Por Víctor Manuel Del Real Muñoz
Uno de los mercados más vigorosos donde se pueden comprobar cambios de concepto o nombre concretos, con un fin casi siempre perverso de generar mercado, es el deportivo, y particularmente el del ejercicio individual, llamado así antes y hoy reconocido como «lo fitness».
Se pasó de una época donde lo común era decir voy a «hacer mis ejercicios» o «mis aeróbicos», incluso «mis estiramientos» o voy a «trotar/correr», o a «hacer cardio», a una época moderna donde se asiste a ir a «hacer entrenamiento funcional», «tabata», «hiits», «stretching», «running» o «zumba».
Sin embargo, es de llamar la atención que la naturaleza de las diversas activaciones físicas mencionadas en el párrafo, tanto las viejitas como las modernas, es prácticamente la misma, y el cuerpo humano es totalmente el mismo (risas aparte).
Quizás, el mercado ha fabricado implementos y ropas y complementos materiales que en apariencia le hacen ver diferente, pero los fundamentos motrices y de activación son exactamente iguales.
Es preciso acotar que en este espacio no se está en contra de la activación física ni del deporte individual, todo lo contrario, en este espacio también se ha analizado de futbol y de deporte individual como un mecanismo libertario de bienestar integral, y se exhorta continuamente a la activación como un mecanismo de salud y de felicidad suprema y permanente.
Sin embargo, el objetivo de este trabajo es hacer una acotación en tono provocador de cómo las mismas rutinas que a lo largo del tiempo han acompañado al ser humano, con tal de repetir los ciclos de venta y de mercado de estas mismas rutinas, el mercado mismo se inventa nuevas palabras o eufemismos, conceptos o categorías para encauzar exactamente lo mismo.
Le invito a ustedes amigos lectores a que corroboren en distintos rubros de su vida o de la cultura, la ciencia, la salud o de la política o de otros deportes y de un sinfín de inercias humanas más, cómo es que estas inercias se mantienen en el tiempo pero modifican sus nombres, ya sea para volverlo mentalmente más complejo, algo que le satisface demasiado al ego humano, o bien, y casi siempre, la mayoría de las ocasiones para volverlo más apetecible en el momento para la venta dentro del mercado.
Esta misma lógica de transformación de eufemismos, conceptos o categorías acontece en las tendencias, y aspectos de la cultura y el arte en general.
Dicen quienes saben, tanto de la intelectualidad como de la academia y hasta de los gurús de ventas, que vivimos una era del capitalismo que es tecnológica pero también informativa, y dentro de esa era informativa, se asumen las ventas para la mente directamente.
Está claro que hoy se vende mucho contenido mental. ¿Qué tan contraproducente puede ser eso?