El derecho inalienable a la impunidad de una feminista progre, de PRIMERA CLASE

Por: Armando Leal

@armandoleal71

Puedes dispararme con tus palabras,

puedes herirme con tus ojos,

puedes matarme con tu odio,

y aún así, como el aire, yo me levanto.

Maya Angelou

Secretarios de Estado, rectores de universidades, oficial mayor de diversas secretarías de Estado… un presidente de la República, aparentemente todos ellos varones; mientras una mujer está en la cárcel ellos siguen en libertad. Hay al menos dos argumentos que se esgrimen en ciertos sectores de la opinión pública sobre la detención y encarcelamiento de Rosario Robles: que es una cuestión de género, y el otro; se trata de una venganza política.

Lo cierto es, que la exsecretaria está acusada por el uso electoral de programas sociales, manejo irregular de los apoyos a los damnificados por los sismos de 2017 y desvíos de miles de millones de pesos a través de la llamada Estafa Maestra, entre otros delitos. La autodenominada mujer de “izquierda y progresista” robó miles de millones de pesos del erario mexicano; sin embargo, al inicio de su proceso legal y en sus primeras comparecencias ante los tribunales, estando en libertad, la exfuncionaria peñista se mostraba altiva y retadora, defendía vehementemente su inocencia e insistía en ser perseguida política. ¡las feministas progres… también roban y lloran!

A más de dos años de ello y con más de un año en prisión preventiva en el penal femenil de Santa Martha, la exjefa de gobierno del entonces Distrito Federal ha dejado de negar su responsabilidad en los hechos que se le acusan, ya que presentó una solicitud ante la Fiscalía General de la República (FGR) para ser testigo colaborador y denunciar algunos de sus cómplices en los múltiples delitos que cometió como funcionaria pública, entre ellos destaca el desvío de 255.6 millones de dólares a través de la red de corrupción en torno a la llamada Estafa Maestra.

La figura de testigo colaborador emerge en el sistema jurídico mexicano, a través de una reforma constitucional de junio de 2008, pensada para personas que hayan sido o sean integrantes de la delincuencia organizada o participen en una actividad delictiva en colusión. Para poder acceder a la figura legal de testigo colaborador, la feminista Rosario Robles deberá aceptar su participación en los hechos, entregar pruebas, así como delatar a sus cómplices; se señala que la delación deberá ser de funcionarios de mayor rango que el de ella: el expresidente Peña; sin embargo, esto último la ley no lo especifica.

La carrera política de Robles Berlanga está marcada por su debilidad amorosa, su relación con el “empresario” argentino Carlos Ahumada, echo luces por su afección para amorosamente coludirse en actividades delictivas y donde la distribución de fajos de billetes ha sido una constante. Sobre los video escándalos, la feminista Robles esgrimió inocencia y se escudo en el amor como un mecanismo que le impidió ser consciente de sus actividades ilegales.

Los defensores de la feminista arguyen que se trata de una venganza política, que está en la cárcel porque parte importante del sistema judicial mexicano se ha coludido para su encarcelamiento, un sistema conservador que se suma a la venganza de la izquierda. Es cierto que la exsecretaria peñista traicionó a la izquierda mexicana, se asoció con el expresidente Salinas de Gortari para la escenificación de los video escándalos que llevaron al proceso de desafuero del exjefe de gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador; pero fundamentalmente su felonía reside en haber traicionado los principios éticos de la izquierda. ¿Ella fue la única que los traicionó? No. ¿Ella fue a parar a la cárcel por distribuir fajos de billetes? No.

Hay elementos fácticos que permiten sostener el argumento de que Rosario Robles está en prisión preventiva por una venganza política. Hasta este momento NINGUNO, todos son deducciones, obedecen a la defensa de un privilegio. Hay diferentes tipos de criminales, aquellos que merecen estar en la cárcel, otros que no deben pisarla. Es cierto, que en el caso del otro testigo colaborador de la administración peñista: Emilio Lozoya el trato es diferente, ya que él confronta su proceso en libertad. Ello podría ser un elemento de análisis que pueda sustentar el argumento de la venganza política. Pero se trata sólo de un indicio, no hay más elementos de análisis que puedan sustentar la venganza como el eje fundamental del ejercicio de la justicia.

Un elemento que puede ser considerado, es que mientras el exdirector de PEMEX negocia desde un inicio ser testigo colaborador y delatar a sus cómplices. Robres Berlanga defendió su fidelidad amorosa a la corrupta administración peñista; a casi dos años de su proceso, siempre mantuvo su declaración de inocencia, dijo ser presionada para mentir y culpar a los miembros de la Estafa Maestra, pero ella se negó. Hoy sabemos que no es inocente de lo que se le acusa.

Robles Berlanga, la política feminista de Sullivan, ha mentido sistemáticamente, lo cual por cierto fue un elemento para que el juez le negara confrontar su proceso en libertad. Insistió en ser víctima de una venganza y ser víctima del patriarcado, ambos argumentos trataban de ocultar su culpabilidad en las actividades delincuenciales. Hoy sabemos que participó en el multimillonario desvío de fondos del erario, en la Estafa Maestra. ¿Tiene responsabilidad en los hechos? Si ¿Ella es la única responsable? No.

La exsecretaria indicó que “…detallará a la FGR cómo Luis Videgaray Caso instruyó los desvíos de la Estafa Maestra y su utilización para financiar campañas electorales y actos proselitistas del PRI, incluida la presidencial de 2018 en la que José Antonio Meade fue el candidato tricolor.” En declaraciones a periodistas de su confianza, agregó, que no culpará a su exjefe Peña, ni a su compañero de gabinete, hoy senador: Osorio Chong. ¡Impunidad feminista!

Rosario Robles Berlanga, la política progresista que acusa ser víctima de la venganza, se desquita selectivamente de sus antiguos aliados, denunciará a unos, pero no a otros. Desde de su celda en Santa Martha usa la espada de Damocles, continúa adulando a su antiguo patrón (un macho) y decide sacrificarse en su honor ¡Vaya caso de feminista!

La política de Sullivan señala que es víctima del machismo y del patriarcado, el coro de sus defensores indica que la justicia mexicana no es ciega, castiga más a las mujeres que a los varones. Lo cual es terriblemente cierto. De acuerdo con un estudio de la organización Reinserta, un tercio de las mujeres que componen su muestra señala no haber tenido a un abogado defensor, las condenas que sufren las mujeres delincuentes son proporcionalmente mayor; según este estudio, ellas cumplen condenas de 25 años, mientras que los varones de 5 años; los abogados varones, son ineficientes en llevar sus casos, mientras que en el caso de los hombres resultan ser lo contrario.

Es cierto, la sociedad mexicana es machista, el paroxismo de ello es que son asesinadas 10 mujeres al día; investigaciones recientes, señalan que el 80 por ciento de esos feminicidios son cometidos por el crimen organizado, lo cual hace que el fenómeno sea aún más complejo. Pero además es necesario resaltar, que, gracias al machismo de la justicia mexicana, la pandemia de los feminicidios va in crescendo.

Sin embargo, la feminista Robles ha mantenido sistemáticamente la relación de dominación patriarcal y machista se ha beneficiado de ella, la denuncia cuando ésta no le conviene, cuando debe rendir cuenta de sus delitos. Sus argumentos contra el machismo resultan ser absolutamente machistas y clasistas; ella pertenece a una élite que no debe rendir cuentas, una élite impune que se coluden para robar miles de millones de pesos del erario y nada debe pasar.

De acuerdo con su argumento, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador la persigue por ser mujer, no por delinquir; es decir, a esta amorosa feminista hay que perdonarle sus delitos, simplemente por el hecho de ser MUJER. Que se jodan los millones de mujeres mexicanas pobres, ellas sí deben de estar en la cárcel. Esas mujeres que no pueden chantajear desde su celda a sus cómplices para pagar abogados de primer mundo que le permitan entrar en el reino despótico de la impunidad. Por el derecho inalienable a la impunidad de una feminista progre, de PRIMERA CLASE. Esa es la defensa de la política de Sullivan.

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