El Claustro de Sor Juana: de gatos y los restos de una monja

Por Marcia Chi Barrales

 

Gatos aquí, gatos allá. Se saben amos y señores del suelo y de las fuentes, casi sin restricciones a los salones y siempre bienvenidos a visitar los restos de la “Décima Musa” al vestíbulo del Soto Coro.

 

Sí, ahí donde está el nicho en el que se puede leer “triunfante quiero ver al que me mata/y mato a quien me quiere ver triunfante…”

 

Los restos fueron colocados ahí luego de que la institución educativa, regida por Carmen Beatriz López Portillo Romano, hija del expresidente López Portillo, realizara, el 17 de abril de 2015, una procesión con los restos de Sor Juana para conmemorar su 320 aniversario luctuoso.

 

Fundado como el Convento de Nuestra Señora de la Expectación, estas paredes fueron el templo católico que perteneció a la Orden de San Jerónimo de la Ciudad de México en la Nueva España. Es aquí donde vivió poco más de 26 años la poetisa novohispana Sor Juana Inés de la Cruz.

 

La construcción, que hoy alberga a la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ), data de finales del siglo XVI. Ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, a una cuadra de la estación de Metro Isabel la Católica, delimita su perímetro por las calles José María Izazaga, 5 de febrero, San Jerónimo e Isabel la Católica.

 

De estilo barroco, cuenta con una torre y campanario, una cúpula y dos coros, varias ruinas de celdas y restos de fuentes, así como seis patios. En 1971 fue expropiado por el gobierno de Luis Echeverría Álvarez. De 1975 a 1979, con José López Portillo y Pacheco, comenzaron las restauraciones. Fue declarado patrimonio nacional por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (NAH) y más tarde patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

 

La polémica salpica cada tanto al Claustro –como le llaman quienes se encuentran familiarizados con el espacio– por los apellidos vinculados de expresidentes, artistas, intelectuales, personajes de la diplomacia, la escritura y hasta el mundo empresarial.

 

“Que si es negocio familiar, que si la rectora tienes cuadros en su casa y reliquias valiosas. Se dicen muchas cosas, la verdad es que siempre anda por aquí, hasta da clases. Ahora al que también se le ve es a su hijo.”, comenta un empleado de la institución, quien prefiere mantenerse en el anonimato.

 

Margarita López Portillo y Pacheco, hermana del expresidente, inició con la creación de una asociación civil. Más tarde fueron su sobrina, la madre y el esposo (en aquel momento) de la primera, quienes aparecieron en el panorama. Las y los que aquí estuvieron aquellos días, afirman una rencilla familiar. Recuerdan y coinciden en un ambiente de profunda tensión.

 

La versión oficial afirma que en 1991, Margarita López Portillo invitó a Carmen Beatriz a hacerse cargo de la dirección general. Fue a mediados de los 90, durante la gestión de Rafael Tovar y de Teresa (exesposo de Carmen Beatriz López-Portillo), al frente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), cuando se publicó un decreto firmado por el presidente que destinaba el inmueble al servicio de la Secretaría de Educación Pública.

 

Mariana estudia psicología aquí, y afirma que “no hay semana en la que no haya actividades. Desde pequeñas pláticas y conservatorios, hasta eventos ya muy bien organizados como los simposios que arma cada colegio o los que se organizan con organizaciones nacionales e internacionales.”

 

“Sí, hasta los de la ONU han venido para acá. Eso sin contar las bodas y graduaciones. (Risas)”, dice su acompañante.

 

Las diversas fuentes consultadas coinciden en que, tras la salida de la ex vicerrectora Sandra Lorenzano, nacida en Argentina, la dinámica ha cambiado notablemente. De acuerdo con los estudiantes, muchos movimientos se han dado dentro del cuerpo docente y administrativo, además de tener una leve variación en el tipo de eventos e invitados.

 

La defensa de la familia López Portillo descansa sobre el hecho de que el inmueble no les pertenece, puesto que forma parte del patrimonio de la nación. Durante el gobierno de Felipe Calderón, la Universidad vio de cerca la posibilidad de ser reubicada, pues se pretendía confinar la edificación.

 

Así lo reveló un trabajo de la revista Proceso, entre sospechas de actos meramente lucrativos. López Portillo Romano decidió aclarar rumores y negó categóricamente que tanto ella como su familia vieran a la institución como un negocio. Sumado a esto, reveló donaciones a la Universidad de muebles, libros y hasta el acervo del Museo de la Indumentaria, que perteneció a su madre.

 

“Aquí lo más diverso somos los alumnos y los eventos. Hasta una vez hubo un súper desfile de modas que era secreto, pues todos nos enteramos ese mismo día en la mañana que empezaron a armar la pasarela y todos los adornos gigantes.”, dice Alejandro, estudiante de comunicación. Se refiere al desfile de Carolina Herrera para presentar su colección primavera-verano 2015.

 

Desde la década de los ochenta, el Claustro monta el monumental altar de muertos. Este año fue dedicado a Pedro Infante, Amalia Hernández, Juan Gabriel y las víctimas de los sismos del 7 y 19 de septiembre.

 

En forma de un set de la época de oro del cine mexicano, el altar muestra a Pedro Infante, caracterizado como Pepe “El Toro”, y Sor Juana como ella misma en el Smyrna Dancing Club. Juan Gabriel con los brazos extendidos, canta, y Amalia Hernández baila, mientras elmariachi toca y varios bailan.

 

Muchos años han pasado, casi como personas y el Claustro sigue en pie, quedan recuerdos del suelo y las paredes que sostuvieron la vida de la Sor. Las personalidades del ámbito público continúan asistiendo a esta especie de isla secreta de las humanidades en medio del caos.

 

Más que a los restos, parece que quienes venimos, visitamos a los amos y señores del lugar: los más de 15 gatos que aguardan silenciosos y despreocupados.

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