Edificio de la SEP, un museo dentro de una secretaría de Estado

Foto y texto: Ángel Magno Camacho Marbán

Es muy raro que uno realice visitas turísticas a edificios oficiales en la Ciudad de México. “Muy bonito el lugar”, dicen unos turistas de Estados Unidos que apenas mastican el español.

Es la Secretaría de Educación Pública, en el Centro Histórico, que comprende dos edificios de hace más de 280 años.

“Antes era un convento de monjitas”, comenta Raúl, el guía oficial del lugar.

En la entrada muy pocos notan la enorme puerta de madera gruesa. El inmenso portón parece no haber sufrido modificaciones de consideración en varios años.

La historia dice que Benito Juárez expropió los terrenos del clero para el gobierno, y para los años 30 del siglo pasado fue declarado edificio de la SEP.

Los turistas estadounidenses se maravillan con los murales de Diego Rivera. “En dos etapas pintó, con la ayuda de amigos, todo esto”, comenta Raúl.

“Por alguna de esas oficinas del tercer piso está la oficina de (Aurelio) Nuño”, explica el guía, quien ya para ese momento se había declarado marxista.

Existen dos pasajes largos de los murales de Diego Rivera. Los turistas “gringos” –de considerable estatura– parece que se adaptan mejor al calor. Con una bermuda color café, playera de tono gris y la indiscutible gorra característica para tapar el sol, el señor de unos 45 años, quemado por el sol, está muy sonriente.

Por su parte, la señora viste con un pescador de un tono beige y una blusa azul cielo, sin olvidar la cámara profesional colgada en el cuello, “para la foto del recuerdo”.

Raúl va explicando la historia de las pinturas. “Es la utopía de Diego. Se fue a estudiar a Europa y fue amigo de (Leon) Trosky, él le enseñó todo sobre el marxismo. Aquí podemos ver la idea de cómo el campesino se levanta en armas para acabar con el burgués y su capitalismo”.

A leguas se nota que a Raúl le gusta este trabajo.

 “La caída del capitalismo (observamos en otro mural de Diego), claro, es solamente una utopía. La educación, la fortaleza de toda sociedad, el comunismo triunfó en la teoría, pero cuando se corrompe, todo acaba mal”.

Es curioso ver la tranquilidad que existe en este lugar. Con una superficie de 8 mil 500 metros cuadrados, ubicado en el predio de las República de Venezuela al norte, de Luis González Obregón al sur, de República de Argentina al este y República de Brasil al oeste en el Centro Histórico.

Una vez adentro, a pesar de la ubicación, hay una paz que realmente es inexplicable (a excepción de las patrullas o ambulancias pasando cerca de ahí), parece que estás en otro lugar.

Los extranjeros (que al parecer eran pareja), se quedaron contemplando el lugar. El calor era insoportable. El rostro de Raúl se veía cansado. Son las dos de la tarde, pero su entusiasmo para explicar los murales es de asombrarse.

Con todo esto, nos mete al salón que en letras formales dice: “Salón Iberoamericano”. Lugar que antes era el Convento de la Encarnación, construido en el siglo XVII, del cual solamente queda la iglesia y que en 1924 fue inaugurado como salón de uso múltiples y Sala de Banderas Hispanoamericanas.

Al entrar, un pequeño mural y los retratos de todos los personajes que han sido Secretarios de Educación Pública, desde que la  institución se llamaba Secretaría de Justicia, Negocios Eclesiásticos e Instrucción Pública.

“El único que ha sido presidente de estos fue (Ernesto) Zedillo”. La historia nos cuenta que tomó el cargo en 1992, pero renunció un año después (1993) para tomar la dirección de campaña del entonces candidato del PRI, Luis Donaldo Colosio, que falleció en campaña. Después, Zedillo, designado por el presidente Salinas, asumió la candidatura y a la postre fue presidente de la República Mexicana.

Al dar la vuelta está el atrio, con un largo de 33 metros (no es casualidad que sea así) “La altura del techo que es de 33 metros es debido a la edad de Jesús”, comenta Raúl.

La impresión de ver el enorme mural hecho por Roberto Montenegro, con la leyenda “La unión de los pueblos latinoamericanos”, es realmente increíble, con más de 28 metros de largo.

Pintado el continente americano, representado cada país de América con un símbolo reconocido de cada lugar.

Tenemos cosas hermosas en el país, en cada rincón hay un pequeño México que debemos explorar. No debemos dejar pasar de largo los monumentos que tenemos tan a la vista, que hasta se nos hace común verlos y les quitamos importancia. Vivimos en un país de hermosas arquitecturas y murales de la historia de todos nosotros.

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