Por Giovan Lozano Vázquez
Si hay alguien que me haya influenciado más en mis gustos musicales fue mi tío Abraham. Siempre ponía discos de rock en al auto o en la casa. Crecí escuchando clásicos del rock de los 90 y principios del 2000.
Una de las bandas que más me gustaron fue la liderada por el exbaterista de Nirvana, Foo Fighters. Los años pasaban y pasaban y no había señal alguna de que pudieran venir a México. Ni si quiera una gira a Sudamérica, donde México termina colado en las fechas de casi cualquiera que pise esas tierras.
2012 fue el año en que decidieron presentarse en Argentina, Brasil y Chile, prendiendo una pequeña flama de ilusión para los fans mexicanos. El escenario sería el Corona Capital de ese mismo año. Fernando Favela, director del Auditorio Telmex, fue el encargado de difundir la noticia que se hizo viral en varios medios. Al parecer no cayó en gracia para la banda quienes decidieron cancelar las negociaciones.
Soy fan de los liderados por Dave Grohl porque son una auténtica banda de rock que se dedica a tocar hasta donde la estamina les perdure. Sus conciertos suelen durar 3 horas con un setlist de arriba de las 20 canciones. Y Grohl derrocha una gran energía cuando sube al escenario, que compensa el hecho que no sabe cantar bien.
2012 llegaba a su fin y parecía más probable que el mundo se acabara a que vinieran los Foo Fighters a México.
Durante 2013 no hubo noticias de ellos. Su gira mundial estaba por terminar. Y entonces soltaron la bomba a través de un video en su canal de YouTube con Grohl anunciado la llegada de los Foo.
“Oye, México, ¿están listos? Porque los Foo Fighters vienen pronto por primera vez. Y simplemente no puedo esperar”.
Mientras, en su página web se podía ver el flyer con el 13 de diciembre de 2013 marcado como la fecha tan esperada y a The National como invitados especiales. La preventa de un conocido banco mexicano arrasó con todo el boletaje disponible y yo para mi infortunio no contaba ni conocía de alguien que me pudiese prestar su tarjeta.
Era mi destino que estuviese en esa histórica fecha pues se anunció una segunda para el 11 de diciembre con venta general directa, sin preventa.
El día del concierto lo inicié temprano. Me levante a ducharme rápido, un licuado, agarré mi celular, mis llaves y salí rumbo al Foro Sol pasadas las 7 de la mañana. De verdad quería estar hasta adelante. Arribé al lugar cerca de las 8:30, donde unas 30 personas habían llegado con las mismas intenciones que yo.
La espera siempre es larga. La percepción del tiempo parece ser más lenta. Aunque nunca deje de ser constante e inevitablemente terminas platicando con la persona de junto y cuando te das cuenta son de cinco a siete personas dentro de la conversación. El tema fueron ellos y Nirvana, porque aparentemente no puedes hablar de Dave Grohl sin mencionar a la banda que lo hizo famoso o a Kurt Cobain.
El calor no era tan pesado por ser invierno, pero no por ello dejaba uno de querer agua. Aun así me aguanté. Más que nada para no tener que salir y perder mi lugar, pues iba sólo.
Dieron las seis y las puertas fueron abiertas, cada vez faltaba menos. Mi emoción fue tanta que mi boleto, mi souvenir, se quedó en manos del staff que daba fe de la legalidad de mi boleto. Todavía me arrepiento de no tenerlo.
La banda mexicana Apolo y The National se encargaron de amenizar la espera a 15 mil personas, según cifras extraoficiales, de ese 11 de diciembre. A los que compraron en gradas los bajaron a las dos zonas generales.
A las 21:30 en punto las luces se apagaron y escuchamos todos los instrumentos por los altoparlantes a todo lo que daban. Uno a uno se dejaron ver en el escenario. Y Dave salió hasta el final. Durante dos minutos se la pasó corriendo por el escenario y la rampa que atravesaba General A y que daba a un mini templete justo donde inicia General B.
Grohl no dejaba de tocar el mismo acorde a un ritmo veloz hasta que llegó a su micrófono, donde Taylor Hawkins, el baterista, marcó con sus baquetas el tempo para abrir el concierto con Bridge Burning. Una canción con el punch perfecto para iniciar un concierto y prender al público impaciente de ellos. Rope, The Pretender y My Hero le siguieron sin hacer una pausa.
“Hola, mi nombre es Dave y estos son mis amigos de los Foo Fighters. Siento mucho que haya tomado 18 años en venir aquí. Pero esta noche vamos a tocar toda la noche para ustedes. No una hora, no. No dos horas. Quizá dos horas y media. ¿Quieren tres horas? Vamos a tocar todas las canciones que podamos hasta que nos obliguen a irnos”.
Sonó Learn to Fly y en las dos pantallas al costado del escenario se podía ver de fondo el setlist que tenían programada. No pude ver las canciones ni cuántas eran, pero sí estoy seguro de haber visto una muy larga lista. Sentía que iba a ser memorable. Y lo fue.
Nunca han llevado tecnología de primer nivel que haga juego con lo que tocan. Lo primordial para ellos es tocar lo más que puedan para sus fans. Este concierto, que no era parte de ninguna gira, no fue diferente.
Pero tenía que presentar a la banda. El primero fue Nate, el bajista. Comenzamos a gritar: “¡Solo! ¡Solo!”. A Nate no se le ocurrió nada qué improvisar y se disculpó. Algunos abucheos se escucharon. Chris y Pat entendieron que sería igual y no defraudaron.
Lo más gracioso fue que Dave presentó al tecladista Rami como el que toca el triángulo, sólo para ver cómo también se le pedía un solo, que gustoso realizó. Y Dave sólo se reía, pero no se salvó. Ante nuestra presión por un solo, Dave quiso cantar ópera, falló rotundamente y cedío su lugar a Taylor para tocar la batería mientras él cantaba Cold Day in the Sun.
Los momentos que nos regalaron a lo largo de más de tres horas son inolvidables. Cada concierto de los Foo Fighters tiene algo especial. Best of You fue la #26 en su setlist. Las lágrimas en Dave fueron evidentes cuando no dejábamos de corear la canción que le escribió a su hermana. Como si 18 años de espera hubiesen valido la pena. El cerrojazo final no podía ser otra más que Everlong. Esa canción que se metió de último momento al disco de 1997, The Colour and the Shape, y que se volvió un himno.
“Prometemos regresar más pronto de lo que creen”, dijo Dave como despedida. Desde el momento en que dejaron el escenario comenzó la espera para que regresaran a dar un auténtico concierto de rock. Cuatro años pasarán para volverlos a ver, esta vez en el Corona Capital 2017. Confío compartir este momento con Abraham, que seguro valdrá la pena.