Cuando la soga aprieta… cien mujeres acosadas, torturadas… violadas

Por Armando Martínez Leal

@armandoleal71

 

Para Alejandro Gutiérrez, por el reencuentro amoroso.

 

Cuando la soga aprieta

es la hora y se pregunta

Qué es lo que soy

un número de expediente

una raya en el censo

un retrato también

un voto en las elecciones

una firma, una voz

para el clamor

Jaime López

 

Anualmente la revista Forbes publica un listado de las cien mujeres más poderosas en México, así como en el mundo, sin duda alguna la condición de la mujer a lo largo de las últimas décadas se ha modificado sustancialmente, podremos convenir con aquellos que señalan que la gran revolución social del siglo XX es la liberación de la mujer.

La Primera Guerra Mundial incorporó a la mujer al mercado de trabajo, allí inició su empoderamiento, hasta lograr aparentes procesos de igualdad, que pasan por el sufragio y un conjunto de derechos donde se reconoce su vulnerabilidad y se pretende combatir la desigualdad; según datos de Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), en la primera década del siglo XXI el porcentaje de mujeres en posgrados es de un 50.4 por ciento, mientras que en las especialidades es del 51 por ciento, según esta misma fuente sólo en la educación superior los varones superan a las mujeres con un 52 por ciento para ellos y un 48 por ciento para ellas.

Sin embargo en la borrachera neoliberal de la numeraria, el porcentaje más alto de deserción educativa lo tiene la mujer con un 80 por ciento, dicha expresión se da en las zonas rurales y más pobres del país. El fenómeno de la desigualdad de género es una huella lacerante del actual régimen neoliberal, la mujer está en la mayor de las indefensiones, así como confronta regularmente la violencia y el acoso del varón.

Foto:@rabiaytinta
Foto:@rabiaytinta

 

Como Juno el adverso del listado de Forbes, está el censo que Amnistía Internacional elaboró en su informe “Sobrevivir a la muerte, tortura de mujeres por fuerzas armadas y policías en México” se trata de un fantasmagórico inventario sobre la condición de 100 mexicanas que contaron al organismo internacional su condición de reclusión en las cárceles de México bajo la guerra letal contra el narcotráfico emprendida por Felipe Calderón Hinojosa y continuada por Enrique Peña.

Durante ocho meses Amnistía Internacional entrevistó a cien mujeres, sobrevivientes de la guerra letal, el informe Sobrevivir a la muerte señala que de las 100 mujeres encarceladas en 11 prisiones federales en México, 33 fueron violadas y todas torturadas psicológica y verbalmente, 97 recibieron violencia física y 72 sexual. Sobrevivir a la muerte advierte, que las mujeres más pobres en México son sometidas a “…violaciones tumultuarias de policías y soldados, descargas eléctricas en los genitales y una impunidad que arropa a los agresores y los mantiene en la calle.

Mónica Esparza Castro es un caso emblemático de cómo operan las fuerzas armadas (Ejército, Marina, Policía Federal, Estatal y Municipal) en el combate contra el crimen organizado. Mónica Esparza Castro es una coahuilense, hija, hermana, mujer que “…fue violada por un grupo de policías ante la mirada de soldados”. Mónica Esparza Castro fue violada el 12 de febrero de 2013, además torturada, “…la asfixiaron con una bolsa de plástico, la arrastraron por el suelo sujetándola del cabello, le golpearon las nalgas con un tablón y siete policías, entre ellos un representante de Seguridad Pública de Torreón, Coahuila, la violaron frente a su esposo y su hermano, además la obligaron a realizarles sexo oral.”

Mónica Esparza Castro es una de las 33 mujeres, del centenar que declararon a Amnistía Internacional (AI) ser violadas durante su aprehensión. Mónica Esparza Castro fue ilegalmente detenida cuando tenía 26 años y viajaba en un automóvil con su esposo y su hermano, Mónica Esparza Castro fue torturada y violada por la Policía Municipal de Torreón con la complicidad de Ejército Mexicano. Los siete policías que violaron a Mónica Esparza Castro están impunes, bajo el auspicio del poder judicial.

De acuerdo al testimonio de Mónica Esparza Castro:“Los agentes no mostraron orden de aprehensión alguna, pero se los llevaron a los tres a un galpón detrás de las oficinas de la Dirección de Seguridad Pública de Torreón. Mónica al principio se quedó fuera, en una camioneta policial. Un oficial llegó y, cuando vio a Mónica allí, se puso furioso con la agente que la había llevado, y le dijo: “¡Eres una pendeja! ¿Por qué la tienes detenida ahí?”. Unos minutos después regresó y metió a Mónica en el galpón, amenazándola con cortarla en pedacitos. Según el relato de Mónica, al entrar en el galpón el oficial le dijo, “bienvenida a la fiesta”, y ella vio a su hermano y su esposo sentados, desnudos y ensangrentados”, dice el informe de la organización titulado “Sobrevivir a la muerte, tortura de mujeres por fuerzas armadas y policías en México”. (SinEmbargo)

El testimonio de Mónica Esparza Castro nos recuerda al de las mujeres de San Salvador Atenco, cuando el 3 y 4 de mayo del 2006, fueron detenidas en un operativo por la Policía Federal y los Granaderos “Con las mujeres cometieron bajezas, como bajarles el brassier y manosearles los senos y sus partes íntimas. No pararon de golpearnos hasta subirnos a los camiones […] En los camiones empezaron las amenazas de muerte. Nos percatamos de que los granaderos estaban drogados. Con las compañeras empezaron las agresiones y el abuso sexual. […]

 

Foto: AmnistiaOnline
Foto: AmnistiaOnline

 

La situación que vivió Mónica Esparza Castro y 32 mujeres que actualmente se encuentran encarceladas en 11 prisiones federales en México, nos recuerdan al video filtrado en redes sociales donde infaustamente vemos como elementos de las fuerzas federales torturan a Elvira Santibáñez Margarito, el crimen fue cometido en Ajuchitán, Guerrero. El nombre de Mónica Esparza Castro se suma al de Elvira Santibáñez Margarito, al de más de 72 mujeres que fueron abusadas, vejadas y torturadas por las fuerzas armadas mexicanas.

Mónica Esparza Castro fue obligada a tragarse el semen de sus torturadores, Mónica Esparza Castro vio como torturaban a su esposo, como le levantaban la piel de la pierna con un cuchillo y le daban latigazos con espuelas de metal que le desprendían la carne. Mónica Esparza Castro vio morir a su esposo en su regazo, producto de la tortura de la policía, mientras eran llevados al Ministerio Público después de 10 horas de desaparición forzada.

El pasado 16 de abril el Secretario de la Defensa Nacional (Sedena), General Salvador Cienfuegos Zepeda, ofreció una “sentida disculpa a toda la sociedad agraviada” por los hechos ocurridos en Ajuchitlán del Progreso, Guerrero, donde Elvira Santibáñez Margarito de 22 años de edad, fue torturada por al menos una militar y una agente de la Policía Federal, en su alocución el Secretario planteo la idea de la excepcionalidad del evento y de que no se repetiría, sin embargo el informe de Amnistía Internacional demuestra todo lo contrario, no es una práctica excepcional sino una política sistemática del Estado mexicano, así lo demuestran los 100 casos documentados del informe “Sobrevivir a la muerte, tortura de mujeres por fuerzas armadas y policías en México”.

72 mujeres sufrieron abusos sexuales durante su arresto o en las horas posteriores y 33 habían sido violadas, un total de 66 dijeron que habían denunciado los abusos ante un juez u otra autoridad, pero sólo en 22 casos se habían abierto investigaciones; lo cierto es que las violaciones, desaparición forzada, la tortura, los tocamientos, manoseos, palizas y descargas eléctricas están en la impunidad ya que no hay un solo cargo por estos delitos que la Procuraduría General de la República esté investigando, las fuerzas armadas actúan en total impunidad.

Las disculpas del Secretario, General Salvador Cienfuegos, como las explicaciones de la procuradora Arely Gómez de que la administración peñista creará una unidad especializada para la tortura en la PGR no sirven. La guerra que hace una década el Ejecutivo Federal emprendió contra el narcotráfico y la delincuencia organizada encubre un entramado sistema de represión y tortura por parte del Estado, bajo la sospecha de que los y las ciudadanas participan en el crimen organizado, las fuerzas armadas torturan, violan y ejecutan a los ciudadanos.

De acuerdo a Erika Guevara-Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional: “Los casos de estas mujeres dibujan un cuadro absolutamente escandaloso que refleja el nivel de tortura que sufren las mujeres en México, incluso para lo que se acostumbra en la región. La violencia sexual usada como tortura parece haberse convertido en parte habitual de los interrogatorios”.

Torturar, violar, asesinar… esa es la práctica sistemática de las fuerzas armadas mexicanas, se trata como hemos visto de sus protocolos de actuación. ¿Pero a quién torturan, violan y asesinan, los miembros de la Marina, el Ejército, la Policía Federal, Estatal y Municipal? A los más pobres, a los marginados, a mujeres y hombres que provienen de entornos vulnerables, son ellos los chivos expiatorios de la guerra letal del régimen político. El Estado mexicano está eliminando a cientos de mujeres y hombres, que parece ser son sacrificables.

La soga recubre el cuello de cientos de miles de ciudadanos, entre ellos las más vulnerables de los vulnerables son las mujeres, está política de eliminación del Otro, refleja el machismo y la xenofobia de la clase política, ¿quiénes son las 100 mujeres arrestadas, torturadas y violadas impunemente? ¿de donde provienen los cientos de miles de muertos de la guerra contra el narcotráfico? ¿cuál es el origen social y económico de los muertos que llenan las fosas clandestinas que día a día se descubren por todo el país?.

Alarma de incendio el Estado mexicano elimina a los más pobres de los pobres porque son considerados objetivos fáciles. ¿Qué es lo que soy? un número de expediente, una cifra en la numeraria de muerte, una raya en el fantasmagórico informe anual de la eficiencia neoliberal del combate letal, he dejado de ser un voto para tragar el semen de mis violadores… Pero soy el clamor de una madre, de un hermano, de una hija… soy el alarido, la conciencia de un presente putrefacto. Soy el abrupto de los discursos. Soy la coartada imperfecta.

Related posts