El capitalismo modifica a modo al Estado

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

Una de las grandes mentiras que por las ciencias sociales circunda es que el Estado funciona como un ente repleto de ideas hermosas que provienen de las tradiciones del pensamiento y de las dinámicas idealistas de los circuitos intelectuales que en cada época de la historia aparecen.

Sin embargo, la concreción de los hechos que desde la economía influyen de forma determinante el comportamiento de la sociedad, no sólo nulifican esta aberración, sino que le dan el verdadero sentido de la explicación: las causas económicas actúan como el principal aspecto determinante de la vida humana.

El sistema dominante llamado capitalista es aquel que, a través de sus necesidades en cuanto a su progresión y expansión, a través de sus mercados y de sus criterios de explotación al obrero, determina y hace evolucionar el rumbo que el Estado ha de tener, en absolutamente todo.

En palabras simples, el Estado, es el instrumento principal que el capitalismo tiene para imponer la lógica de sus políticas y acomodar sus necesidades, en función de la lógica en que trabaja la tasa general de ganancia de forma favorable.

Sin capitalismo, el Estado no existe.

El capitalismo, dentro de sus lógicas de reestructuración de la reproducción y circulación del capital, acomoda a través de líneas generales de política y de determinaciones económicas la lógica que el Estado ha de seguir para imponer nuevas reglas, o impulsar nuevas políticas en absolutamente todo.

Por ende, el Estado actúa como un ente servil a modo de este sistema de producción económico que domina el planeta y el Estado siempre estará expectante de las necesidades que la burguesía va demandando, para optimizar la lógica de utilidades, o reorientar el cauce que la gente debe seguir para obedecer estas líneas en general, recordando el rol alineado a esta realidad por parte del Estado.

El Estado funciona y existe porque el capital le necesita y el capital le da vida, es así de simple. Las autoridades que están en el Estado se preparan con categorías, estudios e instituciones que son propias del sistema económico.

Por eso, expresiones como las del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, de que nunca más el Estado mexicano funcionará por debajo de los intereses económicos, no sólo es una falacia, sino que es una aberración, porque es gracias a la economía que el Estado readapta sus condiciones de funcionamiento y la lógica de sus programas.

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