“El Juan”, “El Calas” y la Magdalena Contreras terminaron sin musa

Por Ángel Eduardo Santillán Mora

Foto: Edgar López

Suenan las alarmas de las patrullas. Parece que “El Juan” lo hizo otra vez…

Una mujer desesperada de aproximadamente unos 50 años se acerca con el policía y le pregunta:

“¿Qué le pasó?” Suplicando pide más información. El policía no puede hablar, Las indicaciones de su jefe era esperar a la ambulancia.

El río rojo está desbordado. Vidrios rotos, palos. Hay de todo. Se pondrá buena la fiesta…

Caguamas, cigarros, música, y mujeres es lo que vestía el reventón de esa noche. En la reunión, “El Juan” convive con su pandilla. Parece que la noche será larga. Las horas transcurren y el olor a mariguana y alcohol cada vez es más fuerte. La novia del “El Calas” ya se puso borracha como de costumbre. Parece que esta vez puede ser última copa.

La pandilla de “Los Escorpiones” lleva años moviendo esa zona de la delegación Magdalena Contreras. Son un grupo de vándalos que no estudian ni trabajan. Se la pasan drogándose, tomando y algunas veces delinquiendo. A unas cuadras de ahí está la banda de “Los Zacapos». De igual manera, sus integrantes no hacen otra cosa más que andar de malandros y desmadrosos.

“El Calas» es el líder de la banda de los «Zacapos». Hace tiempo que tienen sus pleitos esas dos bandas. Un par de años atrás, en una fiesta mataron a un chavo a rocasos en una de sus tantas peleas. Pero eso ya es historia, parece que se han olvidado de esa tremenda trifulca que dejó a varios heridos.

“Seduces como el mar y luego ya no pasa nada contigo, por las noches te vuelves loca y haces que esos dos recuerden que por ti empezó todo. Eres afrodisíaca para esos dos. Pareces un tren que no se  puede detener”. Hace tiempo que Alejandra anduvo con “El Juan”, el líder de una de las bandas. Ahora ella anda con su enemigo. Ya se le olvidaron los años cuando él la hacía sentir en el cielo.

“¡Que siga la fiesta!”, dice Diana, amiga de Alejandra. Parece que las copas que trae encima ya la envalentonaron. Las dos amigas ya se metieron de todo. De pronto, por la puerta del zaguán, un grupo de unos 20 llegan a la fiesta. Parece que no van en buen plan. “El Calas” le dice a su cuate que se asome para ver quiénes son. Para su mala suerte eran sus enemigos. Lo recibieron con un caguamazo en la cabeza. En seguida se armó la campal.

Esta vez era un asunto de cuentas por los celos de “El Juan”, porque su chica lo cambio por “El Calas”. Iban por él pero su banda se desquitó con el primero que vieron. Sus cuates le hicieron el paro, se dieron con todo lo que encontraron a su paso. Vidrios, palos, rocas. El saldo fue descalabrados, brazos y costillas rotas y algo más…

Lo que no se esperaban esos “weyes” es que una de las botellas que lanzaron le pegó a Alejandra. La sangre escurría como un río desbordado. En ese momento se pelaron.

Los vecinos avisaron a la patrulla. La alarma vecinal esta cerquita, pero es que te arriesgas y qué tal y te ven esos cabrones. Todas las personas de por ahí salieron a ver qué pasaba. La amiga de Alejandra y “El Calas” pedían auxilio. Parece que esta vez terminó mal. Los vecinos llaman a la patrulla. Llegan al lugar y entran para ver que pasó. Ven un cuerpo lleno de sangre en la cabeza.

Llega la ambulancia. Parece que estuvo grueso. Al final de esto se acordonó la zona. “La Alejandra ya pasó a mejor vida”, dicen algunos por ahí. Le avisan a la madre que su hija ya falleció.

Lo que era un ajuste de cuentas terminó mal. Juan y “El Calas” terminaron sin musa…

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