Arde el impero con fuego senil: lanza amenazas, miedo y derrumbe

Por Roque Juan Carrasco Aquino

“Las palabras que emergen de una hegemonía débil, es muestra de inconsistencia racional para persuadir sobre hechos y realidades. Lo que hoy percibimos como un atropello e imposición de ideas injerencistas especulativas son espectros de un poder perdido y en decadencia sobre un espacio del universo que ya no puede imponer órdenes ni jugar al policía del mundo deshumanizado”

Desde que tomó posesión, Donald Trump, el sicario del capital imperial, tres segmentos de la sociedad diferenciadas se manifiestan caóticas en la incertidumbre. 

     Primero, los grandes ricos que controlan el 20% de la economía mundial, hoy, satisfechos por la continuidad de las guerras; la explotación de la clase obrera, el incremento de la acumulación del capital, el dominio ideológico de reproducción para defender el sistema capitalista, la supremacía blanca, aumenta el racismo contra los grupos minoritarios: homosexuales, comunistas, antisistémicos, antifascistas, etc.

     Segundo, los dependientes de la economía de los Estados Unidos, donde las relaciones de poder, de hegemonía, de acaparamiento de recursos y dominio de la naturaleza en países del sur global, aunado a las clases socioeconómicas locales oportunistas, entreguistas y traidores, emergen con relativa fuerza para doblegarse a los designios del imperio yanqui y.

     Tercero, los pueblos sometidos por sus gobiernos rentistas y la oligarquía regional que se reactiva en estos tiempos por el desencanto de la izquierda dirigiéndose cada vez hacia el centro y los coqueteos con la derecha antinacionalista en América Latina.

     Al tiempo, se observa que entre esta triada de clase usurpadora de los derechos humanos y del patrimonio comunitario ancestral, emerge, sin duda, la organización internacional de pueblos hastiados de la sobreexplotación, el abandono de políticas sociales que beneficien directamente a la clase obrera en lo fundamental, y de la exclusión, negándoles un desarrollo de clase opuesto a la concentración y acumulación capitalista.

     Esto está cada vez en manos de los poderosos del dinero en territorio gringo, hoy, bajo el amparo de Trump y su banda de verdugos, aplicando leyes y acciones antidemocráticas y apropiándose de los patrimonios de las naciones indefensas.

     Para ello considero que esto es el resultado de la ignorancia y el extremismo de la irracionalidad para culpar de los desastres económicos, ambientales, inseguridad incontrolable y las invasiones constantes en regiones ricas en materias primas, a los flujos migratorios; es la incapacidad de algunos analistas de oficio al mejor postor. 

     He ahí entonces que la depredación de la naturaleza está a un paso de la destrucción de los últimos resquicios de su reproducción. Es imposible en estos días modificar los efectos perversos de la demanda de elementos escasos para la acumulación de capital. 

     Subsumiendo energéticos, “tierras raras”, elementos necesarios para incrementar ganancias extraordinarias en la mercantilización de equipos informáticos y de celulares. Todo en una opción banal opuestas a las necesidades del hambre, sin abastecer de agua potable, alimentos, salud y vivienda a las grandes mayorías del planeta.

     Por supuesto, desde hace varias décadas se han denunciando los efectos negativos del actual modelo energíboro de materia, energía y recursos humanos sin que exista otra alternativa más que de acaparar y especular con la naturaleza. 

     Pese a los foros medioambientales, COP numérica, conferencias ambientalistas, reuniones de supuestos expertos del cambio climático y todos los sofismas del capital y de las transnacionales para engullir a ingenuos, despistados y sumisos del capital a reunirse periódicamente paras ignorar los verdaderos desastres naturales provocados por el exceso del derroche, depredación, pillaje y despilfarro del patrimonio de la humanidad.

     Esos efectos ignorados y culpando a la sociedad consumidora por necesidad, ahora somos responsables de los impactos ecológicos; eximiendo a los verdaderos culpables de la catástrofe absurda para apuntalar la crisis del capitalismo devastador. 

     El cambio climático, el calentamiento global, el proceso de desertificación arrasando áreas de selvas y bosques, destruyendo la flora y fauna como consecuencia de la explotación severa para la rentabilidad del capital, son signos de la decadencia civilizatoria y el actual modelo de desarrollo del capitalismo. 

     Sin duda, ese es el modelo, la ideología, la depredación y la hegemonía del gobierno triunfalista del Donal Trump y su orden en el desorden mundial especulativo.

     En este relato de la historia deshumanizada, descontenta y en reconstrucción, sólo debemos organizarnos y, de ser posible, rechazar toda ideología dominante y entreguista que desvirtúa la esencia de la realidad en sus formas constantes de transformación. Porque nada existe para permanecer perpetuamente, sino que esto dependerá de las reivindicaciones políticas, sociales, ideológicas, culturales y de compromisos sociales para llevar a cabo una verdadera revolución más allá de las conciencias pasivas. 

     Estamos a punto de movilizaciones radicales, demostrando la voz de todos los países uníos.

     La realidad es una transición constante hacia la libre determinación de sus formas de producir, consumir, distribuir y circular todo lo producido en sociedad. 

     Ahora son tiempos de reconstruir y de reestructurar legados de nuestros héroes con la unidad de los pueblos y la solidaridad entre hermanos de clase.

     La unión de todos los pueblos del mundo será la premisa para sacudirse de las garras del imperio norteamericano subsumiendo sociedades enteras para apropiarse por el hurto sus recursos naturales y humanos. Son épocas difíciles, inciertas y de promesas para quienes verdaderamente proponen saberes que ayuden a construir otra realidad posible en el contexto de la unidad en la diversidad del pensamiento revolucionario.

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