Cuentos para niños e historias de guerra

Por Argel Jiménez

A un costado del Palacio de Ayuntamiento por donde está la entrada del metro Zócalo. La gente descansa después de hacer sus compras. El hambre se hace presente a esta hora del día (14:30 horas). En la jardinera que ocupa  más de media cuadra, señoras y señores de más de cuarenta años con sobrepeso degustan sus “doraditas” con nopales.

Ningún puesto se ve por ahí cerca. Dos muchachas ofrecen con voz medio alta esa tostada azul. El comensal la pide y en cuestión de poco tiempo se la traen. La prohibición que se da en el primer cuadro del Centro Histórico del comercio ambulante, hace que se vendan a escondidas dichos antojitos.

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El calor seco de la tarde capitalina resulta insoportable. Todos los foros de la XV Feria Internacional del Libro en Zócalo, en donde se presentan novedades editoriales, charlas sobre algún tema interesante y talleres para todas las edades, resultan abarrotados.

A esta hora circulan por los pasillos “bolitas” de adolescentes que fueron obligados a venir. La mayoría trata de pasarla lo mejor posible. Ahora los maestros –para cerciorarse que sí asistieron– los obligan a grabar un pedazo de alguna de las muchas charlas que se dan a lo largo del día. Graban unos minutos y se van.

En la sección de talleres para niños hay un cuentacuentos de unos veinte años que hace reír y participar a los niños y a sus papás. Termina su intervención diciéndoles que él no debería estar ahí, que su lugar de trabajo es en el módulo de información. La confesión desata la risa de los participantes.

La siguiente actividad  que sigue en ese mismo espacio es la creación de un cuento con pocas  palabras, ya que los niños tienen entre cinco y seis años. La señora que está a cargo empieza a leerles un cuento. No tiene la pericia de su antecesor. Los niños se distraen con cualquier cosa y no ponen atención a las indicaciones que se les da. Poco a poco el espacio se empieza a vaciar, hasta quedarse sólo con tres niños.

En el pasillo de enfrente también se imparte un taller de creación literaria para niños. Aquí la encargada hace que los pequeños pronuncien palabras de todos los campos  semánticos, ellos lucen entusiasmados. Cuando ya han dicho muchas palabras, les da la instrucción que con todo lo dicho van a hacer “su primer libro con dibujos de su biblioteca personal”.

En el taller de a lado, que igual es para niños, hay una dinámica de padres e hijos, en el que se tienen que saludar  con varias partes del cuerpo –rodilla con rodilla, brazo con brazo- al ritmo de una melodía de guitarra. El monitor les hace hincapié que en todo momento deben de ver a sus hijos a los ojos. La mayoría no lo hacían, pero después de  la  observación, los padres tratan de crear esa comunicación visual con sus hijos.

La dinámica sigue con juegos y bailes mientras la guitarra sigue sacando melodías alegres y el encargado les dice a los padres y niños de no más de seis años “que este país tiene que caminar”.

En otra carpa el periodista Carlos Fazio da una charla sobre Los aparatos ideológicos del Estado. Dice que esos aparatos tienen que ver con todos los medios de información electrónicos, escritos y cine. En resumen, con todas las formas de comunicación masiva.

Comenta que antes que el PRI perdiera el poder, en el año 2000, se vivía un sistema de partido único, y con la vuelta del mismo partido ahora pasó a ser un gerente o administrador de una plutocracia.

Menciona que cuando ese poder económico cree que va perder el poder  en las elecciones o por otro movimiento apartidista, esos aparatos ideológicos salen en defensa de las ideas dominantes. Esto puede ser mediante el terrorismo  mediático que busca construir un miedo social por medio de una violencia dirigida.

Y pone como ejemplo el sexenio de Felipe Calderón, cuando se instauró  una guerra contra el narco, justo cuando la gente “quería cambios un poco más o menos tranquilo” y que no se permitieron.

Llevar a la militarización y paramilitarización, que empezó en el 2006, tuvo como resultado los informes de la ONU que pronunció la semana pasada, en los que condena la tortura, ejecución extrajudicial y desaparición forzada sistemática por parte del Estado mexicano.

Esta barbarie no hubiera sido posible sin la legitimización y encubrimiento del horror que le proporcionaron los medios de comunicación al gobierno en turno. A la par de la descalificación y criminalización de la protesta social que disiente de las políticas imperantes.

Mencionó también cómo esos medios de comunicación van jugando un papel importante en el descredito de la izquierda electoral en la antesala de las elecciones.

Y recuerda el caso del conductor Paco Stanley en junio de 1999, cuando los peritos, después de su asesinato, dijeron que tenía todos los tintes de una narco ejecución. Los medios de comunicación, principalmente TV Azteca, organizó una campaña en la que ponía casi como un héroe al conductor en decadencia. Esto fue acompañado, a la par, por una promoción de histeria colectiva que tenía como único resultado “pegarle al candidato a vencer, Cuauhtémoc Cárdenas”.

Las características de estas campañas de linchamiento son la excitación mediática  del televidente, para poder politizar  un caso y emprender una campaña de odio. Misma que sufrió el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, con el mensaje publicitario que le indilgaron: “Un peligro para México”, el cual cumplió el objetivo de desprestigiar una oposición electoral.

El tiempo se agota y  la sesión de preguntas y respuestas se hace corta. Un asistente le plantea a Carlos Fazio que en el corto plazo por dónde puede ser la siguiente ofensiva en contra de la población. Responde que visualiza la ofensiva con el despojo que provocarán las privatizaciones que se avecinan, debido a las contra reformas de Enrique Peña Nieto, por lo que el petróleo, gas natural, minerales y  recursos naturales estarán en peligro.

Hace énfasis que esto se podrá llevar a cabo debido a que con la guerra que impulsó Calderón en su sexenio, rompió el tejido social y comunitario generando un caos generalizado.

Concluye que se busca que no haya resistencia al despojo, que por eso el caso de Iguala puede ser el “laboratorio” a esta nueva fase de más violencia que se avecina.

Termina la charla. La gente queda asombrada por lo escuchado. Las caras de asombro predominan pero no hay tiempo para quedarse petrificado por lo escuchado, ya que sigue otra plática y la dinámica cambia.

Y así pasan estos días en la Plaza de la Constitución. Con presentaciones de libros que buscan contar la historia de chinos que fueron masacrados, otro que cuenta la historia de la Ciudad de México a través de varios cronistas, o con la aclaración de la viuda de Gutiérrez Vega, que nunca va serlo, ya que para ella siempre será su esposo, o la presentación de varios grupos musicales.

 

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