Este es el «plan maestro» de Peña Nieto para recuperar popularidad

Por Jorge Eduardo Jiménez

EL PLAN MAESTRO DE PEÑA NIETO

Desde más o menos el mes de abril pasado, el presidente Enrique Peña Nieto recibió información acerca de que existían grandes probabilidades de que su partido, el PRI, tuviera muy malos resultados en las elecciones del 5 de junio, cuando se renovarían 12 gubernaturas.

Apenas un año antes, el 7 de junio de 2015, el PRI había logrado mantener su mayoría simple en la cámara de diputados, en las elecciones legislativas de mitad de sexenio. Para el presidente, estos resultados eran un acto de aprobación hacía sus reformas legislativas en los campos energético, fiscal, educativo, laboral y financiero, promulgadas durante los dos primeros años de su sexenio, que comenzó en diciembre de 2012.

Pero en el último año, los problemas y escándalos se le habían acumulado a Peña Nieto y a su gobierno. Por eso, se preocupó mucho, de verdad, cuando sus asesores pusieron en su escritorio información de proyección estadística y de inteligencia sobre los serios riesgos de que el PRI perdiera una buena parte de esas 12 gubernaturas en juego del 5 de junio.

Sí, el presidente se preocupó, pero también se ocupó. De inmediato, ordenó a sus asesores, que le elaboraran un plan estratégico para  enfrentar este escenario que cada vez se le ponía más adverso. Los asesores con que Pena Nieto trabajó este plan no eran viejos tiburones políticos de su partido. No. La mayoría eran jóvenes o relativamente jóvenes especialistas en estrategia y comunicación política, en marketing, en estudios sociales, en economía, egresados mayormente del ITAM y con posgrados en Nueva York, Boston o Londres, primordialmente.

Estos tecnócratas le elaboraron al presidente un diagnóstico y tejieron con él un plan de cara al futuro. Hasta su escritorio en Los Pinos llegaron estudios cualitativos de ciencia antropológica, sociológica, pero también cuantitativos, estadísticos y demográficos.

Tras semanas de arduo trabajo, entre finales de abril y principios de mayo, el presidente decidió que era tiempo de presentar su nuevo plan estratégico ante los principales mandos de su gobierno y a sus aliados políticos y empresariales.

Es así que por ahí de inicios de mayo pasado, tuvieron lugar en Los Pinos entre dos y tres reuniones privadas, del más alto nivel, en la que los asesores del presidente expusieron estos sesudos estudios, y en donde el presidente delineó su estrategia maestra para el resto de su sexenio, ante los miembros de su gabinete, ante selectos priistas, gente de su grupo en las cámaras legislativas; mientras que en una segunda reunión se incluyó ante el público a algunos empresarios, entre ellos, los grandes mandos de Televisa.

No estamos seguros si en esa reunión estuvieron TVAzteca y otros medios de información, de lo que sí no tenemos ninguna duda es que estuvo presente la dirigencia de Televisa.

Cuando el selecto público convocado por Peña Nieto esperaba que iniciara la exposición, seguramente imaginaba que el presidente expondría un plan político de muy altos vuelos, quizá un plan para contrarrestar enérgicamente a la oposición y a sus críticos; definitivamente sería algo espectacular.

Por eso, causó sorpresa a este público cuando la exposición de Peña Nieto y sus asesores versó sobre una serie de datos acerca de las características de la población mexicana. De hecho, buena parte de la información que se presentó eran datos que en su mayoría ya eran conocidos por cualquier persona informada. Si bien muchos de los estudios, por ejemplo los estudios cualitativos con focus groups eran interesantes e ilustrativos, el centro, la parte medular de toda la exposición era un dato que siempre ha sido público, y este dato es el siguiente:

El promedio de edad de la población mexicana, al año 2016, es de 28 años.

Sí, ese era el dato primordial, el eje de toda la exposición y del plan estratégico de Peña Nieto para el resto de su sexenio.

Sólo como punto de comparación y para resaltar la «juventud» del promedio de los mexicanos, señalamos que la edad promedio de la población de EE.UU. es hoy de 38 años, es decir, 10 más que el promedio mexicano.

A partir de ese momento, el gobierno de Peña Nieto le hablaría a las nuevas generaciones, esas que no están aún tan contaminadas por el pesimismo –en teoría–, esas que son más proclives a la esperanza y a los planes de futuro. Esas generaciones, al correr del tiempo, reconocerían que las decisiones presentes del presidente fueron siempre por el bien de la nación. 

Esta situación recuerda un poco al personaje Homero, del programa de TV de caricaturas Los Simpsons, en un episodio, en que, al tener problemas con sus dos hijos mayores, de 8 y 10 años, su solución es simple y cándida: «Bueno, estos ya son causa perdida, concentrémonos en la bebé», haciendo referencia a su pequeña hija de menos de un año de edad.

De la misma forma, el presidente Peña Nieto salió con la solución de concentrarse en los más «pequeños» de sus ciudadanos. 

A partir de este diagnóstico y línea de acción, los asesores y el mismo presidente expusieron una serie de acciones muy concretas, tanto de tipo legislativo como político, de comunicación y de gobierno, dirigidas a seducir, convencer y agradar a las generaciones jóvenes de México.

INICIATIVA GAY

La primera acción de su plan salió a la luz el 18 de mayo, sólo dos semanas antes de las elecciones en 12 estados. 

Ese día, ante organizaciones sociales, incluidas de la llamada comunidad LGBTI (lésbica, gay, bisexual, transexual e intersexual), el presidente anunció que enviaba al Congreso una iniciativa para hacer explícito en la Constitución el derecho al «matrimonio igualitario», así como hacer cambios al código civil federal, dirigidos a ampliar el matrimonio y la adopción de niños, en ese sentido. 

En este punto, es pertinente citar el testimonio del periodista Alvaro Cueva, columnista de Milenio, quien en un artículo reciente (Aquí) narra cómo durante la campaña presidencial de 2012, estuvo presente en una reunión con el candidato Enrique Peña Nieto. En dicha reunión, al político se le preguntó su postura sobre el «matrimonio igualitario». Según Alvaro Cueva, la respuesta de Peña fue ambigua pero lo que era claro es que el señor tenía otras prioridades, muy distintas y lejanas, a querer entrarle al tema del «matrimonio igualitario». En palabras del propio periodista: 

«… a mí me quedó claro que al señor no le interesaba meterse con esa clase de cuestiones y que jamás lo iba a hacer. Y no porque estuviera contra las bodas entre personas del mismo sexo o porque fuera conservador. No, él tenía otras prioridades. En su agenda no había espacio para esta clase de asuntos. Punto».

¿Qué cambió entonces en pocos años en Peña Nieto? Bueno, pues es que esto es parte de la estrategia maestra del presidente para acercarse a las nuevas generaciones. Según los estudios elaborados por los tecnócratas en Los Pinos, entre más joven es una generación, más proclive se encuentra a aceptar y convivir con toda la diversidad existente en la sociedad moderna, racial, cultural y también de preferencias sexuales. (Esto en la teoría, el autor de este Blog conoce a jóvenes de 19 años que son más homófobos que un jeque afgano).

La cuestión con el «matrimonio igualitario» es que éste YA EXISTE EN MÉXICO. La Suprema Corte de Justicia decidió a mediados de 2015, que cualquier ley o acción de gobierno que niegue ese derecho es contraria a la Constitución; además de que en 10 estados, ya está establecido dicho matrimonio. Sería sólo cuestión de tiempo para que éste sea una realidad en todos los estados, en vista de la decisión de la Corte.

Por eso, lo verdaderamente sorprendente de este caso, es que Peña Nieto, hubiera enviado esta iniciativa, justo dos semanas antes de las elecciones. Hoy en día, existe un consenso entre los analistas de que por lo menos la elección en Aguascalientes, que terminó perdiendo el PRI, después de tener gran ventaja en las encuestas, sí fue en parte influida por la reacción de la población ante este tema.

Luego vino la rabiosa reacción, no sólo de la jerarquía católica y de activistas católicos, sino de sus equivalentes evangélicos. Las iglesias habían estado calladas en este tema; después de todo, es muy difícil, sino imposible, pelearse con la Constitución. Pero el intento de Peña Nieto de tijeretear la Carta Magna para explicitar el «matrimonio igualitario» ha desatado la oposición, incluso de su partido. Por primera vez, una iniciativa enviada por un presidente priista, está en riesgo de quedar congelada, causándole un subsecuente debilitamiento a su «autoridad».

Esta acción de Peña Nieto –quizá junto con la escandalosa invitación al candidato de EE.UU. Donald Trump–, ha provocado toda una serie de teorías sobre por qué actúa así el presidente. Algunos analistas incluso han fantaseado con la idea de que el presidente está tomando acciones dirigidas deliberadamente a golpear a su propio partido. 

Nosotros, en este Blog, pensamos que decisiones como la de la iniciativa gay –en principio correcta, pero desaseada en formas–, son producto de una ansiedad del mandatario por llevar a cabo políticas que lo vuelvan a encarrilar en la senda de la popularidad. El problema es que el diagnóstico de sus tecnócratas está muy mal encaminado. Es como si un padre de familia que ha actuado deshonesta e irresponsablemente, quisiera redimirse congraciándose exclusivamente con sus hijos más jóvenes, en lugar de expiar y componer los errores que han lastimado a su familia toda, como lo caricaturizamos con un ejemplo de Los Simpsons.

TELEVISA, SIEMPRE ZALAMERA CON EL PRESIDENTE

Como dijimos anteriormente, Televisa estuvo bien presente en la exposición del plan maestro estratégico de Peña Nieto. 

A la par de los problemas del presidente, Televisa también ha vivido tiempos de desprestigio y baja de popularidad sin precedentes en el pasado.

A partir de que se avivó la controversia sobre el «matrimonio igualitario», Televisa apoyó con todo la postura del presidente, a contracorriente de su postura tradicional de estar cerca de la Iglesia, o por lo menos de no entrar en controversias con ésta. 

Televisa ha organizado varios debates entre miembros de la comunidad LGBTI, a favor del «matrimonio igualitario», contra voceros de la Iglesia y de las organizaciones contra este tipo de matrimonio. En general, en estos debates en Televisa, los propios conductores, tomaron partido a favor del matrimonio gay, en lugar de mantenerse neutrales. En uno de estos debates, llegó un momento en que eran ¡8 personas! a favor del matrimonio gay, contra 2 que estaban en contra (Ver aquí). En otro de los debates, conducido por Carlos Loret, la persona a favor del matrimonio gay era un conductor de la propia Televisa, mientras que los «moderadores», incluido el propio Loret, se pusieron claramente del lado del «a favor», rompiendo todas las reglas del periodismo. Por lo que en ese debate, para efectos prácticos, eran 3 contra uno. (Ver aquí). Además, baste ver el nuevo noticiero nocturno de la periodista Denise Maerker, quien está claramente sesgada a favor del «matrimonio igualitario». (La excepción a todo esto es Joaquín López Dóriga, quien organizó otro debate, de 3 contra 3, en el que él, como moderador, siempre se mantuvo neutral (Ver aquí)).

Describimos todo esto como prueba de que Televisa acompaña la estrategia de Peña Nieto. Televisa ha dado un bandazo, de ser una televisora cercana a la Iglesia católica, a buscar a toda costa congraciarse con una audiencia «juvenil», supuestamente más abierta a la diversidad sexual. De nuevo, esto en principio, es correcto, pero las formas, son por decir lo menos, imprudentes. En lo que Televisa no ha cambiado ni un ápice es en evitar, siempre que le sea posible, hacer críticas al actuar del presidente. Pero eso parece que ya no le ayuda mucho al primer mandatario.

«INFORME» SÓLO PARA JÓVENES

Siguiendo con su «plan maestro», elaborado por sus asesores tecnócratas, al acercarse el momento de su cuarto informe de gobierno, para el 1 de septiembre, el presidente anunció que está vez no sólo no habría informe ante el Congreso –desde tiempos de Vicente Fox está ya no ocurre–, sino tampoco habría discurso ante invitados en Palacio Nacional.

En este año, Peña Nieto no daría discurso en absoluto, sino que se reuniría con algunos centenares de personas de entre 13 y 32 años de edad, en un formato que se conoce en inglés como town hall –-ah, estos tecnócratas—, que podría traducirse como «asamblea comunitaria». De estos jóvenes, el presidente escucharía preguntas, en lo que sería una sesión de preguntas y respuestas, incluidas las enviadas por el público a través de las redes sociales.

Ese evento fue un gran símbolo de su nueva estrategia o plan maestro, y de la ansiedad del presidente por hacer algo ya, que lo congracie con la población. Y es que este encuentro exclusivo con jóvenes, no ocurrió en algún día nacional o internacional de la juventud, o en algún día en que se consideró adecuado una reunión con jóvenes, sino que ocurrió en el día en que se espera que el presidente se dirija «A LA NACIÓN». 

EN CONCLUSIÓN

Desde hace muchos años en México, hemos vivido el gobierno de los tecnócratas. Individuos altamente preparados académicamente que sin embargo, encerrados en sus torres de marfil, son incapaces de allegarse con personas de genuina inteligencia, que tengan el olfato y el sentido para gobernar para la gente, para el pueblo. (Ah, se me olvidaba, ellos piensan que eso se llama «populismo», y en sus escuelas eso debe ser repudiado).

Demasiada preparación técnica pero despojada de sentido práctico, talento político y valores sólidos conducen a la ineficacia y a la torpeza como gobierno, pero ojalá fuera sólo eso. Aunado, se encuentra el problema de la corrupción del sistema político. Esta corrupción siempre ha existido en México, como en muchos países, pero con el regreso de un presidente priista, el problema de corrupción, se ha agudizado, y hay muchos ejemplos de ello.

Ceguera, torpeza, más corrupción son una mezcla muy peligrosa para una administración que debe de durar seis años completos. Todos los indicios apuntan a que este gobierno no tiene remedio, porque el problema es de la cabeza, del líder. Ojalá estemos equivocados, porque en medio de todos los problemas que enfrenta México, encima se viene un proceso de sucesión presidencial; y más cercanamente, las elecciones en EE.UU., donde México ha sido demasiado mencionado, no siempre para bien.

Esperemos que el sistema no haga crisis, como muchas veces en el pasado ocurrió, bajo presidentes del PRI, lo cual sería terrible para jóvenes y viejos por igual.

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