España: una comparación con la “chiquita” Liga Mx

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

Se trata de una mentirita hasta cierto punto ardida cuando los notables del periodismo mexicano, en aras de defender la incipiente, malita y marginal Liga Mx (a excepción de contaditos clubes) despotrican fervorosamente (con un nacionalismo sui géneris de por medio) a la Liga BBVA de España (Primera División de España).

La realidad deportiva indica que el futbol español es extraordinario, quizás el mejor del mundo, y absolutamente muchísimo mejor que el mexicano, sin duda.

Olvidando un poco la majestuosidad teatral y la finura colectiva del libreto de juego del FC Barcelona, que lo posiciona por lo hecho en los últimos años y desde un punto de vista particular como el mejor equipo de la historia de este deporte, o la maquinaria vertical y descomunal de los soldados del Real Madrid, ambos emblemas icónicos del el futbol español para el mundo, reivindican a ambos clubes como los dos mejores del planeta.

Analicemos el perfil del balompié español en una línea que valla desde el Atlético de Madrid, el Valencia, el Sevilla, el Villarreal o el Athletic Club de Bilbao, hacia abajo.

Ver partidos de la Liga Española es percibir equipos que proponen un sistema de juego que responde a una ideología y un fundamento de ser de una institución que, en primer lugar, en muchos casos, se muestra ante la gente, ante hacienda y ante el mundo del futbol como ente social, y que además plasma ante los lentes del dominio público un proyecto deportivo diseminado en los valores que cada equipo representa.

¿A caso eso sucede en México, con esa manera de comprar-vender-cambiar-revender franquicias-desaparecer equipos-devolver equipos a su lugar de origen de manera transitoria? Esa es la diferencia entre hacer negocio y cultura de futbol y hacer puro negocio del futbol.

En el futbol este tipo de valores y virtudes deportivas se plasman directamente en cancha. Mucha gente cree que cuando el Barcelona o el Real Madrid vencen con marcadores abultados a equipos de perfil corto en España es tarea fácil.

Olvidan que, en primera, hay que jugar, en segunda, hay que saberlo hacer y, en tercera, hay que lidiar con el acecho, la gallardía, la valentía y el coraje mezclado con vergüenza deportiva plasmados en una ideología. Un sentimiento, una pasión y sobre todo un amor al oficio que maman los jugadores de los equipos medianos y chicos de España al firmar un contrato con el club correspondiente.

Ver el futbol de España por televisión o en la grada es divertido, espectacular, pasional, peculiar, agradable, disfrutable; es mirar un espectáculo deportivo con alto valor desde la disciplina táctica, la preparación física de los equipos, la calidad de jugadores de origen extranjero con que cuentan los equipos españoles, la exigencia y el nivel de competencia desde una óptica de una verdadera cultura futbolística.

En España para cada equipo está prohibido relajarse, y el que lo hace, la paga con el descenso o, mínimo, con la descalificación y el castigo social de la afición, la prensa deportiva (notablemente más crítica, imparcial e inteligente que la mexicana) y la vergüenza.

La polémica del argentino Alejandro Fantino

Dicen por ahí que cuando te queda el saco, póntelo. Mientras en otros países no sucede nada cuando desde el extranjero despotrican contra sus ligas (como sucede en España o Portugal cuando desde México sus notables del periodismo califican sus ligas como “bananeras”, “de medio pelo”, o así), acá un comentario que se quedó corto causó revuelo, enojo pero sobre todo vulneró los nervios nacionalistas de los personajes emblema del futbol mexicano.

Lo que el periodismo en conjunto debiera discutir es la obligación sistémica de la Liga Mx de que por cada 15 partidos a la semana, 10 mínimamente entretengan y valgan la pena para la gente, las inversiones en tiempo, dinero y esfuerzo de consumir un cotejo. La gente paga un boleto por ver espectáculo que divierta, no que duerma en las largas agonías de la precaución y la defensa de ventajas míseras.

Me agradaría ver partidos de más de 4 goles por cotejo, de valores de juego que apuesten por lo ofensivo, por la agresividad, por el coraje y la garra, pero sobre todo por la formación táctica que represente una verdadera cultura futbolística.

FA-Espana
Los anteriores son temas que, sumados a la revisión del negocio de la Selección Mexicana, al negocio de los sponsors cerveceros y de telecomunicaciones, al negocio de las apuestas (muy lucrativo en el futbol, por cierto), debieran tratarse en las juntas que consecutivamente sostienen los dueños de la pelota en México, o por lo menos, los empleados de estos.

La gente del futbol mexicano debería saber que en otros países el negocio –enormemente superior al estándar financiero de la Liga Mx– se mezcla con los valores y las virtudes deportivas en su máxima expresión. El futbol profesional no sólo es un negocio, antes que nada es un deporte también.

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