¿Cuánto cuesta ser mujer?

Por Ana Laura Jiménez Flores

No es fácil ser mujer. Para serlo hay que invertir dinero y tiempo. Es un proceso doloroso, largo y costoso, un millón de pesos o tal vez más. Pero para José Eloy Flores todo esto vale la pena para lograr su más grande anhelo, completar su transición de hombre a mujer.

Su acta de nacimiento dice José Eloy Flores Navarro pero ya no hay rastro de él. Cambió los tenis por zapatillas, los pantalones por vestidos y faldas, las playeras holgadas que nunca le gustaron pasaron a ser tops cortos que se ajustan a su pecho y cintura.

José ya no está. Es Yamileth, y es una joven de 20 años estudiante de Negocios Empresariales.

No fue fácil. El primer paso fue reconocer su homosexualidad frente a su familia. “Para mi mamá fue una carga muy difícil porque no se esperaba eso de su primer hijo varón. Me veía con la necesidad de estar fingiendo una cosa que no”, comentó.

Yamileth sabía quién era y lo que quería. Pero no era fácil para ella contarle a sus padres que su primogénito quería ser mujer. En las noches salía de fiesta a hurtadillas. Se maquillaba, usaba vestido, extensiones en el  cabello y zapatos de tacón.

“Hubo una ocasión en la que llegué muy tomada y me caí al intentar entrar por la ventana. Se dieron cuenta mis papás y todo estalló…  Fue cuando me vieron por primera vez vestida como niña. Mi papá se puso muy mal. Quería arrancarme el cabello que tenía pegado con queratina. Mi ropa toda me la quemó, mis zapatos con tacón los rompió, también los quemó”.

Ante los problemas que surgieron en su casa, Yamileth huyó. Pasados seis meses sus padres la buscaron. Le pidieron que regresara a casa y que ellos la apoyarían en sus decisiones.

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Yamileth empezó con el tratamiento de hormonal. Al vivir en el Estado de México no tiene oportunidad de recibir el tratamiento gratuito que se ofrece en la Ciudad de México. Por sus propios medios, consultó con un endocrinólogo para empezar a tomar estrógenos conjugados, anti testosterona e inyectarse progesterona. Los cambios no fueron visibles sino hasta el séptimo mes.

“Con la ingesta de medicamentos, en este caso hormonas, se provoca una alteración en el metabolismo. Me creció el busto pero no tanto como el de una mujer. El vello dejó de crecer, ya no como antes. Se empezó a acumular grasa en el vientre, en piernas, caderas  y mejillas. El cabello empezó a crecer más y se volvió más delgado, y mis caracteres son más delicados, femeninos”.

Lleva un año seis meses en hormonas. El tratamiento es de por vida y este tiene riesgos.  A largo plazo provocan daños en los órganos, en especial en el hígado, por eso prohíben la ingesta de alcohol, además de que también  aumenta las probabilidades de sufrir cáncer.

Para Yamileth el proceso de lograr lo que quiere apenas comienza. Busca hacerse una lipoescultura, reducción de cintura, estilizar brazos e implantes de senos. Lograr una silueta más femenina, así como una operación de reasignación de sexo. La cirugía es una reconstrucción genital que consiste en cambiar la apariencia de sus genitales sexuales externos.  Quiere realizarse esta operación en el extranjero, en la nación del sureste asiático.

Tailandia es el destino más popular para los pacientes que buscan la cirugía de reasignación de sexo porque cuenta con un sistema de salud de bajo costo y cirujanos capacitados para realizar los procedimientos. La operación cuesta entre 7 mil y 9 mil 700 dólares. En centros pequeños y menos prestigiosos es posible operarse por unos 2 mil 500 dólares.

No hay estadísticas públicas sobre el número de personas que se someten a esta cirugía. Según datos del periódico El Financiero, al menos cien médicos tailandeses están calificados para realizar las operaciones y al menos 20 centros médicos, también tailandeses, las realizan. Estos procedimientos generaron alrededor de 4 mil millones de dólares en ingresos para Tailandia el año pasado, un aumento del 18 por ciento frente al 2013.

A pesar de la capacitación de los cirujanos esto no garantiza el éxito del procedimiento. Existen riesgos como que se presenten problemas en el proceso de cicatrización, heridas en los intestinos, la vejiga o la uretra, infecciones, así como el riesgo de una mala cirugía.

“Sí me da miedo porque es una operación y como cualquier operación hay riesgo de quedarte en la plancha. Para todo hay una preparación tanto física como psicológica. Yo me he preparado bien. Aún no estoy lista porque no tengo la solvencia económica para llevarla a cabo, pero sí es una meta a largo plazo que tengo planeada para mí. En mi condición no me importa nada, ni siquiera el dolor de las operaciones. Si tuviera el dinero lo haría porque es una satisfacción personal”, agregó.

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Para que su transición se complete falta tiempo, pero Yamileth parece estar dispuesta a esperar pacientemente. “

Te tienes que superar para alcanzar las metas que tú quieras. Yo quiero lograr mi sueño de llevar a cabo la transición completa, mi reasignación de sexo, y para eso tengo que luchar; estar en la escuela, terminar mi carrera y trabajar”. Planea prepararse para lograr lo que yo quiere ser en su vida.

No es capricho, es para mostrar quién es en realidad.

Decía una feminista que “la mujer no nace, se hace”, y Yamileth hace lo posible para cumplir su sueño. Para ella “sería como volver a nacer”.

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