“¡Aquí nadie se rinde!”

Por Isabel Téllez Aguilar

Foto: Eréndira Negrete

“¡Hey aquí nadie se rinde!” Este era el mensaje que, en letras de colores, se encontraba junto a un pequeño corazón rojo y una fotografía de los tres. “Papá, te queremos mucho”… “¡No te rindas!” En cursivas, “Tío mejórate, te queremos”.

Los años cada vez se notan más. A través de esos lentes de paste negra se encuentra una mirada cansada. Su bigote lo delata, gris, casi blanco. Siempre usaba camisas, le gustaba combinarlas con pantalones de mezclilla y zapatos bien boleados. Y esta vez no es la excepción. Su camisa es clara, verde agua. Está sonriendo.

La lucha nunca fue fácil. Esos días eran los últimos que asistiría al trabajo. Esa tarde, una de sus hijas decidió retratarlo. No quería olvidar como era su padre. Quería recordarlo sano y feliz. Él accedió a que le tomaran una foto.

En el 2010 le detectaron cáncer. Las quimioterapias empezaron y él decidió raparse. Sus hermanos y sobrinos hicieron lo mismo. No querían que se sintiera solo. Se ve hinchado. Las radiaciones le provocaron eso, también mucho cansancio y mareos.

De un día para otro dejó un vicio que llevaba con él años: el cigarro. No debe ser fácil después de toda una vida encendiendo un tabaco cada mañana, tarde y noche.

Cada tarde se sentaba frente a su computadora a escribir. Poemas que escribió desde joven, pensamientos y un pequeño seguimiento de lo que le pasaba. No quería olvidar quién fue ni quién era.

Su vida transcurría normal. Por la mañana se levantaba para ir a trabajar a una clínica psiquiátrica, donde se encargaba de que cada paciente tomara sus medicinas a la hora indicada. Los cuidaba. De alguna forma eran parte de su familia. Después de su partida, todos ellos preguntaban por él.

Alrededor de las seis de la tarde llegaba a su casa donde lo esperaba su esposa y sus hijas. Veía la televisión o hablaba por teléfono con su padre o hermanos. Se acercaba más la noche y era el momento en el que se reunía toda la familia. Platicaban, peleaban, cenaban, disfrutaban estar ahí.

Tras algunos años, todo eso se convirtió en un constante ir y venir del hospital. Se estaba quedando sin opciones y decidió volver al principio. A no rendirse.

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