La Casa de los Azulejos, en cada rincón un diálogo o un secreto

Por Arturo Sanguino García

Se dice que nadie en esta tierra puede saberlo todo, sin embargo, en la Ciudad de México existe un lugar donde es posible conocer toda la realidad desde 1925.

José Clemente Orozco es el hombre que da la posibilidad de conocer todas las cosas, especialmente la debilidad, la sumisión, el coraje, la fuerza, la inteligencia y el sentido de justicia, plasmados en su mural Omnisciencia, que pintó por petición de su amigo Francisco Sergio Iturbe.

Este recinto cuenta con  46 escalones, mismos que cuidan de la pintura, y cada uno de ellos tiene  un color característico de la edificación: el azul.

Esas escaleras son testigos de la visita de miles de personas que abarrotan el restaurante. El 4 de diciembre de 1828 fueron el lugar exacto de un hecho que marca la historia de lo que un día fue el Palacio Azul: un asesinato.

“Aquí querían saquear. Llegó una multitud y entre ellos un oficial enojado porque no se casó con una mujer joven de la familia Suárez de Peredo, irrumpió la casa. El dueño, Andrés Diego de Peredo, se encontraba bajando las escaleras y el oficial lo atacó con una daga. Lo mató luego luego y después lo ejecutaron”, explica Karla Torres, gerente del restaurante.

La edificación de la Casa de los Azulejos que hoy conocemos, en realidad es la construcción hecha por los condes de Orizaba, ya que es resultado de  juntar dos propiedades que se encontraban una enfrente de otra.

“La casa se construyó en el Siglo XVI, fue llamada como el Palacio Azul, el estilo arquitectónico es Churrigueresco”, externó Karla Torres.

¿Quién y cómo se puso cada azulejo de la Casa? Probablemente sea la pregunta de todo aquel que ha visto, visitado u oído de la Casa de los Azulejos. La respuesta es sorprendente.

La apariencia que hoy se puede admirar se debe a uno de los hijos de los Condes del Valle de Orizaba, que al estar confiado de sus riquezas pasaba la mayor parte de su tiempo en fiestas, y no en atender los ingenios de azúcar que heredaría. Esta situación molestó al conde, por esta razón lo retó…

“Hijo, tú nunca irás lejos, ni harás Casa de Azulejos”.

Esta frase marcaría al joven para el resto  de su vida, porque no se sintió decepcionado. Lo tomó como un momento para demostrar a sus padres, familiares, al Virrey y los nobles de la Nueva España de lo que era capaz de hacer. Entonces prometió a su padre que reedificaría su hogar y lo logró. Remodeló por completo la casa, sorprendió con sus dotes y cumplió su promesa. De esta forma, el Palacio Azul, pasaría a ser la Casa de los Azulejos.

“Hay dos versiones del diseño de del azulejo de la casa. Antes se decía que son provenientes de China y son exclusivos, pero también existe la posibilidad que se fabricaron en una alfarería de talavera que pertenecía a los frailes Dominicos en Puebla”, agregó Karla Torres.

Esta construcción, sus paredes y principalmente sus azulejos guardan secretos, conversaciones de todas las personas que han visitado el sitio, pero seguro que si la fuente de piedra que se encuentra en el recinto pudiera hablar,  tendría mucho que contar.

Misma situación viven los balcones que rodean a la casa en todos sus lados, porque al caminar por la calle de Madero o de Avenida 5 de Mayo, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, es imposible no voltear para observar los detalles que rodea cada balcón.

“Se cuenta que la pequeña calle que está a un costado, tipo callejón donde están muchos balcones, ahí, dos hombres coincidieron al entrar. En esa época se transportaban en carruajes grandes y por el espacio sólo cabía uno, pero ninguno se quiso mover”, narró Sandra Sánchez, mesera del lugar.

Este hecho, más de parecer una necedad, recaía en el orgullo de aquellos dos nobles que se encontraron justo a la mitad de la calle.

“Ahí se quedaron durante tres días y tres noches en sus carruajes, hasta que llegó el Virrey a poner fin, diciéndoles que ambos retrocedieran al mismo tiempo y que se retiraran por el mismo lado por el que entraron”, finalizó Sandra.

El proyecto de rentar  la Casa de los Azulejos, para poner un negocio comenzó en 1903 cuando se abrió la farmacia en unos 30 metros cuadrados, se invirtieron menos de diez mil pesos. Para 1907 se amplió el lugar a 250 metros cuadrados.

La inversión más fuerte llegó en 1909, momento en el que se integró una empresa y aportó 500 mil pesos, también dentro de ese acuerdo incluía a empleados de la casa.

Desde las fechas anteriores al sol de hoy, miles de personas han visitado la Casa de los Azulejos, incluso personajes de la historia de México como el presidente Porfirio Díaz y su esposa, ellos pedían o un refresco, helado o un Banana Split, cuando era una fuente de sodas el lugar.

En el caso de Venustiano Carranza, él se reunía con un grupo de trabajo en 1912, que promovía la lucha de las clases sociales, debido a esto al sitio se le apodó como “La Casa del Obrero Mundial” y su lema era “El fragmento rojo”.

Al subir las escaleras, caminar por los pasillo del segundo piso del ahora restaurante, se llega a la caja, lugar donde se tienen fotografías ampliadas de 1914, el blanco y negro de esas imágenes muestran a Emiliano Zapata y Francisco Villa en el restaurante.

“Aquí la gente puede ver que Zapata y Villa entraron a comer, son dos personajes muy conocidos y pues es la época en que entraron con sus ejércitos, uno del sur y otro del norte. Se cuenta que ellos y su gente pidieron café, chocolate y pan”, resumió la gerente con una sonrisa señalando las fotos que se encuentran en la pared.

Fue hasta 1919 que dos hermanos originarios de Estados Unidos, Walter y Frank Sanborn, tomaron la decisión de ampliar el negocio, ya era farmacia, sándwiches, helados. El local ya tenía la extensión de  mil 500 metros cuadrados, es decir, la casa.

Hoy en día se puede acudir a la Casa de los Azulejos y agregar una historia más al lugar, porque cada rincón esconde un dialogo o un secreto,  incluso la loza donde se disfruta de las enchiladas suizas, del bolillo con mantequilla o del café americano tan característico del restaurante. Tiene una leyenda, pero eso, eso lo puedes descubrir visitando este Palacio Azul.

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