Jacinto, hijo de un migrante

 Por Karina Maya

 

Cuando Jacinto nació vivía en la ciudad.

Su mamá y papá se conocieron ahí. Ella es originaria de la Ciudad de México, él de Oaxaca.

Como muchas familias, se trasladaron a la zona periférica, a un lugar con parcelas, venta de leche recién extraída de la vaca, animales de campo y un aire limpio. Eso sí, no había lo indispensable, servicios.

Jacinto llegó a la edad de un año, ingresó al preescolar, inició su vida.

Al poco tiempo, su padre tuvo que migrar a Estados Unidos, con la falsa idea de que el sueño americano era la opción para vivir bien.

A Jacinto no le resultó desagradable la situación, en ese momento estaba enfocado en jugar con sus amigos del preescolar. Cuando terminó dicha etapa, su padre aún estaba con él. Le hicieron fiesta, lo llevaron a la iglesia para recibir la bendición y dar las gracias por concluir bien la escuela. Sonido y mole fueron los ingredientes a través del cual acogieron a sus invitados.

Su padre en Estados Unidos, consiguió trabajo en la cosecha, siempre ha sido un hombre trabajador y muy agradable. Para llegar a territorio extranjero, requirió conseguir dinero y armarse de valor. Su travesía fue como miles de mexicanos lo han hecho, por medio de los coyotes, en medio de los burros de carga, bajo la luz de la luna, con el cantar del viento y algunos alimentos.

Desde el primer instante, envió parte de los dólares obtenidos a Jacinto y a su madre, en ciertas ocasiones acompañados de cartas. Éstas, Jacinto las leía, con ello le demostraba a su mamá sus avances en la lectura. De las cosas que en ese momento más guardaba en su memoria eran las líneas de amor de su padre -chaparro, he trabajado mucho, aquí hay tanto por hacer, no ha sido fácil porque los patrones nos discriminan, nos cargan la mano, ¿pero sabes?, me alienta saber que el dinerito que les mandó servirá para que tu madre te compre ropa, tengan para comer y tengas para tus útiles. Échale ganas en la escuela, no quiero que seas un burro como yo, verás que llegarás a la universidad, eres muy inteligente, te mereces otra vida. Cuídate y cuida a tu madre, te quiero mucho chaparro de mi corazón-.

15 años el padre de Jacinto estuvo en Estados Unidos, en ese tiempo visitó a su familia en tres ocasiones. La familia creció, nació la hermana de Jacinto. Él se encargó de su mamá y hermana, las circunstancias lo obligaron a convertirse en el hombre de la casa. Se puso a trabajar, dejó la secundaria. Sus amigos, fueron hombres adultos, gustosos del alcohol, la droga, las camionetas, la vida nocturna. Vivió a lo grande hasta sus  15 años de edad, se enamoró y tuvo a su hija.

El papá de Jacinto regresó a México pocas semanas atrás, se siente un extranjero en su patria. Para Jacinto, en cambio, esto ha significado un rechazo. Por qué, por qué vivir con alguien que estuvo ausente, ajeno a sus gustos, a sus necesidades, a sus deseos, a su vida. Le enoja que de la nada ese hombre le pida llegar temprano y atender a su hija, reclamarle que no coopera en la casa y echarle en cara haber dejado sus estudios, palabras que lo llevan a discusiones agresivas. Jacinto desea irse de ahí -me hartas, tú, no eres nadie para pedirme que haga o no haga con mi hija cuando tú no te ocupaste de mí, dame chance y verás que pronto dejo este lugar-.

Jacinto siente una opresión en el pecho, está enojado con su padre y con él mismo. Cada que discuten termina saliendo de casa, piensa que de haber podido, hubiera continuado con sus estudios, añora aquellos días pero también la fiesta con sus carnales. Porque él tuvo que hacerse cargo de su madre, su hermana y, ahora su hija. Le parece injusto, -bien pude haber continuado con la prepa, y tal vez, viajar por el mundo, lejos de esta podredumbre-, habla solo, sentado en la banqueta.

Datos:

En EE.UU. radican 12 millones de personas nacidas en México (International migration report 2015: highlights. United Nations ).  En la frontera con México, en promedio son detenidos 50 mil menores de edad por la patrulla fronteriza.

En México, las autoridades competentes, una vez en contacto con niña, niño o adolescente migrante, deberán de adoptar las medidas correspondientes para la protección de sus derechos. En consecuencia, darán una solución que resuelva todas sus necesidades de protección, teniendo en cuenta sus opiniones y privilegiando la reunificación familiar, excepto que sea contrario a su interés superior o voluntad (Capítulo Décimo Noveno, Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes)

 

 

 

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