La flor púrpura: crecer en medio de lo adverso

Por Anahí García Jáquez/Radio Gatell

Kambili Achike es una chica perteneciente a la clase alta de Nigeria. Vive en una mansión junto a sus padres y su hermano mayor Jaja. Aunque parece que lo tiene todo, en realidad carece de lo más importante para ser feliz y lo descubrirá una vez que salga de ese ambiente.

La flor púrpura es un trabajo (su primero, para ser más exactos) de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, quien ubica esta historia en un contexto histórico por demás relevante para el desarrollo de la historia, que es contada por Kambili. 

Ella nos cuenta acerca de su familia, compuesta por su hermano mayor, su madre Beatrice y su padre Eugene, quien dirige ese hogar con mano de hierro, a la vez que se ostenta como un importante empresario con valores católicos, que es todo un benefactor, excepto en su lujosa residencia, en donde la bondad no suele ser aplicada. 

Todo cambia para Kambili y Jaja cuando pasan unas vacaciones en casa de su tía Ifeoma, hermana de su padre. 

Esta mujer, profesionista y madre de tres hijos, ha sabido crear un hogar basado en un ambiente de amor, respeto y libertad, siendo diametralmente opuesto a lo que vive Kambili con sus padres. Es en este lugar donde esta chica aprenderá mucho de sí misma y de la vida.

La autora aborda el espinoso tema de la violencia doméstica, que es la que Eugene ejerce contra su mujer y sus hijos. 

Se nos presenta a un hombre que de puertas hacia adentro es un tirano que ha creado un ambiente de opresión en el que Beatrice, Kambili y Jaja se sienten asfixiados, además por el fanatismo católico de Eugene que, a través de estas creencias, se rebela contra la religión imperante en su país y, por lo tanto, choca con su anciano padre, seguidor de las creencias antiguas.

Esta situación muestra dos ejemplos claros de personas: las que han abrazado el cambio, tras dejar de ser una colonia, y los que deciden permanecer fieles a su identidad, mientras que la tía Ifeoma, hermana de Eugene, es un punto medio entre ambos, ya que ella posee ideas progresistas, pero reconoce su esencia y no la niega. 

Y hablando de mujeres, la autora nos muestra a varios arquetipos, como Beatrice, una mujer abnegada que sufre por los abusos que su esposo comete contra ella, haciéndola vivir con miedo de la siguiente golpiza, pero a la vez, de un posible abandono, debido a no poder embarazarse más, mientras que Ifeoma es un claro ejemplo de superación, al ser viuda y tener que sacar adelante a Amaka, Obioma y Chima que, aunque no tienen a su padre, son chicos que han crecido felices.

Por lo que, de nuevo, se nos muestran dos tipos de familia: la que posee la estructura normal (por decirlo de alguna manera), que en apariencia funciona, y la uniparental, donde cada miembro aporta para lograr la unión y la felicidad, tanto individual como en conjunto. 

Y por último, tenemos a la misma Kambili, quien busca romper el círculo de violencia en el que se ha crecido e intenta desarrollar su propio criterio y opiniones, las cuales desea expresar en aras de remediar la situación en la que vive, al mismo tiempo que conoce el amor, el cual despierta en ella nuevas sensaciones.

La flor púrpura es un texto fuerte que plasma realidades universales y que son realmente dolorosas. Y lo hace de tal manera que el lector puede sentir a veces la tristeza y la angustia que embarga a los Achike. Sin embargo, la autora nos hace saber que, en medio de ello, hay esperanza de una vida mejor para esta jovencita quien sólo desea sobrevivir.

La flor púrpura. Chimamanda Ngozi Adichie. 2003. Editorial Literatura Random House.

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