Historias de acoso en el transporte público

Por Isabel Téllez Aguilar

Cambias tus hábitos por miedo, tu vestimenta. Eres vulnerable cada que cierras la puerta de tu casa y sales a la calle. En el transporte público, en la calle, en la escuela y en el trabajo.

Mujeres sufren abusos y acoso por parte de extraños, personas cercanas, y si, por familiares. El 65 por ciento de las mujeres en la Ciudad de México han sufrido acoso en el transporte público. Desde miradas lascivas hasta comentarios vulgares. ¿Por qué lo permitimos? ¿Somos culpables o la sociedad ha dejado que permeen estás ideas?

El Metro de la Ciudad de México es utilizado cada día por miles y miles de personas. Cuando tenía dieciséis años, Andrea entró a la preparatoria y debía usar el transporte público para llegar a la escuela. Se levantaba muy temprano y alrededor de las seis de la mañana llegaba al Metro Cuatro Caminos.

Empezaba a amanecer. Como era costumbre, bajó las escaleras para tomar el tren que la llevaría a su destino. Caminó por un pasillo bastante amplio y largo. No había gente, solo estaba ella. Mientras caminaba, sentía que alguien la miraba, que la observaban. No dudo en voltear y un sujeto cada vez se acercaba más. No había nadie.

La gente apenas comenzaba a llegar. Presentía algo malo. Miró alrededor con la esperanza de encontrar un policía. No había nadie. De pronto, el señor se plantó frente a ella. Desabrocho los botones de su abrigo, en cuestión de segundos, ya estaba desnudo frente a una niña de dieciséis años. Sus partes íntimas quedaron al descubierto. Lo disfrutaba, le gustaba ver la reacción que aquella adolescente tenía al estar frente a él.

Andrea corrió horrorizada con la esperanza de que algún policía o autoridad correspondiente la auxiliara. Cuando finalmente lo encontró, el sujeto del abrigo se había ido. Ese fue el primer acoso de aquella niña.

Cómo ella, miles de mujeres han sufrido algún tipo de acoso. El Metro y los camiones de la Ciudad de México son el lugar ideal para que hombres lancen piropos, den “arrimones” o «sabroseadas» a las mujeres, porque la mayoría de las veces va lleno, porque las personas van juntas y no hay espacio, porque nadie dice nada.

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Al terminar las clases, Cinthia tomaba el Metro y después un camión para llegar a su hogar. Tomó asiento en un lugar junto a la ventana, puso su mochila en sus piernas y comenzó a escuchar música. A mitad del trayecto, un hombre de alrededor de 25 años, con una maleta bastante grande, se sentó junto a ella. La combi venía prácticamente vacía, sólo cuatro personas más.

Empezó a sentir algo raro en una de sus piernas, pensó que era su teléfono celular, pero cada vez era más recurrente. Se dio cuenta que el hombre que venía junto a ella estaba tocándola y cada vez se acercaba más a sus partes íntimas. Era la primera vez que una persona la acosaba de esa manera. No supo qué hacer. Los nervios y el miedo se apoderaron de ella. Lo único que hizo fue cambiarse de lugar silenciosamente por miedo a que le hiciera algo, o que no le creyeran…porque nadie se dio cuenta.

¿Cómo hace sentir a las mujeres el acoso? ¿Vulnerables, débiles, desconfiadas? ¿Por qué no pueden vestirse como se les da la gana, ponerse faldas o vestidos?

Aguantan el calor e incomodidad para evitar el acoso. Sienten la necesidad de buscar a alguien que las acompañe cuando salen, como es el caso de Pamela.

Iba camino a casa de su abuela, el sol era sofocante y lo único que deseaba era llegar a su hogar. Caminaba en la banqueta y un coche rojo se acercó. El hombre que venía manejando comenzó a decirle cosas vulgares. La calle estaba desierta. En esa colonia vivían personas de la tercera edad y la mayoría de las veces no había nadie afuera.

Siguió caminando y el sujeto empezó a seguirla. No paraba de decirle vulgaridades. Pamela volteó y aquel hombre estaba masturbándose. Desde ese día no quiso salir a la calle sola. Sentía que alguien la iba a seguir o que el hombre con el que se encontrará iba a decirle algo ofensivo.

Las víctimas de este tipo de acoso se sienten avergonzadas por lo que les pasa, no saben cómo reaccionar, sienten temor de contarle a alguien por lo que pasaron, no vuelven a hablar del tema. Aunque saben que por más pequeño que sea el acoso, como un chiflido, un «piropo» mal intencionado, no se deben quedar con los brazos cruzados.

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Aproximadamente el 6 por ciento de las mujeres mayores de quince años ha sufrido algún tipo de violencia. 1.4 millones de mujeres sufre acoso en el trabajo. Más del 90 por ciento no lo denuncia.

En 2014 fuimos el país que obtuvo el primer lugar a nivel mundial en abuso sexual, violencia y homicidios a menores de catorce años. El transporte público es el segundo más peligroso para las mujeres en todo el mundo. El primero es Bogotá. 40 por ciento de las mujeres ha cambiado su vestimenta para evitar acoso en el transporte y solo el 20 por ciento denuncia dichas acciones.

No es normal que las mujeres se vean en la necesidad de reprimirse para poder salir a la calle. ¿Acaso es justo llegar a tales extremos? ¿Qué pasaría si los hombres fueran quiénes sufren el acoso?

 

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