Alemanes Pastores

Por Carlos Alonso Chimal Ortiz

Foto: Eréndira Negrete

¡Tropaaaaa! ¡Atención!

–La voz de mando gritó.

Sentí un jalón en mi cuello. Levanté las orejas para escuchar solo palabras que no entendí. Mi acompañante corrió y yo lo seguí. Se escuchaban estruendos por todos lados. Me lastimaban mi oído. Apenas escuchaba las órdenes…

–¡Komm schon!

–¡Lasst uns töten die bastarde!

Corrí y corrí. Mi compañero había caído por una bala en la cabeza. Pasé con él sus últimos momentos y él conmigo. Nos queríamos mucho. Lo miré y su rostro esbozaba una sonrisa. Siempre me había contado de su familia. Había terminado asesinada a manos del otro bando. Siempre me dijo que él estaría feliz de volverse a encontrar con ellos en el otro mundo. Para eso necesitaba cruzar un río y siempre me dijo que yo lo iba a ayudar a cruzarlo ¡BOOOOM!…

Desperté tirado en una zanja. Me dolía todo. Me levante y sangraba mucho. Pensé mucho en Andreas y todo lo que me contaba de su familia. Miré su cuerpo deshecho y le di besos en su rostro, que era lo que más tenía intacto…

“Non je ne regrette rien”, sonaba en una bocina. Creo que la guerra había terminado. Me fui cojeando. Tenía mucha sed, las lágrimas caían por mis ojos. Encontré un charco de agua y la bebí. El sabor a sangre es horrible. Se acercó a mí un hombre con una herida en el hombro…

–¡Es un enemigo!—grité.

Pero él sólo me vio, me sonrió y me dijo:

–Wie werden Sie Kumpe

Yo lo vi con ojos de miedo, pero él me dijo:

–Haben Sie keine Ang.

Caminé dudoso hacia él y lastimado. Pensé que no todos los hombres son malos y me acerque a él con miedo. Sacó una cantimplora y me dio agua. Era como volver a nacer…

–Sie haben viel gelitten, werden Sie darauf achten, ich liebe Hunde.

Yo no entendía nada de lo que me decía. Escuche un zumbido que me perforo la oreja. Corrí y, cuando giré la vista atrás, esa bala de mi oreja le perforó la cabeza…

No paré de correr hasta que encontré un campamento desierto y estuve husmeando por ahí. Sólo había sangre y todo olía a pólvora y sangre. No sabía qué hacer, estaba desesperado. Escuché una voz.

–¡Hey Mann! ¡Komm!

Era un joven como de 15 años. Lo vi con cierto miedo pero me acerque a él y me dijo:

–Schön, dass du am Leben bist, willst du mein Freund sein? Ich kümmere mich, aber ich bekam eine Kugel in den Bauch und bald moriré.

Yo no entendía nada pero vi que sangraba mucho del estómago, respiraba con dificultad. Se escuchó un fuerte estruendo y sólo vi una luz muy blanca. Ya no me dolía mi patita y a lo lejos vi a Andreas que me llamaba.

–Komm Junge.

Corrí hacia él y también vi a mi mamá, a mi papá y a mis hermanos. Creo que estaba muerto. Llegue al cielo y solamente les moví mi rabo y sonreí, porque aunque no lo crean, también los perros sonreímos…

*Este cuento está dedicado a los perritos que son enviados a la guerra.

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