Fahrenheit 451: ver el mundo arder

Por Anahí García Jáquez/Radio Gatell

Guy Montag es un bombero que es parte de una brigada designada para quemar libros prohibidos, así como las casas en las que se encuentran. Un día conoce a Clarisse, una adolescente que lo hace cuestionarse acerca de su vida y su profesión: si experimenta placer y si vale en algo la pena. 

Una revolución se gesta dentro de Guy con consecuencias no sólo para él, sino para quienes le rodean.

Fahrenheit 451 es un trabajo del escritor estadounidense Ray Bradbury, quien nos presenta una sociedad distópica en la que se intenta controlar el conocimiento y, por lo tanto, se prohíbe leer con el afán de mantener a la gente bajo cierto control, pero con el alegato de que lo hacen por su bien. 

Este texto es un producto de su tiempo, ya que retoma elementos de la historia moderna, tales como lo realizado por los nazis en la Segunda Guerra Mundial, y los inserta en un país que no existe, pero que podría ser cualquiera. 

Un narrador omnisciente nos presenta a nuestro protagonista, que vive una vida tranquila casado con Mildred, una mujer que es una afecta consumidora de medios electrónicos y que transita por ese mundo sin pensar bien en lo que hace y el porqué de ello. 

Todo eso cambia cuando Clarisse McClellan se muda a la casa enseguida suya y lo conduce a un despertar de conciencia a través de la reflexión de los motivos de sus actos.

Al avanzar la lectura se hace por demás evidente que este libro está adelantado a su tiempo, ya que pudo predecir cómo es que la censura sigue estando presente de alguna u otra forma a través de la manipulación de la información que presentan los medios de comunicación, en este caso a través de la televisión.

Y, además, cómo es que el gobierno de esta nación le dice a la población que no es necesario leer, puesto que los libros sólo traen infelicidad por los malos pensamientos que se generan con la lectura y, por lo mismo, es imposible ser feliz de esa manera, y por eso se les dice qué deben aprender y qué no, quitándoles su poder de decisión. 

Conforme se genera este cambio dentro de Guy Montag, se irá encontrando con personajes que no sólo compartirán su nuevo sentir, sino que lo ilustrarán acerca de las consecuencias de la destrucción de libros y publicaciones.

El autor nos habla también sobre la relación entre felicidad e ignorancia, basados en el argumento esgrimido por los gobernantes de este país ficticio en cuanto a la literatura y, a su vez, el intento de satisfacerlos por medio de los contenidos con los que bombardean a las personas por la televisión cuando, en realidad, lo que hacen es sumergirlos en un letargo para que, de esa forma, renuncien a su poder personal y no se formulen preguntas que simplemente no puedan responder y tengan que recurrir a otros medios. 

El lector quizá encontrará ciertas similitudes con el fenómeno actual de las redes sociales, por aquello de la enajenación que suelen provocar.

Fahrenheit 451 (que es la temperatura en la que arde el papel) es un texto de una lectura ágil, ya que no es muy extenso en cuanto a número de páginas, además de que su trama está provista de emoción, que va en ascenso conforme avanza la trama. 

Es, pues, un clásico de la literatura universal y contemporánea debido a la atemporalidad de su temática, por lo que puede ser vista como un presagio o como una crónica actual de algo que puede estar sucediendo en algún rincón de este planeta.

Fahrenheit 451. Ray Bradbury. 1953. Editorial Debolsillo.

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