Del Cervantino al Zócalo: “¡Nos faltan 43!”

Por Aurora Villaseñor

Fotos: Débora Poo y Alejandro Meléndez

El teatro rompió su esquema. Los actores rebasaron el límite de los pilares del Teatro Juárez y, encarabinados, se aglomeraron en la segunda manzana de la Calle de Sopeña.

La tragedia: la exigencia de la aparición con vida de 43 jóvenes ausentes desde hace más de dos años. La comedia: cientos de turistas entre los callejones de Guanajuato, ignorando a los intérpretes, alumnos de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, que desde Guerrero viajaron al Festival Cervantino para recordarle a los gustosos de la fiesta y a otros atraídos por la cultura que, desde el 26 de septiembre de 2014 hasta hoy, nos faltan 43.

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Estudiantes junto con activistas de Amnistía Internacional y maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) extendieron el grito que el pasado 26 de septiembre en el Zócalo capitalino, exclamó entre sollozos una madre al cuestionar al público sobre “qué harían si sus hijos no regresan a casa”.

“No han regresado a casa”, lloraban los membretes amarillos.

Hasta la cima del cerro, donde vigila “El Pípila” con antorcha el transcurrir del pueblo, llegó el conteo evocando a cada alumno, cuyo potencial se perdió en otro crimen de lesa humanidad.

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Uno de tantos que remiten a los patrones de conducta marcados desde años en México. Miedo latente de que el círculo de violencia se cierre hasta experimentar el terror en carne propia. En la ausencia del ser amado.

Algunos ojos prestaron atención al mensaje que insistía sobre el papel que “los mexicanos estamos cada día más jodidos. Eso no lo cuentan, pero cuenta mucho”.

Otros, en cambio, se mostraron muy participativos en actos de magia, en la toma de una selfie con el sombrerero loco, en alivianarse al son del mariachi, en comprar el souvenir de la 44 edición del Festival Internacional Cervantino.

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Como escribió un día Cervantes: “Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias”.

“Vida se paga con vida”, sentenció Martina de la Cruz, madre de Jhosivani Guerrero en el mitin del Zócalo, a dos años del hecho que le arrebató a su hijo.

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