AVISO DE INCENDIO… EL FUTURO QUE SE DESVANECE

Articular históricamente lo pasado

no significa conocerlo «tal y como verdaderamente ha sido».

Significa adueñarse de un recuerdo

tal y como relumbra en el instante de un peligro.

Al materialismo histórico le incumbe fijar

una imagen del pasado tal y como se le presenta de improviso

 al sujeto histórico en el instante del peligro

Walter Benjamin

Por: Armando Leal

@armandoleal71

Las primeras décadas del siglo pasado están marcadas por una fascinación expectante pero también por el temor. Los historiadores han observado que en los períodos finiseculares la humanidad entra en una especie de interregno psicológico, no hay certeza sobre el porvenir, mucho menos sobre el presente.

Philipp Blom en su texto: “Años de vértigo. Cultura y cambio en Occidente, 1900-1914” desarrolla como hipótesis de análisis de esos tres lustros de la centuria pasada que en ellos está concentrada la experiencia humana que marca el siglo XX, años de vértigo señala Blom, de cambios donde Occidente estaba alerta, atento a lo que vendría y a lo que se experimentaba; pero los cambios traen consigo el miedo, uno que crece como mancha voraz y se traga la esperanza.

Esos primeros lustros de la centuria pasada están marcados por la revolución. La llegada al poder de los Bolcheviques hizo posible que el sueño de un mundo igualitario, aquel que emerge de la Revolución francesa, dejará de estar en el campo de la utopía y cercara la realidad.

Ese asedio a una realidad inundada de desigualdades y opresión puso en jaque el status quo, la respuesta del antiguo régimen fueron los fascismos; los camisas negras de Mussolini fueron financiados por la derecha, terratenientes que temían por la creciente ola comunista en el mundo y que planteaban un proyecto de futuro alternativo.

Esos años de vértigo también están marcados por el triunfo de la revolución alemana (1918-1919) que da origen a la República de Weimar, cimentada en la traición y asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht por parte de la socialdemocracia (SDP) alevosía que como bien signó la Roja Luxemburgo implicaría el triunfo la barbarie: ¡Socialismo o barbarie!

Totalitarismo que llega al poder en las elecciones de marzo de 1933, donde el partido nazi obtiene el 43.91 % de los votos. Los fascismos emergen en el espacio público de la democracia occidental como un proyecto ideológico, político y cultural, pretenden construir una nueva sociedad. Si bien, pueden entenderse como la respuesta del antiguo orden frente a la oleada comunista en Occidente; también son, un proyecto alternativo de futuro.

Cada final e inicio de siglo, las colectividades suelen virar reactivamente hacia atrás, se retraen en búsqueda de certezas, aunado a ello las crisis económicas, políticas y sociales acentúan la virada. Enzo Traverso sostiene en “La historia como campo de batalla. Interpretar las violencias del siglo XX”, que los fascismos fueron una revolución ya que proponen un proyecto alternativo de orden que se sostiene en: “una ideología que reformula el nacionalismo, rechazando el marxismo, que se oponía, a su vez, tanto al conservadurismo como al liberalismo y busca una vía alternativa, pretendiendo crear un nuevo hombre…”

Eric Hobsbawm en “Historia del siglo XX” sostiene que el fin de siècle se da en 1989 con la caída del muro de Berlín. Entre esas tres décadas finiseculares se cruzan con la caída del neoliberalismo como “la fase superior del capitalismo” su colapso está marcado por la expectación y el temor. 

Con la caída del muro de Berlín, aparentemente también se derrumbaba el proyecto utópico comunista y socialista, los antiguos “radicales” se aprestaron a desechar a Karl Marx de sus marcos teóricos, de sus libreros fueron expulsados aquellas antiguas obras jamás leídas y siempre mal citadas, también se atomizaron las alternativas político-ideológicas que planteaban otro mundo posible.

El tiempo finisecular apresó a la humanidad en una crisis de proyectos alternativos. La vanguardia de esa caída puede encontrarse en la lectura reaccionaria, disfrazada de crítica a la modernidad que desde la Escuela de Frankfurt se ha ido tejiendo en el pensamiento. El espíritu nihilista de las escuelas francesas estructuralistas contrajo nupcias con la falsa ideología neoliberal; ese individuo aparentemente desposeído de todo sentido de trascendencia hoy es el principal consumidor del saber cómo información.

Hoy un enorme fantasma recorre el mundo occidental, aparentemente hay un resurgimiento de las antiguas respuestas totalitarias conservadoras. Las derechas emprenden una batalla descarnada por el rumbo de la humanidad; sin embargo, no logran concretar un proyecto alternativo de futuro.

La derecha actual a diferencia de los antiguos totalitarismos: el fascismo italiano, el nacionalsocialismo alemán y el falangismo español no alcanzan a dibujar ese antiguo proyecto sostenido en el pasado. Hoy, simplemente reaccionan frente a las diversas transformaciones que se dan en el espacio público y privado, desean a toda costa mantener el antiguo orden, aunque este haya colapsado.

En ese sendero histórico, la izquierda se reconstruye sinuosamente en algunos espacios locales, trata de reconstruir el antiguo Estado-Nación; en otros, más radicales, pretende la restauración del viejo ideal de la desaparición del Estado, diversas son las manifestaciones locales, desde Occupy Wall Street hasta los llamados Bloque Negro latinoamericanos.

El radicalismo, tumbo izquierdista, antigua enfermedad infantilista, que supuestamente destroza todo aquello con lo que se cruza, en ocasiones se toca con la reacción. Y mientras decenas de mujeres pobres siguen siendo asesinadas el radicalismo feminista clasemediero destroza edificios.

La derecha mexicana da tumbos por la restauración del antiguo orden, su batalla parece una cruzada, saca del baúl a su antiguo estandarte: Cristo Rey, reivindica su racismo y su sacro derecho de ser una casta privilegiada. No tiene un proyecto de Nación; porqué la conservación del derecho a la corrupción no lo es.

En su orfandad ideológica recurre al más imbécil e inmoral falangista que rebuzna, en su ausencia de un proyecto alterno, un antiguo peruano, vuelto español, es consagrado como la pitonisa que anuncia la desgracia y pretender ser la falange que señala al buen ciudadano.

La izquierda mexicana, también está desprovista de un proyecto de Nación, más allá de lo planteado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, da tumbos en diversas y contrarias direcciones; es cierto, esto no es novedad en su larga historia: allá estaban los comunistas, acá los maoístas, allá los leninistas, y más allá los trotskistas, los gradualistas, los enteramente revolucionarios; y, al interior de los gradualistas había diferencias, los mismo que entre los revolucionarios… hasta los enfermos.

Los primeros lustros del siglo XXI, no dan señales de hacia dónde va a virar la humanidad. Hace cien años México se confrontaba entre derrocar al dictador, dar pauta a la Revolución y construir una Constitución. Los antiguos cristeros salen a la palestra como los legítimos hijos del dios blanco… allá los morenos y su Guadalupe. Nuestra herencia villista, zapatista y floresmagonista aparentemente se diluye en el aire y en el martillazo que una mujer policía recibe en la cabeza ¡Vaya orgía!

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