Enervantes, mercado de 320 mil millones de dólares

Por Melchor Arellano

Serán empresarios los más interesados en el negocio de las drogas. Como ocurrió con el alcohol, la legalización de la marihuana con fines medicinales y recreativos, es un tema que atrae a empresarios, muchos de los cuales en todas las geografías nunca estuvieron lejos del negocio.

La prohibición del enervante generó una funesta criminalización que se tradujo en un macabro baño de sangre en México, vía la “guerra anti narco” del CALDERONATO. Una prohibición enmascarada y traducida en violencia extrema, que solo sirvió para fortalecer al crimen organizado, venta de armas y restructura del sistema financiero. Nuestro país supera a Irak, Afganistán y Libia, en la compra de armas. Más allá de la legalización del enervante, un hecho es contundente: la política de prohibición del consumo de drogas en México ha fracasado, al igual que su criminalización y combate. Por más de 40 años, dicha prohibición solo sirvió para incrementar violencia, criminalizar y crear un sistema de inseguridad como modo de vida de los mexicanos.

Esa delirante proyección, orquestada por Richard Nixon, genera operaciones por más de 320 mil millones de dólares, que representa el 1 por ciento del PIB mundial y sumado al mercado colateral que genera como venta de armas, lavado y negocio inmobiliario, el valor se triplicaría, es decir, 960 mil millones de dólares o más del 3 por ciento del PIB global. Además de la compra venta de armas, operaciones inmobiliarias, implica recomposición del sistema financiero global y estadounidense.

La legalización de la marihuana debe sustentarse en un enfoque preventivo y de seguridad pública (en términos medicinales, científicos y recreativos) y no para satisfacer el apetito feroz de estadounidenses. Estados Unidos se beneficia de lo que prohibió y criminalizó extraterritorialmente, sembrando terror y muerte. Parar la demonización del nuevo negocio lucrativo, implica su legalización. Significa detener la desazón del CALDERONATO y PEÑIATO en éxodo, crimen, impunidad, corrupción, violencia e inseguridad. El régimen anti drogas estadounidense fue exportado al mundo, a América Latina y en especial a nuestro país. México puso los muertos y los estadounidenses armas y ganancias. De suyo, el fortalecimiento de las fuerzas armadas mexicanas no tiene parangón en la historia reciente del país. Es tan grave como el hecho de que 96 por ciento de delitos del fuero común quedan impunes y la afectación de víctimas es imparable, irreparable y brutal.

La lucha anti drogas, nunca se asumió como paradigma del libre desarrollo de la personalidad, problema de salud pública y respeto a los derechos humanos. Ello obliga a llamar a cuentas a Calderón para que responda por su responsabilidad en el genocidio contra los mexicanos, quien ya no tiene la protección de Washington para evadir la justicia. En la gestión de Calderón, hubo en el mejor de los casos 11 mil 600 muertos por año. Regular el consumo de marihuana, debe ser pronto y expedito tanto para usos medicinales (el Cannabis, se legalizó en Estados Unidos en 1937) como para fines recreativos.

Tras finalizar los foros sobre el Debate Nacional sobre el Uso de la Marihuana, se instó al gobierno legalizar la droga para fines medicinales y recreativos. Los foros, fueron realizados por el gobierno federal de cara a la Asamblea General de Naciones Unidas sobre el problema mundial de las drogas (UNGASS, por sus siglas en inglés). Lo cierto es que entramos tarde al debate y con una política fracasada de lucha contra las drogas. Es menester ampliar la narrativa sobre el uso de la marihuana a drogas más duras. Ante la ONU, Peña Nieto “pidió” pasar de la prohibición a la regulación de las drogas, sin asumir una voluntad y decisión soberana del Estado. Pidió, en lugar de proponer (como lo hizo Portugal o Uruguay), buscando sin éxito limpiar su deteriorada imagen en el mundo, con un bálsamo que no disuadió su penosa careta.

Antes de dejar la presidencia, Calderón habló de legalización antela 67ª Asamblea General de la ONU, donde solo consiguió evidenciar su fracasada estrategia de gestión: “la guerra contra las drogas” hecha razón de gobierno. Tres meses antes de dejar su mandato, Calderón (al estilo Poncio Pilatos) dijo: “hoy propongo que la Organización de las Naciones Unidas haga una valoración profunda de los alcances y los límites del actual enfoque prohibicionista en materia de drogas”.

Según la Encuesta Nacional de Adicciones 2002, 2008 y 2011 de la Secretaría de Salud (SSA), en menos de una década, el consumo de cannabis en México se triplicó entre la población menor a 35 años. De acuerdo a la ONU, sólo 10 por ciento de los usuarios frecuentes de esta droga tienen un consumo conflictivo, mientras el resto no presenta dificultades para llevar a cabo sus actividades cotidianas.

 

Despenalización, ¿hasta dónde?

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El Artículo 194 del Código Penal Federal establece prisión de entre 5 y 25 años para aquel que “produzca, transporte, trafique, comercie, suministre aun gratuitamente o prescriba alguna droga”. Hoy, la posesión para consumo menor a 5 gramos (con la legalización la portación sería de 18 gramos) no se sanciona, pero se imputa a individuos ante el Ministerio Público (MP) por el consumo del enervante.

El MP determina el ejercicio o no de la acción penal, según cantidad y lugar de detención. El Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, señala como precedente a la despenalización, el veredicto emitido en noviembre del 2015 por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), donde reconoce el uso recreativo y lúdico del producto en cuestión. Queda pendiente a los legisladores, fijar la forma de regular y la cantidad permitida asumiendo que los usuarios tienen libertad de consumo como se hace con el alcohol, pero en establecimientos normados por el Estado. Habría mayores ingresos al fisco y detención de la masacre a la población bajo sospecha de tráfico y consumo. Que norme el Estado y no delincuentes, sería el adagio promocional, aunque nadie explica quién pagará por los muertos.

Existe acuerdo en el uso medicinal con dos vertientes:a) como negocio, las compañías farmacéuticas podrán vender drogas con componentes de marihuana; y b) por padecimiento o dolor con trato médico distinto que vendrá con la regulación del consumo. La discusión está marcada por la decisión favorable de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (CJN) que validó avanzar en la legalización.

La preceptiva constitucional deja abierta la discusión sobre el alcance de dicho precedente, orientado a facilitar la legalización. Al igual que en Europa, una persona adulta puede decidir el nivel de consumo, sin ser criminalizado. El problema es que en México, la muerte e impunidad rondan a este proceso, ante la falta de decisión presidencial, pese al debate nacional favorable en la materia. La proclama a favor debe acelerarse puesto que hay demasiados muertos, angustia y dolor en el país.

 

Beneficiarios reales

 

De acuerdo al reporte de drogas de Naciones Unidas, el mercado criminalizado de la marihuana tiene un valor de 141 mil 800 mil millones de dólares. Asimismo y de acuerdo a la Organización Mundial de Salud (OMS) tiene 147 millones de consumidores en el planeta, lo cual representa cerca del 2.4 por ciento de la población mundial. Permitir el uso medicinal (en particular del Cannabis) a firmas farmacéuticas, sería un espaldarazo a estas de los legisladores. Sin embargo, el debate debe avanzar hacia el consumo recreativo, tradicional o fumado.

Preocupa que solo se vean intereses de farmacéuticas y potenciales empresarios, pese a que la Corte dejó clara la libre determinación de personalidad, libertad y autonomía en el consumo, como sucede con el alcohol. Habrá que esperar la provisión de lugares donde se consiga las sustancias con fines medicinales. Pero los que no tardarán en apropiarse del negocio, son los grandes consorcios y también el Estado en materia de salud y educación, puesto que apoyaría la prevención del consumo. La regulación del Cannabis, daría seguridad y mejor uso de recursos al Estado, en la cadena de valor. Habría una atención diferente respecto al castigo a delitos de alto impacto, como secuestro, extorsión y homicidio, con recursos de la marihuana. Lo más grave es que 60 por ciento de muertes en México en la lucha anti narco, es por marihuana y un promedio superior de personas actualmente presas, es por el mismo delito.

Estados Unidos al legalizar el alcohol, eliminó mafias controladoras, pero permitió la creación de grandes consorcios del licor, magnificando ingresos y distribución. Pese a decrecer en muertes violentas por venganzas entre mafias, aumentaron decesos por consumo (adicción, riñas, accidentes de tránsito, cirrosis). Y lo mismo pasa con el tabaco que produce un promedio de 7 millones de muertes anuales por enfisema pulmonar, además de daños al sentido del gusto y mal olor. El gasto social en rehabilitación de alcohólicos y fumadores es incuantificable. Lo decimos, porque los consorcios del licor, tabaco y cafeína, han medrado contra la legalización aun cuando ellos serán los beneficiarios y harán florecer empresas de la marihuana.

Hoy se oponen al proceso mientras promueven consumo de alcohol, tabaco y cafeína, tan nocivos o peores que las drogas prohibidas, asociados a farmacéuticas y distribuidores. Por desgracia, no podemos evitar que la legalización beneficie a los mismos capos tabacaleros, licoreros y financieros. En adelante, los empresarios serán también médicos, veterinarios, distribuidores, legisladores, presidentes, expresidentes y magistrados. No obstante, quizá la voracidad legal en el negocio, sea preferible al baño de sangre en que se ha sumido al país.

 

Hipocresía en el alcohol y tabaco

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Cuando se habla del uso y abuso de sustancias prohibidas, la sociedad se soslaya en la hipocresía construida y promovida por los empresarios del alcohol y tabaco. La sociedad celebra el alcohol (en el marco del cual se creó en Estados Unidos la Ley Seca desde 1919) y demoniza la marihuana, cuando los efectos nocivos sobre la salud son peores en el primero. El alcohol no es sólo droga, sino un Cancerígeno del Grupo 1(como el VIH, amianto, plutonio y gas mostaza).Es una droga vinculada a diversas formas de cáncer y enfermedades, que causa millones de muertes en asaltos, violencia familiar, comunitaria, accidentes y problemas sociales.

Es perniciosamente adictivo y contribuye al crimen y afectación de la economía familiar y nacional. Pero su consumo, se solapa porque es el apetecible negocio de grandes consorcios y control mediático, así como integrantes de los poderes del Estado. Se consume licor en reuniones sociales, cumpleaños, fiestas infantiles, graduaciones, matrimonios, días festivos, eventos deportivos, fines de semana, entre muchos pretextos. Es el pago a la evasión; escape o huida a las emociones, recuerdos, realidad y preocupaciones. Se alcoholiza para conversar, interaccionar, conquista amorosa, así como justificación a la pasividad política, validado por una sociedad inmersa en la ignorancia, abulia y falsedad. Frente a un mundo caótico e incierto, el escape mental se justifica en el alcohol y tabaquismo.

La adicción al alcohol, es un elemento cotidiano de autodestrucción celebrada; una herencia familiar y comunitaria de mentalidad autodestructiva. La sociedad celebra esta locura y el entorno mediático publicitario, la extiende en extremo. La muerte se vuelve así un funesto alarde de la “normalidad” del absurdo. Se teme y demonizan los psicodélicos o plantas naturales, que son incluso psicoterapéuticos. Existe miedo y estigma creados por los medios y mercadotecnia respecto a que estos (psilocibina, LSD, peyote) causan problemas mentales. Varias de estas plantas son empleadas para tratar la adicción a drogas legales como el alcoholismo. Se usan en padecimientos como ansiedad, depresión y estrés postraumático.

No son venenosas, como las drogas legales: alcohol, tabaco y cafeína. Pero se celebran las drogas legales que enferman, idiotizan y matan. Los psicodélicos (como la marihuana) están demonizados y son ilegales porque su prohibición genera el gran negocio, mientras al supra poder autoritario no le importa teñir de sangre a la sociedad en aras de maximizar ganancias y dominio.

 

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