encima de ese objetivo no hay ningún otro.

          La ética, la cultura y la salud son temas que no le interesan a la dinámica funcional del capitalismo convencional, y jamás le ha interesado, porque su objetivo concreto es la riqueza y la acumulación gracias a la explotación de las masas obreras y el poder por encima de todo, traducido en la dominación del Estado y de la cultura de masas.

          Y es que hoy, los mercados dominantes, los estándares de consumo y los patrones culturales dominantes que siempre son determinados por el mercado, y que hoy tienen que ver con la alta dependencia tecnológica en la cotidianidad humana y en la cotidianidad laboral.

          La cultura porno, narco, la cultura de la agresividad, la era de la boludez, dirían en Argentina; la era de la información traducida en una saturación mediática y de información excesiva; la utilización casi obligada de las redes sociales y las plataformas; aquello que llaman como nuevos nichos de oportunidad, desde la tecnología y las nuevas estrategias y herramientas virtuales, demanda, a diferencia de antes, una constante atención mental y una saturación mental obsesiva por consiguiente, producto de una sobre estimulación que termina por quemar la disposición mental básica del ser humano promedio.

          Este mundo, el de hoy, a partir del secuestro y sometimiento tecnológico de su atención promedio y del que es proclive todos los días casi el 99% de la humanidad, genera sociedades que van más a prisa, que avanzan más rápido, que tienen mucho estrés, nerviosismo y angustia y que tienen muchos aspectos por cubrir y revisar de un momento a otro.

          En el mundo de hoy hay tantas cosas por ver.

          En el mundo de hoy es imposible solicitar atención plena e ir más despacio porque la gente tiene prisa y a veces sin saber por qué.

          Por ejemplo, la forma en que se utiliza el teléfono celular hoy en día y la dependencia hacia el teléfono es en sí una conducta muy parecida a la de la dependencia por las drogas.

          Las redes y las plataformas generan un efecto de codependencia muy parecido al del tabaco o las drogas o el mismo alcohol o la pornografía o las relaciones afectivas tóxicas.

          La gente tiene una atracción mental y una necesidad permanente de revisar las novedades y las tendencias y los chismes y hasta revisar a sus parejas o amistades o compañeros de trabajo en sus novedades publicadas de sus propias redes.

          La gente consume contenidos de forma compulsiva, no puede dejar de ver uno cuando ya está pendiente de otro, y se vuelve evidente la presencia de esta correlación casi drogodependiente.

          No se necesita ser un científico de la salud mental para percatarse de lo anterior.

          Vivimos en una época donde si una persona le pone un corazón o un like a una foto de una pareja de alguien, eso puede destruir los sentimientos internos y puede generar un desequilibrio ansioso que puede terminar en una crisis obsesiva de profunda afectación mental y física en una persona, e incluso, puede desembocar en una consecuencia atroz de reproche y de violencia y de berrinche generando un desquicio mental importante.

          O bien, vivimos en una época donde la forma de comentar un video o un live o una publicación o un comentario en redes sociales desnuda la parte más reactiva y venenosa del interior de las personas, con un sentido concreto de agresividad y de expresión frívola en los más altos niveles de reactividad emocional.

          A veces es sorprendente contrastar o corroborar todo el veneno que por las redes y las plataformas se expresa desde lo más profundo del ser humano promedio.

          A nivel del tejido social, la sociedad moderna luce expresiones muy alarmantes de apego a la violencia y de enaltecimiento de los valores de la cultura narco y la agresión permanente de forma sanguinaria.

          Hoy, algunas de las estéticas que permean en la imagen personal de muchas personas enaltecen valores de agresión y simbolismos rudos, temperamentales y violentos, que vinculados a un contexto de desempleo y de precariedad de las circunstancias de la sobrevivencia humana y la rapidez con la que se desenvuelve la vida hoy en día, generan un aspecto de conducta bastante riesgosa en términos generales.

          Es verdad que la psicología convencional, científica, de alto nivel académico, tiene estudios y ponencias y libros y seminarios y artículos y contrastación entre pares y diversas líneas de estudio que abordan estos temas desde diversos matices de estudio conductuales, marxistas, estructurales o culturales académicamente, y a pesar de ello, la tendencia conductual del ser humano promedio en la actualidad se impone con las características anteriormente mencionadas.

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